sábado, 30 de mayo de 2026

Carta a mi padre muerto VI

 


Como cada año te escribo esta carta padre, la cual hace ya la número seis desde que marchaste a la Cañadilla, para entregarte con ella la crónica de un último año de ensueño y trabajo.

Queda ahora cuando comienzo a escribirte una semana para navidad y llevo un trancazo descomunal. ¡Yo que nunca me resfriaba! ¡Yo que llevo todas las vacunas posibles! Ando con una nueva gripe española a la que sumo un cansancio enorme acumulado a lo largo de un año tan bonito como rebosante de trabajo. Pastillas y más pastillas me acompañan, pero nada me calma más llegada la noche que ese vaso de vino a la hora de sopar como decía la Xaltación, tu madre, vaso en el cual busco la calma y el sabor de aquel vino negro de la cooperativa que junto al clarete de Cariñena nos hizo crecer. Noches en las que no veo más fin que el de mí mismo.

Por las mañanas siento un frio terrible y todo abrigo es poco. La humedad me devora, y voy a tener que calzarme las botas militares, resulta como si cada despertar fuera el vía crucis del jueves santo en Calamocha, y hasta ponerme guantes me temo voy a necesitar. Mi corazón, generoso, marca el paso a su aire y no quiere saber nada de mí y en estos días tan escasos de luz no da para más. Sin embargo, para que puedas hacerte una idea; Esta mañana aquí en Castellon había la misma temperatura que muchas noches de San Roque después de una tormenta, cuando solíais ir a buscar caracoles a carburo, mientras los demás estaban de fiesta. Y sin embargo, siento frio.

Cuando ahora va a comenzar un nuevo año solo pienso en acabarlo. Me pregunto que ha sido de la ilusión de dejar atrás un invierno y abrazar la primavera. Temo que un año volveré a Calamocha por navidad y me sentiré la persona más sola del mundo. No habrá jamón en el granero ni vino en la bodega. No habrá vida, solo frio y humedad. La juventud hace tiempo me abandono y tú me lo recuerdas cada vez que paso por el cementerio a ver como andas. Aquel día de junio cuando deje la estatua del Batallador a los pies de tu lápida o ya en agosto los dichos que escribí, alguno eche por San Roque y el discurso como mantenedor, la visita obligada por todos los santos y otras más.



Fue un año soñado, en realidad inimaginable, salir adelante costo lo suyo. Hoy quedan fotos y escritos y la misma crónica donde doy cuenta de todo y también quedan montones de cosas pendientes. En realidad, la vida parece ser eso, dejar cosas por hacer, junto con la certeza de que cuanto más leo a quienes me precedieron más me convence la idea de que avanzamos tan a pasos agigantados que no nos damos cuenta de lo que dejamos atrás y ¡otra vez San Roque!

El espejo, juez sin piedad, no miente tampoco lo hacen las fotos. Cada vez me reconozco con mayor dificultad, al tiempo que veo en mi rostro los rasgos de tu padre, mi abuelo José el Auge, o del tío Manolo, tu hermano, y los tuyos por supuesto. Mi rostro me está abandonado pasando a ser esa cara que recordaran quienes vienen detrás arreando, mientras temo llegue ese día en el que ni siquiera me vea.

PD Mama anda flojica, vale pocas perras.

EL COMARCAL DEL JILOCA MAYO 2026

lunes, 25 de mayo de 2026

Don José Antonio Polo, jotero calamochino. Académico de Honor de la Academia de las Artes y el Folclore Aragonés

 

Nunca es tarde

Don José Antonio Polo, jotero calamochino

Sera nombrado hoy 26 de mayo de 2026 en la Sala de la Corona del Edificio Pignatelli

Académico de Honor de la Academia de las Artes y el Folclore Aragonés

Felicidades

 


José Antonio Polo canta jotas. Le echo un pulso al cielo y se gano la gloria jotera desde la ribera del Ebro más allá de Aragón al Jiloca.

Antes cantó boleros y hasta hizo sus pinitos en el mundo del rock como cantante de Los Jamid aquel grupo calamochino que amenizase las verbenas de su generación allá por los setenta. Este cronista puede recordarlos pues los vio tocar bajo el porche de la ermita unas fiestas del Santo Cristo en medio del frio. Incluso salían de gira por todo el país del Jiloca. Bien lo recuerda en Lechago el amigo Agustin Martin, donde con sus guitarras eléctricas triunfaron mucho antes que los Amics.



Jotero de un único disco, ¡pero que disco! Atesora más que sobrados méritos para tal reconocimiento, entre otros su constante divulgación de la jota a través de las redes, sus jotas con solo su voz y el paisaje de fondo grabadas cuando se lo pide el corazón y enviadas a sus cientos de amigos entre Aragon, La Rioja y su Navarra querida, patria esta donde se siente uno más y lo quieren a rabiar

De entre todo el disco me quedo con su versión de S´ha feito de nuei la cual resulta absolutamente maravillosa.. Una obra de arte preciosa dentro de un disco extraordinario lleno de alegres acordes y voz cariñosa. Presa en Alcala de Henares su misma voz necesita convertirse en la banda sonora de nuestros días de fiesta en Calamocha, su reconocimiento lo avala.

