sábado, 1 de enero de 2011

Vamos camino del olvido…

A Manolo El Rito, quien allá en Madrid, aún teniendolo todo, por mucho que ande, nada de esto puede ver, y se acuerda tantas veces de aquellos años, de aquellos paisajes.
Felicidades, y recuerdos.

Pasa maño, pasa, y cuida de no emporcarte, que esta todo bueno…. 
Pasa y veras que queda de los caminos de nuestra infancia, de nuestros padres, de la senda de las paideras…Del camino Bañon por el que tu subías, al camino de la Jampudia por el que subíamos los del Peiron, cara la senda de la Casa Baja, del camino Villarejo, de la senda de la Casa Alta hasta Cañada Latorre, donde se juntaban y se juntan los términos de Calamocha, Navarrete, el Poyo y hasta Fuentes Claras.

Canta Manuel, canta:

De la canción de JA Labordeta “Yo soy igual que mi padre”

“Yo soy igual que mi padre,
padre fue labrador,
yo soy igual que mi padre,
el camino, la lluvia,
el viento, el sol,
la tristeza, el pedrisco,
el árbol sin flor,
el hambre, el trabajo,
el esfuerzo, el dolor,
el cansancio, la tierra,
la muerte, el adiós,
todo es igual,
ayer y hoy …”




Mira ande estoy… aquí exactamente.

Recuerdo que un día nos pillo una tormenta de tres pares de narices, y con un miedo a todo que teniamos. Encerramos las ovejas en la paidera que ves, y como robaban tanto entonces, Andrés y yo que si venia una voleada de aire por pequeña que fuera salíamos volando los dos, pensamos en atrancar la puerta con piedras por dentro.

Yo de tan justo que iba casi pero no podía salir por una visera de la paidera que le faltaba un hierro, pero Andrés, que tendría un geme menos que yo, si que pasaba, así que cerré la puerta con él dentro, y él la atranco con piedras corbeteras para que no se pudiera abrir empujando desde fuera.

Y salió por la visera y nos fuimos corriendo a casa los dos con las cuatro ovejas que tenían corderos en el corral y la cabra roya. Menuda chupa cogimos.

En esa misma paidera ya le paso una bien buena a mi padre, que hubo de encerrar las ovejas allí por otra tronada y para evitar que se las llevaran, echo el cerrojo y en el rafe de la puerta coloco una corbetera, considera tu, la más grande que encontró, para así, si iban de noche y abrían la puerta, que les cayese en la cabeza.

Y así fue que al día siguiente cuando fue a sacarlas, con las prisas de ver que estaban todas no se acordó de la piedra tiro abrir la puerta y le cayo encima la corbetera y a lo que volvió en sí, no había ninguna oveja, se le habían ido todas, y corre a buscarlas.

Y hoy estoy aquí, con las nietas… cuatro generaciones como aquel dice, delante de la puerta de una paidera, como si todo aquello hubiera pasado ayer tarde mismo.



La Casa Baja.


El pozo del que te acordabas, que ya no lo reconceras pero que sigue estando donde estaba, y la pila donde abrevaban las ovejas y donde los labradores llevaban las caballerias para que bebiesen cuando paraban a comer y se acercaban hasta la Casa Baja en busca del agua. Ahora ya todo hundido, solo las pilas podras reconecer. 

Ya nadie vivia alli en aquellos años, asi, que considera tu, como esta todo, alli dormiamos los pastores las noches de veranos y los segadores en la Casa por aprovechar el sol...


La pila




La entrada de la paidera, el cubierto de la Casa Baja, puertas estrechas todo...


La Casa Baja De Vicente "Colin"



La puerta...



El pozo y la fachada de la Casa


La Senda de la Casa Alta



La Casa Alta



Al fondo el Cerro el Poyo


La oveja muerta y los pocos rayos de sol que habia.


Al fondo el Cerro el Poyo


Ale, si no tienes donde dormir, agarra un par de fajos de trigo y subete al pesebre ahora que esta libre. Y no te olvides de volver a dejarlos al sitio cuando te levantes o acabaras en el Cuartel de la Guardia Civil.












