Como cada año te escribo
esta carta padre, la cual hace ya la número seis desde que marchaste a la
Cañadilla, para entregarte con ella la crónica de un último año de ensueño y
trabajo.
Queda ahora cuando
comienzo a escribirte una semana para navidad y llevo un trancazo descomunal. ¡Yo
que nunca me resfriaba! ¡Yo que llevo todas las vacunas posibles! Ando con una
nueva gripe española a la que sumo un cansancio enorme acumulado a lo largo de
un año tan bonito como rebosante de trabajo. Pastillas y más pastillas me acompañan,
pero nada me calma más llegada la noche que ese vaso de vino a la hora de sopar
como decía la Xaltación, tu madre, vaso en el cual busco la calma y el sabor de
aquel vino negro de la cooperativa que junto al clarete de Cariñena nos hizo
crecer. Noches en las que no veo más fin que el de mí mismo.
Por las mañanas siento un
frio terrible y todo abrigo es poco. La humedad me devora, y voy a tener que
calzarme las botas militares, resulta como si cada despertar fuera el vía
crucis del jueves santo en Calamocha, y hasta ponerme guantes me temo voy a
necesitar. Mi corazón, generoso, marca el paso a su aire y no quiere saber nada
de mí y en estos días tan escasos de luz no da para más. Sin embargo, para que
puedas hacerte una idea; Esta mañana aquí en Castellon había la misma
temperatura que muchas noches de San Roque después de una tormenta, cuando solíais
ir a buscar caracoles a carburo, mientras los demás estaban de fiesta. Y sin
embargo, siento frio.
Cuando ahora va a
comenzar un nuevo año solo pienso en acabarlo. Me pregunto que ha sido de la
ilusión de dejar atrás un invierno y abrazar la primavera. Temo que un año
volveré a Calamocha por navidad y me sentiré la persona más sola del mundo. No habrá
jamón en el granero ni vino en la bodega. No habrá vida, solo frio y humedad.
La juventud hace tiempo me abandono y tú me lo recuerdas cada vez que paso por
el cementerio a ver como andas. Aquel día de junio cuando deje la estatua del
Batallador a los pies de tu lápida o ya en agosto los dichos que escribí,
alguno eche por San Roque y el discurso como mantenedor, la visita obligada por
todos los santos y otras más.
Fue un año soñado, en
realidad inimaginable, salir adelante costo lo suyo. Hoy quedan fotos y
escritos y la misma crónica donde doy cuenta de todo y también quedan montones
de cosas pendientes. En realidad, la vida parece ser eso, dejar cosas por hacer,
junto con la certeza de que cuanto más leo a quienes me precedieron más me
convence la idea de que avanzamos tan a pasos agigantados que no nos damos
cuenta de lo que dejamos atrás y ¡otra vez San Roque!
El espejo, juez sin
piedad, no miente tampoco lo hacen las fotos. Cada vez me reconozco con mayor
dificultad, al tiempo que veo en mi rostro los rasgos de tu padre, mi abuelo José
el Auge, o del tío Manolo, tu hermano, y los tuyos por supuesto. Mi rostro me
está abandonado pasando a ser esa cara que recordaran quienes vienen detrás
arreando, mientras temo llegue ese día en el que ni siquiera me vea.
PD Mama anda flojica, vale
pocas perras.
EL COMARCAL DEL JILOCA MAYO 2026

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