miércoles, 12 de marzo de 2025

Amistades en el verano de 1936

 

Los primeros días por salir un poco del Cuartel me monté en el camión de suministros para ir de un lado a otro de la ciudad. Y bien por el miedo o bien porque lo sentían, en todos los sitios nos obsequiaban con meriendas, cigarros, vino. Íbamos al mando de un antiguo Cabo de Ferrocarriles, falangista, hombre de cuidado y de una autoridad y mando que había que obedecer sin replicar.




 

También jugamos muchos partidos de fútbol en el patio. En aquellas circunstancias hice buena amistad con unos buenos amigos, Vicente Frontevias, Pablo Chause, Jenaro Sain (jugador del Osasuna), el barítono Plácido Domingo y otros que ya no recuerdo.

 

Gerardo Sancho Ramo, (1911-2006) Fotógrafo navarretino. Cuaderno de Memorias




martes, 4 de marzo de 2025

¡Libertad, libertad!

 

Escribo la crónica a última hora del jueves 23 de enero de 2025. Aquí en la Vall de Uxó ha hecho un sol radiante, como aquel 18 de enero de 1985 en Calamocha a pesar de la nieve del día anterior cuando subieron el cajón de mi abuela Rosa La Torrijana a la furgoneta de Electrodomésticos Juan Gómez, mientras el Seat 1.500 matricula de Barcelona sin letra, la funeraria del ayuntamiento, donde iba su prima Nieves la del Tío Gil esperaba en el Rabal en la esquina de Inocencio frente a la casa del Carretero.

 

No me apetecía escribir, lo hago por compromiso y mi querido lector sabrá lo que viene a continuación: dar cuenta de una muerte sucedida, “a causa de la edad”, la peor de todas las enfermedades, en la villa. En este caso la del pariente Juan Gómez, “Juanico”, casado con la Angelines, prima de mi madre y padres de Maria Ángeles y Mari Carmen.

Juan Miguel, Guardian de San Roque, me ha dado la noticia. Angelines llamo a mi madre el domingo y le comento lo que este cronista ya sabía y no le había querido contar a su madre. Tampoco le aviso ahora de la muerte, dejo que la mala noticia le llegue desde el pueblo. En unos días la olvidará y dirá “tengo que llamar a preguntar como marcha Juanico. Y a esta y aquel otro que no me contestan al teléfono” … Mama ¡están todos muertos!

Fue la semana santa del 2023 la última vez que lo vi. Ya entonces valía pocas perras, la enfermedad se había cebado en él, sonreía, charraba, hacíamos planes. Como parte de la familia los recuerdos son casi infinitos, las visitas a casa eran constantes, por una cosa u otra, solo o con la Angelines, y también con la Tía Joaquina, a ver a mi abuela, a vernos, a charrar. Cada vez que pasaban por la puerta entraba uno u otro, o cada vez que venía a arreglar la tele, cada año una tormenta u otra quemaba la antena. Eran emprendedores, los electrodomésticos, una tienda tras otra, siempre a la última, no paraban, y charraba y sonreía, y en la boca la faria. Y mi abuela le sacaba los puros que nos iban dando en las bodas, bautizos y comuniones. (Gracias, una última vez, por aquella tele que nos regalaste para usar de monitor del primer ordenador que tuvimos)



Lo mismo que cundía por casa lo hacía por el pueblo, en el ayuntamiento, en la semana santa con el Santo Cristo, en San Roque. A principios de los ochenta paso a ser conocido como “El Socialista”, cuando serlo era sinónimo de humildad, valentía y decencia entre otras muchas cosas. Un ejemplo a seguir y recuerdo cuando venían por casa y se hablaba de política, sobre todo con mi padre, resultaba todo tan increíble y sorprendente, como maravilloso, y el temor ya entonces del mundo que nos iban a dejar, de que tras el franquismo la transición en la que andaban inmersos y su tanta libertad nos llevase hacia el libertinaje.

Y es que hubo un tiempo en el que no se hablaba de otra cosa que no fuera de libertad y libertinaje en los periódicos, en la radio cuando se oía, y en la televisión de un solo canal, el segundo no llego al pueblo hasta 1982.