Recuerdo un domingo en la Cerrada de la Paidera de Ruiz, con la era de trilla, y llena de hierba, que no se me ocurrió otra cosa mejor que hacer, en fin.
La era se veía desde el Puente Bañon y yo sabía que todos los domingos subía el Sr Pepe a dar vuelta de ella desde allí.

Así que cogí y nada, allí que me fui, a que se diesen un atracón las ovejas, les deje que comieran y yo a vigilar el Puente Bañon por ver si veía a Ruiz que venía, sacar las ovejas, … listo que es uno, lo tenía todo bien estudiado de domingos y domingos, ver a Ruiz hacer siempre lo mismo.

Pero aquel día, resulta que Pepe y el hijo vinieron a dar vuelta dando un paseo a caballo y en lugar de venir por el Puente Bañon, llegaron por la Jampudia y ni los vi, así que allí me pillo el Sr Pepe, con las manos en la masa.

“Oye Auge, pero a ti quien te ha mandao comerte eso”
(Continua. Las Historias del Perrito Perdigon)



Ya ves tu lo hermosos que estabamos unos y otros que todos cabiamos por la Visera sin rejas.



Venga maño esta noche te dejo el pesebre, echate a dormir que yo me bajo a ver las jotas, cuidate, y hasta el año que viene, no te des mal, es la cosa asi. Cierra la puerta al salir que hace muchismo frio. Y guardame el garrote.



Querido Manuel, barruntábamos que hacia frio, pero si esperábamos a que escampase, nos plantábamos en San Roque, así que hubo que atarse bien los machos para hacer las fotografías que has vsito.

Que te voy a contar que no sepas ya, aunque hayan pasado tantos años. Hacia un frio de tres pares de cojones y un aire que se jodia la perra Gilda, y ni los gavilanes podían arrancar el vuelo.

¡coño!, pues si era el día Navidad, la tarde del 24, a eso de las cuatro y con uno o dos grados, los agosteros de antaño, lo mandamos todo a cáscala a Luco, y nos fuimos, a ver las paideras, hay que saber bien las trochas, porque solo quedan piedras, que ya se jodio el patacar hace años, a dar un paseo camino Bañon arriba para volver por la Jampudia, con los peducos llenos de cachurros.

Fuimos a caballo, nos llevo Miguel, con el todo terreno, porque un coche normal, no habría pasado de las hojalatas del Campo Aviación, ¡zagal! esta todo pardina, al mismo Campo le quedan cuatro días, si harán un polígono o no, si devuelven la tierra a los dueños de antaño… todo va parejo supongo a como vamos nosotros, más jodidos que Arpa Vieja, abandonado todo, más en invierno que ni en la solina se podía aguantar.

Los caminos llenos de charcos donde se augaria un macho, lo mismo que en el Pozo del Tio Paco o en la Y Griega allá en el Ajutar, las ovejas tendrían en ellos agua para todo el verano, y cuando se acababan los charcos, a resguardo de los medianiles de los caminos cara Bañon, amontonadas por el cierzo, las capitanas, y los ribazos comidos por los tractores al labrar a mata caballo, por mal de arañar un palmo de tierra en busca del tempero, que ya ni caminos quedan, ni sendas, ni cañadas, ni cornejales con corbeteras, donde sentarse apoyar el garrote y descansar…. 

Recuerdas, con mas sueño que hambre, al llegar la noche, cansados como perros, nos dormíamos en cualquier sitio, te despertabas y las ovejas se te habían ido, ni los cencerros se sentían, así que te subías a alguna corbetera y esperabas que el Faro del Campo de Aviación, girase cara Bañon y con su luz iluminase el rebaño y venga a correr a por ellas entre los campos, que el Tio Gregorio, con la hoz en una mano y la zoqueta en la otra segaba mientras había sol sin descanso al tiempo que nos vigilaba a ese par de tontos que éramos el amigo Vicente y yo. “Mejor criar tocinos que hijos”


