Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

sábado, 17 de julio de 2021

El otro doctor Caja

 

Tiempo atrás en abril de 1920 a don Antonio Caja Alegret el ayuntamiento le concedió plaza de médico en la villa. Mes y medio después hubo que enviarle un telegrama con “respuesta pagada” para que manifestase su intención de venir o no. Entre todos los destinos que solicito a todas luces no era su preferido. Sin embargo, se quedó entre nosotros casi cuatro décadas. Activo en todos los ámbitos llego a ser un calamochino más y quiso demostrarlo llamando Roque a uno de sus hijos, lo cual a su esposa le pareció excesivo. Alguno de aquellos hijos, muerto prematuramente, sigue entre nosotros.

Juan Caja Riquez, nacido en la calle Real en 1926 y muerto en apariencia lejos de allí en Mallorca en 2003 fue uno de sus hijos. Meses antes de su muerte escribió Recuerdos. Los años de su niñez, su vida, su pueblo y su gente. Un Calamocha en blanco y negro, amable y cruel. Paz y guerra, inolvidable. Quien debió llamarse Roque jamás pudo olvidar el lugar donde vio la luz. Fue su hijo Juan Pablo Caja Forteza el encargado final de editar sus recuerdos en una sencilla publicación.

Puestos en antecedentes y antes de que sea demasiado tarde y el éxito le haga olvidarse de los amigos y hasta de Calamocha, vamos con la estrella de la familia, que no es otra que un tal Alejandro Caja, nieto de uno, hijo de otro, hermano del último. Cumplidos ahora los cincuenta y “sin poder reconciliarse soñando ningún recuerdo”, se entretiene, (hay gente para todo), escuchando la canción más triste del mundo en el convencimiento de que un día, mientras prepara un caldero de habas, una diva californiana, cosas de la globalización, le tocara a la puerta en Piedralves, (provincia de Ávila), allí donde transcurre hasta el momento su vida tranquila, (quien sabe si debería en un plan b como Pla convertirse en cronista de aquel idílico lugar escribiendo, por supuesto, en catalán) para caer ella rendida a sus pies y cantar sus poemas. Obvio es el decirlo, varios de los mismos han pasado ya al mundo de la música y se pueden escuchar de la mano de Tristeza Veloso (Alberto Santos).



Alejandro con la sola compañía de su Sombra, su perra, es un poeta que para escándalo de los puristas no duda en reconocer: escribe por dinero. Al tiempo que trata de enamorar a golpe de soneto, ¡hay que estar loco! o haber nacido en el siglo equivocado pues tan solo le sirve para recibir como respuesta emoticones y con suerte comer de caliente algún que otro domingo después de misa.

Si puta por los rincones 2018 y Pues puta matriculá 2021 llevan su firma en su propia editorial: Los libros Portátiles, abierta a todos los heridos por las letras. Poemas y cuentos conforman el primero, solo poemas este segundo escrito al llegar a los cincuenta, puramente existencial, tras la pandemia no podía ser menos, vital.

Afortunadamente para nosotros sus lectores reincidirá y seguirá escribiendo y en plena vorágine de ventas amenaza con un próximo libro de relatos y ¡tiene tanto que contar! Jandro, rey del andergraun, de las letras doctor forense, todo glamur, ¡ha vivido tantas vidas!, lletraferit sin remedio por la gracia de dios, ¿de quién si no?, ¿del tabaco, de la noche, de la carne? Lo ha vivido, bebido, escuchado y leído prácticamente todo y todo lo cuenta de un modo impecable. Llamado a alcanzar grandes gestas, a conquistar condados, estados, villas y cortes y el dorado californiano, para Calamocha mañana será tarde.