Hablaban con pasión de la diferencia entre libertad y libertinaje cuando ya los jóvenes del momento llevados por la prisa y la impaciencia parecían confundir el tocino con la velocidad y la cosa a ellos se les podía ir de las manos y quedar todo pardina. Se sentían responsables de nuestro futuro, a nosotros nos tocaría lidiar con sus consecuencias cuando ellos se joparán, las cuales ya entonces se auguraban nada buenas.

Ahora que ya no están, ahora que estamos solos he consultado el diccionario de la RAE para saber de qué hablaban y de en qué mundo vivimos ya desgraciadamente solos, sin sus consejos: Libertad: Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Libertinaje: De libertino: Desenfreno en las obras o en las palabras. Inmoralidad, vicio, deshonestidad, sensualidad, impudicia, lujuria, indecencia, liviandad.

 DEP

Publicado en El Comarcal del Jiloca Febrero de 2025

jueves, 6 de febrero de 2025

Se busca

 

Entre unas cosas y otras, tras el toque de diana, salimos a la hora del rancho de un veraniego y vacío Castellón del cual disfruto cuando voy a recoger al Pater, como conocen aquí a Mosén Alejandro. Acuartelado en la calle Marques de la Ensenada, primera línea de fuego madalenero, parapetado a la sombra, sale del blocao y a escape sube al carro. Son los primeros 79 años en la vida del mozo.

Nuestro destino el frente de Calamocha. Los momentos que pasamos juntos son de felicidad absoluta. Como cronista pienso en aprovecharlos, quiero que el hijo adoptivo de nuestra villa me cuente cosas que a su vez pueda contar, él lo sabe, no busco secretos de confesión. Pero no tiene prisa, con dios de su parte, empiezo a pensar, yo y todos, que goza de vida eterna. Con el siempre hago la tercera imaginaria y no me deja grabar su verdeja voz, le advierto no puedo acordarme de tantas cosas como cuenta: No te preocupes, lo que se te olvide, preguntas y te lo vuelvo a contar.



Vall de Uxó. ¿Aún existe Segarra? Pregunta al ver el indicador en la carretera.

Si. Tiene una tienda museo, una absoluta maravilla. El día que quieras te llevamos a comprarte las botas militares de hebilla, esas tan chulas con las que hiciste la “guerra” en el norte de África y recordar así tus días de ardor guerrero evangélico, cuando eras el terror de los “regulares” en la calle y repartias hostias a mansalva en el cuartel en aquellas misas de campaña. (1)

Las botas aun las tengo. Siempre estaba deseando que nevara para ponérmelas. En cambio, la camisa un día haciendo misa me la robaron. Entraron a casa, como no tenía nada, ni cerraba la puerta, y les apeteció, no se llevaron nada más.

¡Alabado sea el Misterio! Robar a un siervo de dios, a un Caballero Legionario, echemos mano de su credo: ¡A mí La Legión! ¡Cuánta maldad hay en el mundo! ¿Pero quien pudo ser capaz de cometer semejante atropello?

Escribiré y pediremos ayuda a través del Comarcal: Que la devuelva, que la entregue a Mosén Paco (discreción total) a cambio del perdón y la vida eterna. Y la próxima vez que vayamos a tomar Calamocha te la pones. Ligas fijo.

Además, era mía, una vez te daban rango, como Capellán Castrense, (pude haber hecho carrera en el ejército), el uniforme de gala lo pagabas y te lo podías llevar. Estupenda recompensa vamos a darle al buen ladrón, ya lo creo.

Si no te robaron las botas ¿entonces aquel día nevaba?

Ya no me acuerdo, no serían de su número, la camisa jopó, buen disfraz para carnaval, no espero recuperarla.

¡La fuerza te acompañe! Capellán, tengamos fe.

Cambiando de tercio mi cronista, vengo pensando que los protagonistas del Seisado de esta tarde son justo los que nacieron nada más irme yo y no bautice a ninguno.

Lo dicho: Quede la orden clara: A Mosén Alejandro antes del toque de silencio, le gustaría recuperarla. Hora es de arrepentirse, quien se la llevó ya la disfruto. Se ruega tenga a bien devolverla a su legítimo dueño. Gracias.

(1) De 1975-1987 fui cura en Monreal del Campo. Interrumpido de febrero de 1977 a mayo de 1978 que fui movilizado por el ejército para prestar servicio religioso en la comandancia de Melilla, Primer Tercio de la Legión Gran Capitán e islas Chafarinas y Alhucemas.