Ve con cuidado, no te vayas a esbarar entre los escombros y el hielo, y ve esudriñando las fotos de lo poco que queda ya y de lo que puedas reconocer, date un garbeo por la Casa Baja, y párate a echar un trago de esa agua que nos sabia mejor que el arrope, … reconocerás el pozo, ten cuidado de no capuzar, pero ya no hay pozal ni carrrucha, con el que llenar a calderetas las pilas del abrevadero…  y no te cale darte mal por como veas las cosas, pues como todo, lo de antaño, ninguna utilidad tienen, vamos, que ya no quedan ni ovejas.
Ya sólo quedan cuatro pitañares, las palancas también hundidas ya, y algún que otro cuchitril donde nos metíamos a dormir, con más miedo que otra cosa, gabaches que siempre fuimos, un par de pesebres como catre donde ensobinarse a echar un rosquete las noches que había suerte y lo pillabas y nada más, los muros de las eras caídos, las portaladas rotas, no cale que te des mal, todo lo contrario, espero que pases un buen rato y con los recuerdos vuelvas loca a la familia hasta que digan basta ya de historias y de leches.

En fin, mientras no demos el mango, volveremos el año que viene con más cosas.

Un abrazo y feliz año a toda la familia.

Recuerdos

 Aquí al final, hay alguna historia nueva que no estaba en año pasado por estas fechas:

lunes, 20 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD




Haz click en el enlace para ver la felicitación.

La foto es de la serie: "Calamocha La Nuit", de diciembre de 1992. Recuerdo que me temblaba el pulso un montón porque hacia un frío tremendo, y yo ya empezaba a notarlo en exceso...y me recorrí el pueblo intentando hacer fotos, a los garitos y calles... Prácticamente un fracaso total.

Detrás del pino, abeto o arbolito al abrigo pasaba el invierno como podía, el bueno de San Roque, antes de que con acierto lo pusieran cara el sol unos metros más abajo, años después. 

Feliz Navidad  y Feliz Año.

PD Siguiendo la iniciativa de Miguel hemos puesto en el Blog la opción de SEGUIDORES, y de un modo asombroso, ya son dos. De aqui a un par de años esperamos cuando menos, llegar a la docena y poder organizar un partido de fútbol, como cuando eramos críos, allá en la Era de San Roque.


martes, 14 de diciembre de 2010

La Matanza.


Por Ismael Cebrián, "El chico de la bici"  Las Aventuras del Isma

Tras leer Ismael lo escrito hace unos dias, en torno al Matadero de Calamocha   
comenzó a recordar los años de la infancia, y en concreto la matanza en el pueblo de sus padres, allá en Bonete, cerca de Almansa, en la provincia de Albacete, que en todas casas cuecen habas, por más que nos creamos únicos y especiales y nuestro pueblo el mejor, en todos era y es lo mismo, desde Onda a Bonete, pasando por Calamocha en todos en su día hubo a alguien al que le vendieron una "La Burra Ciega", ... aunque nadie lo conozca y el comprador lo niegue, yo también lo haría.

 "Ahora que he leído tu crónica sobre el matadero, me ha venido a la memoria aquellos años en los que íbamos al pueblo a la matanza, mi tío era el matarife y también tenía una granja pero a menor escala, mis padres le compraban el gorrino y el hacia el resto, aún recuerdo los chillidos de aquellos animales porque no los mataban con descargas eléctricas no, los mataban clavándole un cuchillo de considerables proporciones en la yugular. 
Mientras,, las mujeres se afamaban en darle la vuelta a la sangre en el cubo para que no cuajase. Luego lo quemaban con un soplete y a continuación lo abrían en canal para sacarle las tripas, recuerdo todo el mundo trabajando, hasta el gato que aprovechaba el mínimo descuido para pescar alguna corá (víscera), pronto se me olvidaban aquellos gritos del cerdo, cuando probaba aquel suculento manjar, como eran las gachas de matadero que llevaba lo mas tiernecico del gorrino, nos juntábamos alrededor de la lumbre toda la familia y cuando le quitábamos las ascuas a la sartén se decía "moja y atrás " porque éramos tantos que comíamos de pie alrededor de aquella gran sartén con patas.