Articulo publicado en El Comarcal del Jiloca del 9 de julio de 2021

martes, 13 de julio de 2021

Calamocha El cornejal del fresco y la calorina

 

Menuda calorina ha hecho estos días tras el fresco de enero, en términos cuantitativos:

 

En Calamocha hay al menos tres estaciones meteorológicas:

 

1.- Calamocha Sur: De una mínima de -24.8ºC a una máxima de 38.8ºC  dando una amplitud de 63.6ºC

 

2.- Puente Romano: Garita del Jiloca, donde los extremos de este año han sido -22.2 ºC y 38.4ºC es decir una amplitud de 60.6ºC

 

3.- San Roque y su abrigada ESTACION OFICIAL AEMET en ella los datos han sido -21.3ºC y 38.2ºC. Amplitud de 59.5 ºC

 

Ni cerca ni lejos de aquellos 70 de amplitud máxima de los años sesenta.

 



De modo que en el cornejal del fresco calamochino la media en lo que va de año ha sido: -22.7ºC de mínima y 38.46ºC de máxima y 61.16 ºC de amplitud térmica por el momento, aún queda año para pasar calor.

 

A bote pronto, en el cornejal calamochino el calor se reparte por igual pero no así el frio, cuanto más cerca del rio menos frio, cuanto más lejos y cara el secano más frio

 

CALAMOCHA SUR

Mínima  -24.8ºC

Máxima  38.8ºC

Amplitud 63.6ºC

 

 

CALAMOCHA PUENTE ROMANO

 

Mínima  -21.3ºC

Máxima  38.2ºC

Amplitud 59.5ºC

 

 

CALAMOCHA  AEMET SAN ROQUE

Mínima  -22.2ºC

Máxima  38.4ºC

Amplitud 60.6ºC

 

 

Media en el cornejal calamochino

 

Mínima Media -22.7ºC

Máxima Media 38.46ºC

Amplitud Media 61.16 ºC

 

martes, 6 de julio de 2021

Calamocha: AMPLITUD TERMICA MAYOR DE ESPAÑA 70ºC

 Aeródromo de Calamocha 70º grados centígrados


La mayor amplitud térmica de España, 70º grados centígrados, se dio en su día, en ambos de sus extremos, en el Aeródromo de Calamocha (Municipio de Calamocha) justo en lugar donde en breve se construirá el Matadero Aragón, el conocido como “matadero de los Tönnies”. Los restos de la caseta meteorológica aun son visibles lo mismo que el testimonio de los militares protagonistas.

Sus extremos fueron:

Máxima

Los olvidados 39 grados centígrados que se alcanzaron en agosto de 1962

Mínima

Los conocidos -30ºC grados centígrados que se alcanzaron en diciembre de 1963 en la misma garita y lugar calamochino.

 

Para mas información:

https://recuerdosdecalamocha.blogspot.com/2018/12/la-noche-del-frio.html?fbclid=IwAR0PHDisDomvxjDJHD17HGizrLey59GURUv7mAQyb-FUSSiXR_2bv6RpATk





viernes, 18 de junio de 2021

Primavera

 Me doy cuenta tiempo después trajinando con la boca del grifo que en la pared de la cocina el calendario dice septiembre del 2020. Desde entonces la casa ha estado cerrada, sin agua, sin luz, sin vida. En realidad, muriendo. Y recuerdo que me he dejado el calendario de este año en Castellón. Lo importante era traer la caja de herramientas, como cada verano la Tía Felisa venia de Valencia tan sólo con una maleta llena de medicamentos por lo que pudiera pasar. ¿Cómo la república perdió la guerra estando ella de su parte? Aún hoy, continúa siendo un misterio.

Abrir la puerta, sentir el frio de una casa cerrada y vacía, plena de oscuridad, mientras la calle nos había recibido con el sol y el canto del cuco. Resulta todo tan familiar como extraño. Por momentos también el silencio es absoluto, tan casi mortal que asusta, me paro, miro alrededor. Continuo.