 

 

 

sábado, 25 de enero de 2025

Batalla de Singra 87 años atrás, madrugada del 25 de enero de 1938

 

“Sin excusa ni pretexto, atacaréis y ocuparéis el pueblo de Singra”

 

Teruel es nuestro.

Las imágenes de lo que después pasó son una colección de postales desenfocadas. Recuerdo que hablé con el chico de sanidad, que le había llevado al hospital en una ambulancia y me dijo que llevaba una brecha en la cara y el proyectil le había quedado en el cerebro. Durante la noche dimos vueltas por el cementerio guiados por un funcionario municipal que no podía recordar dónde lo habían enterrado.

Después pasamos por varios pueblos y yo me quedaba en el coche mientras mi padre y su hermano hacían gestiones.

Más tarde, ya de madrugada, estábamos en Fraga y tomamos café en un establecimiento lleno de soldados que se divertían. Lo veía todo pero no me impresionaba nada. No entendía nada. Después me dejaron en la Brigada y mi padre y mi tío se marcharon. Solo en medio de la cama por fin  descanse.

Al cabo de dos días recibí un telegrama de mi padre en el cual me decía que lo enterraban mañana en Barcelona y que fuese hacerles compañía. Se lo enseñé a Quiñones y me dijo que no podía conceder permisos para ir a la retaguardia. No se me ocurrió ninguna respuesta.

Después pensé en escaparme. Aquella sería una de las cosas que jamás le perdonaría a mi capitán. ¿Permiso? ¡Pensó quien quería un permiso!

Reaccioné con deseos de entrar en combate y hacer que me matasen. Me parecía que, muerto mi hermano, jamás podría mirar a nadie a la cara. Quería dejar la Brigada y volverme a la compañía, deseaba servir otra vez con la bayoneta calada al fusil.

La oportunidad iba a llegar más pronto de lo que lo creía. Genachte me aconsejo que no pensase en disparates. Y me dijo que sabotearían mi solicitud para trasladarme a la Compañía. Pero al cabo de pocos días volví por causa de fuerza mayor.

Aquella tarde había representación teatral en la Iglesia de Ballovar y fui para distraerme junto con Bernat y Muntaner, mis apoyos en aquellos días de crisis. Habían colocado sillas y la nave de la Iglesia se había llenado de soldados y de humo. 

Representaron un diálogo en el cual un miliciano discutía con un grotesco general fascista cargado de vasos de cocina como condecoraciones.  Todo el mundo reía  a carcajadas y después Serra, terriblemente pálido, salió a silbar por primera vez delante de un público tan numeroso. Cuando se quedó solo en medio del escenario con las manos en los bolsillos, inflo los mofletes y todo el mundo comenzó a reír. El inmutable, se ganó totalmente al público. ¡Cómo lo aplaudieron! Después todo el mundo gritaba y pedía nuevas canciones. Fue una actuación apoteósica.

Después, interrumpiendo a Serra, salió al escenario, Genachte, avanzó hasta el centro y con la voz rota, dijo una noticia sensacional:

¡Viva la República, hemos tomado Teruel!

Nunca había visto una reacción tan loca como aquella, era en verdad nuestra primera gran victoria, todo el mundo lanzaba al aire sus gorras y se abrazaban unos a otros, y daban vivas frenéticos.

Salimos a la calle en tropel, las campanas se habían lanzado al vuelo y sonaban junto a los pitos de todos los vehículos. Cantaban y se desgañitaban a gritos recorriendo Ballovar :

¡Teruel es nuestro! ¡Muera Franco!

Muntaner, Serra, Genachte y yo nos fuimos al bar, lleno de gritos, bebimos vino, ron, champán y nos pasamos los vasos de unos a otros hasta la madrugada.

Singra



Luego a través de los diarios íbamos viendo las alternativas del Frente de Teruel, el enemigo atacaba con toda su fuerza, necesitaba destruir nuestro ejército el cual ganaba prestigio en el extranjero. Fue entonces cuando nos llamaron y fuimos hacia Alfambra y Visiedo. Seria nuestra prueba como ejército regular.