Bonito recuerdo que lamentablemente ha pasado a la historia"

 PD La foto es del año 1994, "haciendo morcillas", lo primero que se hace, para no andar con la sangre cruda más tiempo del necesario, lo más delicado, hay que darle despacio a la palanca, cuidando de no reventar la tripa, luego se pinchaba y a cocer, y siempre era la persona de mayor edad, la encargada, al tiempo que dirigía el resto de tareas... En este caso mi Tía Ángela, las abuelas ya se habían ido.

Aquel día quise con la Yashica hacer fotos a todo el proceso, desde la granja al granero, pero la tontería que desde hace unos años, de siempre en realidad, nos rodea lo impidió, había miedo, ya no se podía matar en casa y en las granjas casi que tampoco, ... Como siempre el progreso era y es por nuestro bien, no nos fuéramos a comer un tocino sin las mínimas garantías higiénico sanitarias, o degollado por cualquier salvaje matarife de tres al cuarto que hiciese sufrir al cerdo mas de lo estrictamente legal ... Así nos va.

PD. "Que bello es vivir", he vuelto a ver la pelicula y he recordardo que a día de hoy, y ya estamos a 19 de diciembre, continua el encierro de los trabajadores del matadero, ... llega la Navidad, y los sueños deberian hacerse realidad.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Alli donde acaba Calamocha, junto al Silo y la Estación...EL Matadero.

Manuel sentado en el asiento del acompañante del Avia de 7.000 kgs, para mi gigantesca, blanca y verde de Pygasa se asomo por la ventanilla y dirigiéndose a Fermín le dijo “Aquí te traigo al peón, ( Y me alzo para que me viese desde la puerta de la garita) luego, cuando tengas un rato, te lo llevas y que mate un par de tocinos. Que vaya aprendiendo". 

Fermín levanto la barrera de entrada, cual paso a nivel y pasamos al Matadero, y yo que llegaba con toda la ilusión del mundo a ver el lugar donde trabaja mi padre, sito dentro del Matadero pero ya sin formar parte de él, de pronto sentí un miedo terrible, cobarde que era y es uno, miedo a que de un momento a otro, Fermín encontrase tiempo y me llevase con él, al pie de la gamella a degollar un par de tocinos en el peor de los casos, o a tirarles de la pata o del rabo, porque gracias a Dios, yo no tenía edad para más, allá por los primeros años de los setenta.


Reculo mi padre el Avia en la nave de los piensos, en una de esas maniobras que hacia abriendo la puerta y sacando medio cuerpo para mirando hacia atrás encerrarla, mientras Manuel le guiaba el lado contrario, “tira, tira, ieh… ande vas, izquierda… para, baja” y yo, ya fuera del camión, desde la puerta de la nave, al pie de las gigantescas tolvas, no me atrevía a ir más lejos, contemplaba atónito, por primera vez, el Matadero que por entonces debía ser y llamarse de Matinsa, (Matadero Industrial Sociedad Anónima. Cada tanto cambiaba de nombre, de dueños, entraba, salía gente, … y seguía adelante. El pueblo, la comarca, respiraba una vez más) y por si acaso venia Fermín, vigilaba y pensaba en que excusa dar con tal de no tener que ir a degollar a nadie. Trataba de oir a los tocinos chillar en la gamella, pero aquello era tan grande, que los debían de matar, lejos, muy lejos de alli…

El matadero, allí donde acababa Calamocha junto al Silo y la Estación, era inmenso en la distancia no tenia fin no se acaba nunca, mas allá se veían las granjas, “las mas grandes de España”, me decían con orgullo, y en altura los edificios parecían llegar al cielo, todo era rojo y blanco, el olor, eso sí,  era extraño, no lo esperaba, no era de carne, de jamon, de granero, contrariamente salía una larga columna de humo negro que lo inundaba todo, “allí queman la basura, los restos de los animales, el macho de Perico al que le dio el “pelo” y se le murió, también lo quemaron allí, y luego con las cenizas igual te hacen caldo que pienso”.

Solo de pensarlo, de comerme el macho en la sopa, se me ponía la carne de gallina. Era fascinante,… jamás había visto juntos tantos coches, aparcados unos a lado de otros y bajo un techo de uralita, mi padre me contaba que allí trabaja muchísima gente, no solo de Calamocha sino también de los pueblos de alrededor, que venían hasta en autobús. 