Sobre la mesa del patio un montón de marcos con fotografías. Ordenados por familias. Ochenta años de casa, cuatro generaciones, de mis abuelos a sus bisnietos. Abrimos las ventanas, subimos las persianas, vuelan las moscas, ¡benditas sean! Aquí en Castellón ciudad no hay. Por fin la luz entra, la casa vuelve a la vida y recupero la respiración y algo de tranquilidad. La primera reacción siempre es la misma, tristeza y miedo y el pensar que tal vez sería mejor no volver. Cada rincón, cada cuarto, cada peldaño está lleno de los recuerdos que nos han llevado hasta este día. La habitación donde nacimos, la misma en la que murió el abuelo Casimiro y a los pies del calendario de 1985 un enero, cuando por fin cede el grifo, recuerdo cayo desplomada mi abuela Rosa la torrijana. En principio solo llegan a mi recuerdos tristes y quiero joparme.





En lo terrenal mi hermano, retrato viviente de Casimiro “el calamochino” nacido en Torrijo, lleva la iniciativa, ahora esto, después aquello y luego lo que sea menester. Damos la luz y soltamos el agua. Contenemos la respiración en esos segundos eternos en los que se siente correr por las cañerías bocanadas de vida, esperamos un rato y armados de valor revisamos cada rincón. Con miedo abrimos los grifos. Todo en orden, la casa ha vuelto en sí, resucitado, vivirá. La calefacción funciona, la higuera en cambio en el corral ha muerto helada. En la Ferretería Sanchez Andrés nos dicen “hoy es el día del grifo”, al final hemos decidido renovarlo. Todo en realidad ha sido gracias a mi padre a quien luego subiremos a ver, el nos dejó listo todo, como tapar cada puerta, cada radiador, cada grifo…

Agotados, cuatro horas después replegamos sobre las dos de la tarde. Se ha dado bien. Luis en su rincón nos recuerda que no pudo ser, el Castellón descendió. Café en familia con Paco en el Amariello y el tío Antoñin, viva estampa de mi padre, quien resta los días para ser abuelo. De vuelta a casa me doy cuenta de que he encontrado una Calamocha muy distinta a la de semanas atrás cuando en aquella ocasión nos reencontramos con la familia llegada de Zaragoza y pasamos unas horas juntos. Parece escampar y adolece volver al pueblo.

Pensamos por un instante, una eternidad, incluso en quedarnos para siempre en la casa donde nacimos. Si Calamocha como Castellón viviera en una primavera eterna lo haríamos. Por fin podemos respirar y volvemos, al pasar por Teruel llamamos a Joaquinito. Sonreímos, hacemos planes para el verano.

sábado, 22 de mayo de 2021

Tierra calamochina I

 

Te escribo esta carta, padre, porque tengo la seguridad de que estás en los cielos, sitio ideal para leer lo que la mano de un hijo escribe con temblor. Por lo demás, siempre te gustaron mis cartas. Tampoco te contaré en ella ninguna novedad, puesto que ahí donde ahora estás al parecer se edita un periódico, titulado Eternidad, en cuyas páginas de «Sucesos» se publica en letra pequeña todo lo que hacemos.

Querido padre: El tiempo ha pasado cruel y rápidamente. ¡Un año ya! de tu marcha a la Cañadilla. De aquella tarde de tu postrera despedida donde los rayos de luz en un quiero y no puedo se abrían paso entre las nubes y sus lágrimas en forma de lluvia. Última luz que alcanzaste a ver y tal vez sentir al cerrarse tu nicho una víspera de san Isidro cuando nos dejaste definitivamente y pasaste a ser tierra calamochina esa que tanto amaste.

He decidido escribirte la presente, aunque estés al corriente de todo, para darte cuenta de un modo sencillo de cómo van las cosas por aquí del lado de quienes en una constante y vana ilusión nos creemos tan afortunados como vivos




La crónica del año dirá bien poco. Tan poco que unos años después la habremos olvidado. Tal vez el mayor recuerdo de estos días será una pregunta: ¿cómo pudo sucedernos algo así? precisamente a nosotros que bien sabíamos lo que era por recordarlo cada 16 de agosto.