Acampamos dos días y nos organizamos con el fin de asegurar el éxito, los mandos del comandante serian veteranos. Teníamos la Brigada completa y cubiertos todos los puestos de tropa, pero faltaban oficiales curtidos. Era la oportunidad que deseaba. Me dejaron escoger el Batallón y está claro, pedí el tercero. El 744 y Serra se quedó en mi lugar en la Brigada.

La Tercera Compañía era, como siempre, la del viejo Palau. Cada vez que nos encontrábamos me llenaba de alegría. Y me dio la segunda compañía, con Muntaner como Comisario.

Nos sentíamos como extraños dentro de nuestra propia casa ya que de la gente de antes no quedaba nadie y debíamos hacernos amigos de los jóvenes quienes ante el ataque que se aproximaba nos miraban desconfiados.

Estaba en la Compañía y otra vez me había quedado sin saber nada de las operación, solo sabía que atacaríamos Singra con el fin de cortar los suministros de los que contraatacaban Teruel. El resto de la operación la adivinaba, la orden que me la trajo el Bicicleta y era tajante. “Sin excusa ni pretexto, atacaréis y ocuparéis el pueblo de Singra”

Ganaríamos una trinchera hecha por ingenieros que partía un campo de trigo en dos, con su línea sinuosa, ya no era aquella línea derecha de los primeros tiempos que una vez tomada los que la ocupaban quedaban enfilados por el cañón de la ametralladora enemiga.

Teníamos delante nuestro un campo enorme, al fondo se recortaba la silueta de dos montes, el de la derecha, más alto que el otro y en su falda los tejados de Singra. El mapa indicaba que la distancia a recorrer desde la trinchera al pueblo era de 4 km.

A las cinco de la mañana del 25 de enero de 1938 llegó la orden de salir, llamamos a la compañía e iniciamos el ataque. Éramos 116 soldados.

Pasamos la primera mitad del campo sin un solo disparo. Entonces comenzó a clarear, nos vieron y comenzó el espectáculo. Idéntico al de otras veces. Avanzábamos a saltos en un terreno llano. Nuestro ataque era paralelo al de otras unidades y sentíamos sus disparos con los cuales cubrían nuestros flancos.



Los jóvenes entraban en combate por primera vez y todos estaban pendientes de Muntaner y de mí. Y estoy seguro de que si nosotros hubiésemos hecho un solo gesto de vacilación habrían vuelto a la trinchera. Nos veíamos unos a otros en medio de la oscuridad azul porque el día comenzaba a amanecer.

A medida que avanzábamos el enemigo aparecía y disparaban toda clase de armas de trinchera y a lo lejos sobre el pueblo de Alba veíamos los fogonazos intermitentes de una batería de 8,8 que disparaba hacia el campo donde estábamos toda su metralla.

Y los jóvenes ¡había que ver con qué coraje! se arrastraban hacia el enemigo, habían crecido en cosa de un momento y aquellos soldados bisoños ya eran hombres curtidos. Algunos cargaban la ametralladora montada en ruedas. Debía rodar por una superficie lisa, pero allí pedía un esfuerzo mucho más grande y de tanto, en tanto habían de cargarla a hombros, la operación era más propia de titanes que de adolescentes.

Después comenzamos la ascensión de uno de los montes, el más elevado. ¡Qué lugar más intratable! la falda de la montaña delante nuestro crepitando, comenzaron a hacernos las primeras bajas cuando subíamos.

Llegábamos en tandas y ya es aquella fase inexplicable en la cual lo ves todo, pero no sientes nada. Te das cuenta de tus gritos, pero no sabes por qué gritas. Ves que el lugar es peligroso, que pueden matarte, pero no sabes por qué avanzas. Lo has olvidado todo el pasado y el futuro y te aferras a un presente que se te va de las manos.

Con las filas cerradas puedes volar y lanzar inútilmente las bombas de mano. La ametralladora fijada al suelo con clavos de hierro, la expansión de los gases, de la granadas, es todo inútil. ¿Ahora qué haces? rabias contra ti mismo el peor de los enemigos.

Ellos, mientras tanto, no paran de dispararnos y nosotros tratamos de emplazar de nuevo la ametralladora. Las otras Compañías también están en la falda del cabezo. Aquel es Palau, mi camarada se aproxima arrastrándose.