Entraban y salían camiones, camiones jaula y camiones frigoríficos, y había un trasiego constante de gente con su bata, gorro y botas blancas, que iban de un lado para otro sin tiempo para nada, aunque no llevaban cuchillo como en las películas de Fumanchu de las que parecían actores, todos nos saludaban, en aquellos años tan campechanos, todos se acercaban y se ofrecían a enseñarme el Matadero, su oficio,… Aun sin parar de trabajar, había tiempo para todo.

Pero Manuel, les decía, “no hace falta, vendrá Fermín (Al cual, si quiera por la edad yo había ya dado el rango de General) y se irá a matar un par de tocinos con él”. 

Mi destino aquel día estaba claro. No paraba de mirar en todas las direcciones entre gabache, curioso y vigilante… de pronto me di cuenta de que a lo igual que en el pueblo, había altavoces para pregonar, para llamar a la gente, lo cual corroboraba que aquel sitio era gigantesco, mas grande que el mismo Calamocha, hasta había un enorme bloque de pisos donde vivían parte de los trabajadores, y tenían su propio bar… Una ciudad a parte.

Apurando ya el Avia, descargada y cargada, vencida la tarde, el día, Adolfo, tratando de dejar de fumar, en su eterna lucha, llevándose un caramelo a la boca, al tiempo que sacando el mechero para encenderlo, decía aquello de “aunque lleven bata blanca esto es un trabajo muchismo malo, tu no hagas caso a nada, y si puedes no te vayas a matar gorrinos,… todo el día con frío, sea verano o invierno, dentro y fuera de las cámaras, y cargar los camiones y siempre con humedad y agua por todas las partes, y toda vida madrugando que ni descansar puedes…”. “Peor que la mina”, concluía mi padre.

“Bueno, mañana será otro día, y nosotros también madrugaremos, a lo que empiecen a sentirse las motos, al camión”.

Y es que el que más y el que menos, tenia, tiene y quiere seguir teniendo un vecino que antes del amanecer, sea verano o invierno, abra las portaladas de la cochera, saque el coche o la moto y al arrancar marque la hora a todo el barrio, y el pulso de Calamocha empiece a latir un día más… en nuestro caso, y en aquellos años, era la Mobylette naranja de Joaquín “El Malaco”.



La foto es de la primavera del año 1995, el color del cielo estaba precioso. 


jueves, 4 de noviembre de 2010

Ojalá todos los dias, fuesen San Roque...Dicho


16 de agosto de 2010, San Roque.

Vamos a ponernos otra ronda, que no pare la bota, le decía un pastor a su perro, y esta que sea por Vicente, por las fotos que nos has hecho allá en la calle Real a la entrada del  Peirón, en la Procesión.

Siempre había de ser San Roque. mecagüen la leche jodida.

Que hoy sólo nos ha faltado bailar, aunque para eso ya sea tarde para todos, bien críos que éramos y en cuanto se oía la música del baile, la Tia Marceliana, enseguida estaba dispuesta y con un genio que para que, nos agarraba a todos y nos llevaba a bailar al paso de San Roque por la esquina de casa, a nosotros y a toda la chiquillería del Peirón bajo, menuda parva, que ninguno bailamos.

De qué cosas se acuerda uno.

El caso es que para echar un Dicho, aunque sea tarde, aún estamos a tiempo:

"Viva San Roque
Glorioso Patrón San Roque.
Era yo un zagal así como estos.
Y la abuela Xaltación, mi pobre madre, decía:
"Maño, y no tienes miedo de andar.
De dia y de noche, con las ovejas.
Por esos caminos y campos.
Jampudia arriba, Jampudia abajo"
....
Y , a mí, como a ninguno.
Que no me llegaba la camisa al cuello.
 Le decía .
"No madre, no tengo miedo
 Porque voy con mi amigo Vicente
Vicente el Colin"
Viva San Roque".

martes, 26 de octubre de 2010

Los Cinco.


Probablemente fue un libro de Los Cinco, el primero que leí, recuerdo otras páginas, y en concreto muchas del Parvulito, la primera y la última en especial, que me impresionaron, pero nada más, no pasó de ahí la cosa, salimos adelante, logramos aprender a pensar, nos enseñaron.