Tal como viviste tus últimos días así han sido los demás hasta hoy. Encerrados la mayor parte del tiempo. Esperando una vacuna a falta de un santo redentor. Acabo pronto, con decirte que no hubo fiesta de san Roque te digo todo. Tampoco ardió la hoguera del santo cristo y desde septiembre cuando fuimos a por mama. Quien a duras penas se animó y paso allí en casa dos meses, ya no hemos vuelto. ¡Y si!, una vez más, tenias razón, la tierra nos volvió el color cuando dejo de ser culta. Sin fiemo, sin sudor, sin más agua que la caída del cielo el brillante y fértil ocre marrón, el color calamocha se perdió y se tornó blanquecino, albónica tierra de paso. Su nuevo tono hace que ya no se pueda distinguir del camino. Así seguirá por la eternidad.

Con el nuevo año llego el frio, una nevada en enero como cuando eras zagal y un hielo tras otro trajo la muerte a un Calamocha que se tiño de negro. La pandemia se hizo presente, algo que nunca pensamos fuese a suceder, la desolación contaba los contagios por docenas cada día. Resulto terrible hasta que llegado febrero comenzó a escampar. Pero no hubo respiro, entonces nos enteramos de que un tren al que nunca subiremos tal vez vaya a pasar por la vega a la vera del rio de la vida. Al menos se terminó por fin la residencia y se anunció la llegada del Matadero Aragón a los terrenos del campo de aviación donde de crio metías las ovejas las noches sin luna en el cielo ni luz en la tierra. Aunque siempre habrá quien vea en esa misma tierra yerma nuestro ser. Ya en abril por fin las vacunas llegaron y eso nos dio un respiro y una débil esperanza, si bien no pensamos que lo quede de año vaya a ser muy distinto al anterior. Como era de imaginar también cayeron las ultimas heladas que lo dejaron todo pardina y ahora que llega el buen tiempo la vida sigue y quedamos a la espera de alguna que otra pedregada.

Todo lo que veo me hace sufrir, pero si estuviera ciego sufriría lo mismo

PD Párrafo inicial y frase final escrita por José María Gironella en Carta a mi padre muerto.

 

Publicado en El Comarcal del Jiloca 14 de mayo de 2021

viernes, 14 de mayo de 2021

Correo Agde Calamocha



 Hoy una foto de la familia, no entiendo por qué en un día como este me he acordado de ella. Esta es su pequeña historia

Dedicatoria: A mi prima con cariño más sincero y a mi hermana. Maria en Agde 26 de julio de 1943
A veces las cosas no son lo que parece, en realidad parece una idílica estampa veraniega, unas vacaciones en la costa francesa al lado de la playa y mandaban una todos los años, también fotos de estudio, pero no es así




La foto está tomada en el Campo de Concentración de Agde, refugio de los exiliados anarquistas y de hecho, de los tres el pequeño nació allí

En Calamocha mi madre y su prima Nati, hermana de Maria quien envía la foto, se fijaban en los trajes, los peinados los zapatos, … y se miraban así mismas y sentían envidia. Querían estar en su lugar

Y mis abuelos Rosa y Casimiro que mandaban todos los meses a través de la Cruz Roja paquetes sobre todo con ropa y comida, leche en polvo, para el pequeño no tenían duda alguna de que ni aquella ropa, ni aquellos zapatos, ni aquellos peinados eran suyos, ni mucho menos aquellas sonrisas

Y tenían razón, uno tras otros a todos los niños, también a los padres, que también engalanados para la ocasión enviaron sus fotos, los retrataban. Cuenta Maria que había montones de ropa, y de zapatos, entraban por una puerta se quitaban lo suyo, se mudaban, cuando ya se habían duchado, les arreglaban el pelo, les daban un caramelo, sonreían, les hacían el retrato, dejaban la ropa y zapatos, se ponían lo suyo, salían por la otra puerta y días más tarde enviaban la foto, por supuesto censurada, no podían poner en la dedicatoria ni en la carta ni en esa ni en ninguna, nada que rompiese la magia.

Los protagonistas de la foto siguen entre nosotros y Maria no para de sonreír cada vez que cuenta la historia. Pensando que por algún rincón de España habrá otras muchas fotos con los mismos vestidos y zapatos por que todos escogían los mas bonitos