·      No hemos traído las tijeras.

·      Nosotros traemos.

·      ¿Dónde están soldado?

·      Nadie lo sabe. Lo hemos perdido de vista hace tiempo

·      ¿Qué hacemos entonces?

·      Yo tengo que ir hacia un enlace, me dice Palau.

·      Nos refugiamos. ¿Como les haremos saber nuestra situación?

·      Me marcho.

·      ¡Bicicleta! Vamos.

·      Bernat, Espérame.



Descendemos el camino a trompazos. El llano, otra vez visto desde aquí, es mucho más amplio. Se me ha roto la bota del pie derecho y voy cojo.

·      ¿Cuántas horas necesitamos? Para llegar hasta Quiñones.

·      ¿A sus órdenes?

·      Las filas no se pueden. Cortar.

·      Mentira

·      Te fusilaré cuando esto se acabe.

Este hombre, cuando es presa de los nervios, es inaguantable. Que habré visto en él, como siempre quiere ver el espectáculo desde el palco, sin ningún riesgo. Genachte interviene.

·      Tirar granadas.

·      Ya lo hemos hecho, pero es inútil. Respiró fuerte y me salen las palabras a trompicones. Me sangra el pie derecho.

·      ¿Te han herido?

·      No es nada, pero ¿qué hacemos? Tengo gente allá arriba.

·      Y siento gritos de ¡te fusilaré te Fusilaré, eres un cobarde!

·      ¿Tienes una venda?

·      La voz de Quiñones vuelve a centrarse de nuevo en mí.

·      ¡Vuelve fascista! Los tanques cortarán las defensas.



Otra vez Singra.

·      ¡Vamos bicicleta!

Los tanques están tomando el sol en un barranco y ¡estos han de guiarnos! La masa de hierro parece imposible de movilizar. Volvemos al campo de batalla lleno de metralla y de ruido. Cardona: tiene vista de pájaro.

·      ¡Tinet, Muntaner!

Veo la silueta, pero no lo distingo bien. ¡Si es el! El caminar desgarbado de mi comisario.

·      ¿Qué ha pasado?

·      ¿Qué querías que hiciésemos? He contado a la gente y quedamos treinta.

Veo al resto de la compañía que viene con él. Son nuestros soldados. El esqueleto de nuestra unidad. Atravesar el campo de batalla ha causado esta transfiguración.

·      ¿Y los otros?

·      Por ahí han quedado.

Vuelvo a ver a Quiñones y le pregunto. ¿Como quiere que vaya detrás de los tanques?.

·      ¿Dónde tienes la compañía? Canalla

Si fuésemos milicianos, le descargaría el cargador de la pistola. Genachte se me lleva.

·      Venga, tranquilízate. No te dejes dominar por los nervios. ¿Explícame qué ha pasado?

·      La gente ha quedado por el campo, muertos y heridos. Muntaner ha vuelto con una treintena de críos y habíamos salido ciento dieciséis ¿Comprendes?

Se me hace un nudo en la garganta y siento caer las lágrimas por mi cara.

·      Llévate a los de la cocina y a los de la Plana Mayor y a los de transmisiones. Ve y situado en los Cabezos. Lo hemos de ganar nosotros, no Quiñones.

Me acompaña hasta el barranco donde están los tanques y me lleva agarrado, pasándome el brazo por la espalda.

·      Espera te tienes que vendar el pie.

Llama a uno de sanidad. Y después me ponen otro par de botas mucho más grandes de las que uso. A continuación, hace poner en marcha las máquinas Muntaner, mientras ha reunido a la Compañía y me espera con un centenar de críos.

·      ¡Aviación!

Aquello no tenia precedentes doce, veinte, sesenta, ochenta, cien.... Es la primera vez en nuestra guerra que mandan semejante volumen. El cielo se ha cubierto de aviones formados con precisión geométrica. Unos disparan metralla, otros dejan su rastro de bombas encima del campo de batalla. Pasan y vuelven a pasar. La metralla nos persigue. Pero, sobre todo, quieren alcanzar los tanques.

Avanzamos de nuevo, nos quedan dos tanques alcanzamos la tela metálica y abren el paso a nuestras filas hacia el parapeto.

·      ¿Pero dónde están los fascistas? Huyen por la pendiente. ¡La posición es nuestra! Nos quedamos mirándonos.