Recuerdo, luego, otras lecturas, las versiones de Julio Verne en cómic de la Biblioteca de la escuela, que cada viernes me llevaba a casa o los tebeos que cambiábamos en la Relojería de Santiago allá en la Rabal, o los clásicos juveniles de tapas duras, y paginas oscuras y rugosas, que cada año por Navidad, para Reyes claro, que de Papa Nöel nada conocíamos, nos regalaba la Tia Pilarin, con versiones reducidas de los grandes libros, con El Quijote a la cabeza, donde se alternaban las páginas escritas con las viñetas, … y por supuesto Las Aventuras de Tom Sawyer, La Isla del Tesoro, Robinson...

Pero la sensación de cerrar el libro tras leer la última pagina, y pensar con enorme satisfacción, lo he conseguido, fue con Los Cinco. Más de 100 páginas, en hojas que al pasarlas daban escalofríos, de igualmente ásperas que eran, media docena de dibujos, … y fin. Los malos tenían su merecido, triunfaban los buenos, como debe ser.

Algún año después, en el verano cuando había tiempo y uno tras otro, prestados de la Biblioteca del pueblo, debí leerme, toda la colección del Club de Los Cinco, de las aventuras de Julián, Dick, Ana, Jorge, que en realidad se llamaba Jorgina, aunque no le gustaba ni su nombre ni ser una chica, y de Timoteo, que era su perro, Tim, para los amigos. Las vacaciones, las aventuras que siempre encontraban, los tesoros, los pasadizos, la Isla de Kirrim, y los malos, claro… 

Aquellos primeros libros de Los Cinco, fueron dos y llegaron de Barcelona, nos los regalo la María Del Mar, la prima, unos años mayor, fan de la colección, que como cada año llegaba al pueblo a pasar el mes de agosto, cuando las fiestas de San Roque eran Baile, Charanga y Peña La Unión, no tenia aun edad para entrar, pero bueno, como era chica, morena, guapa, simpática y de la capital, de Barcelona nada menos, … no había problemas, cosas de la Democracia.

(Foto. Ella. Por cierto menudo trajín, para ser agosto había en la gasolinera).

Hoy los libros de Los Cinco, su lectura, comprados en una de esas colecciones que salen cada fin de verano, han conseguido lo que parecía imposible, las aventuras de Julián, Dick, Ana, Jorge y Tim han desbancado a Bob Esponja, Calamardo, Patricio, El Sr. Cangrejo y Arenita…  Hasta el punto de querer tomar el Té, en lugar de hamburguesas. Asombroso.

Fin.

PD: En tercero de EGB, en la escuela, Doña Ascensión nos pidió que cada uno llevásemos un libro de casa para así tener nuestra propia Biblioteca en clase, luego cada fin de semana podíamos "llevarnos" un libro diferente.  

Me había gustado tanto aquel primer libro que leí de Los Cinco, que no dude en llevarlo. Por cierto, desapareció.

jueves, 14 de octubre de 2010

Echar un rosquete...


 "Echar un rosquete"

En calamochino puro todo un clásico de la sobremesa, en lenguaje tanto culto como vulgar, dicese de "echar la siesta"... quedarse roque al fin y al cabo.

Y ya se sabe, y más en este tiempo que el "aragones fino, despues de comer, tiene frio", asi que al pie de la estufa, llega el momento de la siesta, de quedarse roque, del rosquete....

Al mismo tiempo se puede ir "aviando" la cena, y poner sobre la estufa una perola con una cebolla para que se vaya asando poco a poco... al calor de las tardes de invierno.

En fin, es lo que apetece ahora...el guiñote puede esperar.

jueves, 7 de octubre de 2010

Menuda pecigera...