Constatado queda una vez más que los calamochinos somos dados a todo tipo de gestas.

 


viernes, 8 de mayo de 2026

Domingo de Resurrección

 

Después de haber sufrido el verdadero frío de Calamocha. Aquel que se siente cuando queremos y no podemos disfrutar de la fiesta, religiosa en este caso. Llegó por fin un día precioso de un sol radiante. 

Madrugamos dejando las maletas preparadas y la casa aviada, marchando cara la iglesia. La próxima vez, salvo imprevistos de la vida será por San Roque. En la esquina de las escuelas saludamos al capitán a quien imagino la mujer ha mandado por pan y pasteles. 

Al llegar a la sacristía, a los hermanos, tras años, en algunos casos décadas, compruebo nos empieza a sobrar todo, deseando por una parte acaben los actos y por otra tal vez vivir la Semana Santa de un modo diferente, dicho en cristiano, menos procesiones, más fiesta, menos penitencia, más pasión. El hermano del clarinete sacará el estandarte y Cecilia hará de hermano mayor del Nazareno. Patricia desde la Junta me pide tome fotos para el Diario de Teruel. 

Los hermanos en corro comentan lo sucedido el día anterior, cuando el primer bailador don Francisco cayó de sus pies allí mismo en lugar sagrado y entre santos a quienes tenemos por protectores de todos los males, a resultas de lo cual salió mal parado para un par de meses. 

Ya en misa, al hacer buen tiempo fuera, que no dentro, otra vez sin calefacción a causa del cierre del estrecho de Ormuz, no había palomas y canto como es habitual el Coro de la Parroquia, con mayúsculas. Y lo hizo como siempre maravillosamente, haciéndote sentir en la gloria y regalándote el momento cumbre de la semana; El cual vino a suceder cuando canto a capela y en solitario desde el altar mayor la calamochina Marivi. Siendo Doña Conchita, integrante del Coro y habitual colaborada de la crónica, quien me da los detalles. “Es una oración, narración en este caso de la resurrección, viene en el misal leccionario después de la segunda lectura, aleluya y antes del evangelio. Siempre se había hecho leída y hoy se ha cantado”

Como me susurro años atrás Chabier de Jaime, “a los calamochinos nos cuesta aplaudirnos a nosotros mismos” Aquel momento, al acabar de cantar Marivi, debió haberse culminado con un aplauso atronador por parte de los allí presentes. Solo el temor a que la iglesia se nos cayese encima nos lo impidió. 





Se salió en procesión, en su recorrido habitual: Castellana, Cantón, Real, Peirón, Mayor, Monjas y plaza. Delante la Cruz Procesional la llevaba Añón a continuación, los estandartes luego la imagen del Resucitado y detrás el cura, hermanos mayores y las pocas autoridades que acudieron José María y Ruben. El alcalde, más listo que nadie, en su día, lo mismo que me contara el ya retirado bailador don José El Cerillas, supongo no se dejó atrapar por ninguna cofradía, y se toma vacaciones. 

De vuelta a las gradas dispuestas un par de mesas con bizcocho y mistela. Sin embargo, para alcanzar su gloria tuvimos primero que pasar al interior para que el cura nos permitiese marchar en paz. 

Y cuando uno no esperaba ya nada resulto verse agraciado con otro de esos grandes momentos en medio de estos días de frio y penitencia. No sé cómo describir aquel Bizcocho, nuevamente con mayúsculas, sinceramente no tengo palabras, salvo que jamás comí algo tan bueno.

Y en eso coincidimos los pocos que allí quedábamos. Valentin a su vez apostaba por la megafonía para el clarinete y pedí al Pregonero, el discurso que me perdí, y juntos dábamos las gracias no a Dios sino a la Junta que tan bien ha sabido cocinarlo todo. Como bien dice el castellonero Mosen Alejandro, “si quieres que vaya gente a misa, tienes que dar algo, aunque sea una rama de olivo”. Mosen Paco, Esperánt y Lambert deberían dar de comulgar con bizcocho en lugar de repartir ()

En medio del calor volvimos a casa, recoger los hábitos, comer y marchar para Castellon. La Semana Santa un año más en lugar de resucitar agonizo otro poco, achaques propios de la edad y unos tiempos nunca fáciles. Quien, si resucitó, con el Patre de testigo allá en Sevilla, fue el Maestro del toreo Morante de la Puebla: “Vuelvo por qué hago falta” dijo. Nosotros también volveremos, sin duda, todos hacemos falta. 

Dicen las crónicas de dos décadas atrás que antaño se vestían 900 calamochinos, hoy dicen son 500 y contados uno a uno el viernes santo de tres años atrás fueron 342

 

Publicado en El Comarcal del Jiloca Abril 2026