Situamos las metralletas. La metralleta porque no tenemos nada más que una. Son catorce chicos los que hay dentro de la trinchera que acabamos de ocupar. Catorce de aquel centenar de hace unos momentos.

·      ¡Bicicleta!

·      Le han agujereado la cabeza, ha quedado más abajo.

·      Ve y dale esto al comandante Quiñones.

He escrito con lápiz en letra temblorosa el siguiente comunicado. “Ya estamos. Hacer venir refuerzos y sobre todo armas”

El enlace se va a media tarde bajo los aviones con el mensaje a Quiñones.

Haremos ondear una bandera republicana. No me han creído. No hay ningún enemigo. Muntaner destripa nervioso, una de las barras roja de una bandera conquistada para fabricar una republicana.

·      Nos tendremos que conformar con esta.

Y tiembla encima de unos sacos y coloca el palo y nuestra enseña.

Los refuerzos llegan tarde. Traen, armas, morteros y avituallamiento.

Comemos golosamente carne frita.



Somos Ejército.

Por la mañana contraatacan con la Caballería. Son otra vez los moros. Nos hacen pensar en un cuadro de Fortuny. Suben a la falda de los cabezos lanzando gritos, disparando. Maxim es un arma maravillosa y si se emplaza bien, no hay caballería que valga. Discutimos entre nosotros por ver quién dispara y tengo que imponer mi autoridad. Si no, no me dejarían disparar.

·      Dejarme, a mí me han matado un hermano.

Es bonito hacer fuego contra el escuadrón. Los caballos se ponen derechos cuando sienten las balas incrustadas. Y ruedan en formidables trompazos. Los jinetes caen detrás y gritan. ¡Traerme más moros a caballo! Tú tan solo aprietas el gatillo.

El ingeniero, el amigo O Higgins ha cortado la carretera y el tren. Las detonaciones señalan el final de nuestra intervención.

Somos ya un Ejército hemos tomado parte en una operación que se ha diseñado, que no ha inventado un cualquiera, sino un militar. Nuestro papel no ha sido primordial ni secundario, hemos colaborado, nada más en una maniobra de conjunto. La Brigada ha sido una pieza del mecanismo.

Volvimos a la retaguardia, a la Ribera del Cinca. Y nos ascendieron a todos los oficiales. Éramos  ya un Ejército.

Los últimos días de la guerra estábamos convencidos de una cosa: La habían ganado ellos, pero nosotros no la habíamos perdido. Porque nunca sufrimos ninguna derrota.

Ciudad de México. Julio, diciembre de 1943.

 

Traducción a matacaballo del catalán esta misma madrugada de las memorias de Avel·lí Artís Gener Utilizaba el seudónimo Tísner, o bien sus dos apellidos juntos, Artís-Gener (Barcelona, 28 de mayo de 1912-7 de mayo de 2000) periodista, escritor, caricaturista, escenógrafo, director artístico de publicidad y quien como podemos leer tomo Singra junto a un puñado de jóvenes soldados, la mayoría de los cuales descansan en el campo de batalla a la espera de volver a casa.


Fotografías Facebook Ayuntamiento de Singra


PD Uno de los muertos, desaparecidos de aquellos días fue Federico Centellas, cuyos restos aun no han aparecido. Y cuya búsqueda por parte de la familia, junto con otras mas poco a poco avanza.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de enero de 2025

Crónica de la inauguración de la Estación de Autobuses Zuriaga en Calamocha año 1966

 

La empresa Zuriaga. Inauguró una moderna estación de autobuses en Calamocha.

Diario Amanecer Zaragoza, martes, 21 de junio de 1966.

(Calamocha de nuestro corresponsal Nota 1)

Presidió el acto el Gobernador del Civil de Teruel, señor Trillo Figueroa, acompañado de otras autoridades y jerarquías.