Si te paras a pensar un poco y recuerdas lo que decían los abuelos cuando llegaba el frio:  

“Para inviernos los de antes, caían unos hielos y unas nevadas de tres pares de … vamos que te entraba una pecigera, que no había dios que saliera de casa,.. la nieve hasta la cintura, venga a quitar paladas de la puerta y mirabas para arriba al tejao, con un metro nieve, rezando para que no fallase, y veías unos chupones en las canales, que había que ir con un cuidado de que no te cayesen encima y rompiesen la crisma, una barbaridad, hasta el Santo Cristo, el pobre, se helaba, en el corral, en las cortes y cuadras, las caballerías no podían ni beber, las gallinas, las vacas, lo pasaban jodidamente, y habia que cerrar los graneros para que no se te helase el tocino. Y nosotros, a esperar que escampase, todo el santo día sin cantearnos de la estufa y la gloria, venga que no les faltase leña, en el cuarto encerrados o en la cocina, por que en el resto de la casa no se podía estar, allí amodorraos, que te entraba una filosera, una balaguera, … Entonces si que hacia frío, ahora, nada, ni aun fresco, pero somos todos ya tan señoritos”.

Si no fueran porque nuestros padres daban fe de ello, y aportaban sus propios recuerdos, hubiéramos pensado que nuestros abuelos eran unos exagerados, que de buena fe nos mentían más que hablaban por mal de entretenernos, que no hacían sino contarnos otro cuento más para que viéramos la suerte que teníamos y hacernos ver que no sabíamos valorar, aquellos inviernos tan flojos, de cuatro dedos de nieve, de algún que otro hielo, que vivíamos, ya con estufas, de gas, de luz, por todos los lados…como si fuesemos los Marqueses de Monflorite.

Ahora que llegan estas fechas, el Pilar, aun con tomates en el Ventorrillo, echas la vista atrás, pero no tanto, y dices aquello de “recuerdo un Pilar que nevó, un frío terrible, entonces el invierno empezaba antes. Ahora este tiempo da hasta malagana, si esto sigue así, unos años mas y celebraremos la noche de Navidad en la playa… ”.

Obviamente te miran raro... como si mintieses, como si les engañases, como uno a sus abuelos años atras.

Ya sé que cuesta creer, que hoy vamos en manga corta, que dormimos con la ventana abierta, pero entonces para el Pilar ya era invierno, ya se empezaba a esbrinar el zafran, y hasta nevaba… cualquier abuelo puede darme la razón, y los huertos, todos negros, quemados del hielo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Aquellas primeras clases de valenciano...

 
 
Recuerdo que cuando era niño, la primera lección de valenciano de la que tengo constancia, corrió a cargo de mi abuela Xaltación, y su consabido, “ale, mañico mone a sopar que digüen els valencians”.

 Abuela cuyo nombre levanta profunda admiración y respeto  en concreto se llamaba Exaltación de la Santa Cruz,  había pasado parte de su niñez y juventud a caballo entre Calamocha y la capital del Reino que era como se conocía a Valencia.
Decía otras muchas cosas en valenciano, pero al haber comida de por medio, es esta de la que uno mejor se acuerda.

A buen seguro, aun habrá a la vera del Turia, alguna  abuela nostálgica de tiempos mejores y pasados, que  recostada y somnolienta en un maltrecho banco se acordara de ella:  “de cuan era xiqueta  solo m´enrecordo de una cosa, me vais cuidar una dona  molt bonica ella, de allá de la part Teruel que le decian, Exaltación, como cuinaba tu…clar, que te hablo de abans de la guerra, a on estará ya la Xaltación” 


( De las mayores de la fila de atras, la más pequeña )

Un nombre así, ni se olvida ni lo lleva cualquiera… Hoy harían falta un par de castañas bien grandes para llevarlo, que digo, un par, media docena.

Las lecciones se fueron sucediendo, años después, fue Manolo el encargado de hacer de nosotros unos poliglotas a propósito del valenciano, el padre del Tete Manolin, quien hace unos días volvió al pueblo a recoger a su madre. 

Una vez más se  termino el verano, cumpliendo así la tradición de los últimos 50 años, corto me quedo seguro, …  La Maria regresaba a Valencia.

Fue ella la primera mujer que me tuvo en brazos, aunque eso ya es otra historia, .. y dijo aquello de “Collons Tia Rosa, esto es un chico, ¿qué hacemos?”Dirigiéndose  a mi otra abuela. 

“Redios que sanantonada, no me jodas maña, ahora si que la has hecho buena”, debió de contestarle “yo tia, es lo que veo, y es tan bonico” … “otro chico, … ale, ale, recógelo que le vamos hacer, ni  nombre tiene,…Santo Cristo l´Arrabal, que jodienda copón bendito”.

Siendo estrictos, esa fue realmente mi primera lección de valenciano… “practico y real”.

Debía de ser noviembre, para Todos los Santos,  “invierno” de los de antes, pero no tanto, y habrían venido a dar vuelta del Cementerio, Manolo padre, como era costumbre en él, al punto la mañana estaría limpiando el coche (el Renault 9 verde, el de los altavoces Philips que tapaba con un manta por que tenían frio, hasta en Valencia, …bueno, allí debía ser por  si las  moscas, también escondía el casete tras una funda de madera que imitaba el color del salpicadero, maestro carpintero que era, un artista, … entonces si que se apreciaban las cosas, y se ponía cuidado, ahora, que te roben el casete te da lo mismo, y hasta te enfadas si de paso no te roban el coche, … que pague el seguro, esos sinvergüenzas). 

Así que a Manolo, sin importarle ni que se helase el agua, ni que le diese “un pelo” como a las vacas al día siguiente, tal vez creyendo estar aun en Valencia, seguía a lo suyo  sin darse cuenta de que muy probablemente estuviésemos bajo cero, mientras las mujeres de la casa a través de la ventana, en buena lógica, le decían de todo menos bonito, razón no les faltaba. Era la dijenda de l´Arrabal. Era menester ser tonto para … con lo limpio que estaba el coche.

Agobiado, a buen seguro jodido de frio, con la faena terminada, un hombre que se precie, y el lo era,  debe acabar lo que empieza,  sin discutir con nadie que no era menester, busco refugio en casa de la Visi, un poco de tranquilidad y compresión entre hombres.

 Allí donde al resguardo de la estufa, nosotros,  estábamos jugando a la Escoba a la espera de que la tele, en una de sus dos cadenas de aquellos años, “echase” algo que se pudiese ver, ya entonces, como ahora con cien canales, nada que ver había .

“Che, que bien estáis aquí, collons quina temperatura, la mare que va…, ¿a que jugáis, que yo también quiero?, ale, hacerme un hueco ahí al lado de la estufa, pare ver si entro en calor, una cosa chiquillos… ¿Dónde guarda vuestro padre las bebidas?, sacarme una copa, no mejor un vaso, que ya no son horas de copas, … no se lo digáis a nadie, pero ahora que no me ven, me voy hacer un “barrechat” que no se lo salta un…”.

Debió de ser tal nuestra cara de extrañeza que se apresuro a explicarnos lo que era. 

“Un Barrechat es esto, ya veréis, que cosa más buena, pero silencio eh,… aquí el Tete Manolo, no ha bebido nada que no salga del grifo,… se coge el vaso, se ponen dos dedicos de anis, y otros dos de coñac, se revuelve un poco, … y listo, esto te deja como nuevo. Venga, mone a sentarnos con tranquilidad, cerrar bien la puerta, tanca, tanca, que se oiga si la abren, y vamos a jugar y a charrar, … ¿queréis que hablemos, de mujeres?... Os cuento, lo complicadas que son….”

PD Capitulo a parte merecerían las clases de mi Tia Felisa, nacida en Torrijo del Campo, valenciana hasta la figa,  viva estampa de mi sobrino, con la que seguro comparte genes de patria chica, que cada verano llegaba al pueblo, bajo la bandera de la Chufa, la Paella, el Vademecun y el Agua de Valencia…

Era la revolución, los de Torrijo eran asi, tremendista, incansable, quien cuando hablando se acaloraba, cosa que pasaba día, si día también,  se dejaba llevar por la emoción y comenzaba a parlar valencia “y no res,  asi que  voy agafar al tio dels collons, allí d´avant de tots y le vas dir cuatre coses a la cara, y se la vas trecanr, que no tin vergoña ni res, la mare que lo va parir al fill de puta ese, cuatro hostias y a fer la ma, home, que ya esta be”  … Un misterio de la historia, como la República pudo perder la guerra, estando la Felisa entre sus filas. Yo la verdad, no me lo explico.