En el altozano de la extensa y famosa “Cerrada de Sancho”, que durante siglos sus muros, interceptaron el acceso a la misma de toda persona ajena al servicio de la casa solariega y por consiguiente, tanto dificultó la expansión urbana de forma ordenada, racional y armónica de la villa, como actualmente se proyecta. Se alza con porte regio, la moderna y amplia estación de autobuses de don Mariano Zuriaga Estellés que con su bella arquitectura rompe la monotonía del espacio imprimiendo nuevos signos de progresos para Calamocha



Elocuentes los valores que como hombre de empresa atesora el señor Zuriaga Estellés que de forma tan magnífica y loable ha decidido. incorporarse al ritmo del Inminente desarrollo de esta perla de la vega del Jiloca, como es Calamocha.

Su situación, indiscutiblemente es ideal porque está ubicada en el centro de los extramuros. De la larga urbanización del casco urbano de Calamocha y su arquitectura maravillosa, como puede apreciarse por las fotografías que ilustran esta información, que es lo fundamental, viene a resolver el problema que constituía preocupación constante del ayuntamiento, cual suponía el creciente del tráfico de la plaza del Peirón, las esperas de los viajeros y el depósito de sus equipajes.

Con la construcción de tan amplia y confortable estación de autobuses, don Mariano Zuriaga Estellés personalmente ha querido resolver este problema, demostrando con ello sus desvelos e inquietudes por la comodidad de su clientela, atención que ha merecido, me consta, la gratitud sincera y unánime, especialmente de Calamocha y su comarca.



Dicha estación de autobuses, que ocupa una extensión superficial de 1000 m2, cuenta con una nave de 800 m2 con amplio andén de estructura metálica y cielo raso de aluminio. La sala de espera, con confortables asientos, tiene dependencias para despacho de billetes, consignas, servicios y unos claros gráficos de itinerarios, rutas y horarios.

El gran restaurante de modernas instalaciones ocupa 100 m2 con un mostrador de 20 m de largo cuenta con servicios, arrendado a don Francisco Rubio Villalta, hombre sencillo, cariñoso y muy popular por su simpatía, a quien le auguramos muchos éxitos.



El pasado domingo, día 12, tuvo lugar el acto solemne de la bendición a cargo de don Feliciano Nuez e inauguración de tan importante como necesaria estación de autobuses, a la que asistieron con la primera autoridad provincial, el excelentísimo señor Don Federico Trillo Figueroa Vázquez, el ilustrísimo señor Presidente de la Diputación Provincial, Don César Gimeno Temprado, el ilustrísimo Teniente Coronel, Primer jefe de la 133  Comandancia de la Guardia Civil Don Francisco Parra María. Entre otras autoridades y numerosos amigos de la familia Zuriaga de Zaragoza, Teruel, Daroca y Comarca.

 Después del acto de bendición e inauguración oficial la familia Zuriaga ejemplo de laboriosidad y solidaridad cívico social, obsequió a sus numerosos invitados con un espléndido y copioso lunch. Recibiendo esta al final del mismo toda clase de parabienes. Cabe destacar entre tanta gentileza y atención la amabilidad y delicadeza de don Mariano hijo y de su distinguida esposa doña Josefina. Quienes pendientes en todo momento de sus invitados y amigos, dejaron muy alto el pabellón de la educación y de la cortesía de la que es portadora y tesorera tan admirable familia turolense.

Calamocha reconoce cumplidamente el esfuerzo. Y le agradece íntimamente esta magnífica obra que tanto representa para esta villa y su comarca, deseándole el mayor de los éxitos.

Nota 1 Muy probablemente el autor sea don Amable Moragriega.


AÑOS 90

PROGRAMA DE FIESTAS DE SAN ROQUE AÑO 1980







 

 

 

jueves, 16 de enero de 2025

Calamocha Villa y Toros

 

Publica el diario ABC

Hallan el cartel taurino más antiguo de Madrid: es de 1769 y anunciaba 18 toros

Mientras tanto, lejos de la Corte, en la Villa de Calamocha 

Bajo la capa de San Roque, se llevaban ya al menos corriendo toros para colmo de la paciencia de las madres calamochinas y de los frailes del convento más de medio siglo, que sepamos por ahora, según nos cuenta el Epitome san roquero publicado en 1720

Al otro día de San Roque, acostumbraban correr Toros en la Villa de Calamocha; y mientras los corrían, se ponía en Cruz el Siervo de Dios y Guardián del convento el Venerable Padre Fray Ignacio Garcia, mirando al Lugar, y pidiendo a Dios nuestro Señor, y al glorioso Santo, que no sucediese desgracia.