Vicente Cutando Pamplona nació el día 20 de enero de 1926 en Calamocha y sus
primeros años transcurrieron entre juegos, asistencia a la flamante escuela inaugurada
en tiempo republicano y algunos ratos pasaron también en el café que su padre
tenía abierto al público en la calle Justino Bernard. Comenzó a desarrollar su vocación de escultor en los años
escolares gracias al estímulo de su maestro de primeras letras Ricardo Mallén. En
la inmediata posguerra aprendió dibujo académico con Ángel Novella en Teruel; enseñanzas
artísticas en la Academia de San Carlos de Valencia con José Arnal, que hizo
ver al chico el valor de la humildad y del estilo clásico. Los aprendizajes posteriores
en la Escuela de San Fernando de Madrid, con los maestros Moisés de Huerta y
Enrique Pérez Comendador, ayudaron a dar mayor intención y profundidad a los
trabajos escultóricos del escolar. No le tocó vivir un tiempo fácil y, sin
embargo, perseveró hasta terminar sus estudios gracias a su excelente
disposición y a la obtención ininterrumpida de becas.
En el tiempo de
estudiante en Madrid confirmó ya la calidad artística de sus trabajos. Así, en
el curso 1944-1945 ganó el primer premio de Estado en escultura con un desnudo
de atleta; en el 1945-1946, el premio Carmen del Río con el modelado de otro
desnudo masculino (Adolescente); ya
egresado, en 1953, se alzaría con otro primer premio de escultura en la
Exposición de Educación y Descanso. Una vez casado y con familia, lanzó su vida
profesional en Teruel donde dio continuidad a una carrera que necesariamente
tenía que ir en paralelo con otro tipo de empleos de pane lucrando. En 1962 trasladó su residencia a la ciudad
francesa de Lille como emigrante y en las décadas setenta y ochenta pasó a
vivir a la ciudad de Ávila para ocupar un puesto de profesor de Dibujo en un
colegio. En las distintas ciudades de residencia alternó
distintos empleos con el trabajo escultórico, que lo llevó a presentar obra y
merecer reconocimientos y premios en lugares como Lille, París, Ávila o
Valladolid.
Llegó a ser un escultor versátil que manejó distintos
materiales: barro, madera, alabastro, escayola, bronce, piedra o porcelana. Las
técnicas de la pintura tampoco le resultaron ajenas, y supo infundir a su obra anhelo
de elevación. Él mismo se definió en un momento determinado como “tímido,
apasionado e independiente”. El perfil de filósofo bohemio, según los que lo
conocieron, no fue incompatible con su laboriosidad y sentido humano, que dejó
ver en cada una de sus creaciones. Dijo en otra ocasión que “el verdadero
artista debe odiar toda bajeza, toda humillación, y que digan de él lo que
quieran”.
Cuando se observan algunas piezas de su producción y se leen
los comentarios de la prensa de la época, se extrae como primera idea su
alineamiento en el estilo clásico, sin concesiones al modernismo. María Isabel
Sepúlveda, en su libro sobre el arte en la década de los años cincuenta,
incluye a Cutando en el grupo de escultores aragoneses situados “en la
retaguardia de la tradición académica”, que tiene como normas de referencia la
tradición clásica y académica. Constata la estudiosa la admiración sentida por
Cutando hacia Fidias, Miguel Ángel y Rodin. Sin embargo, a partir de la
adquisición de esos fundamentos clásicos, en el tiempo de residencia en Lille, pudo
elaborar una obra decantada hacia la vanguardia.
El resultado es el sello original reflejado a lo largo de su
evolución artística. Destacó como retratista en bustos de arcilla y madera deudores
de un clasicismo renacentista que dejaban traslucir sentimientos (empezó
esculpiendo el rostro de su propio padre). En segundo lugar, y debido al
magisterio de alguno de sus profesores, se convirtió en un imaginero que dio
vida en piedra y en otros materiales a figuras vinculadas a la religión
católica (el San Bernardo de la fuente de Gea de Albarracín, los Sagrados
Corazones de Jesús de Pozondón y Molina de Aragón, el Niño Jesús para la
catedral de Teruel o, en Ávila, Santa Teresa y su hermano jugando a ser
ermitaños). La tercera vertiente es la de decorador de tipo moderno, manifestada
en dioramas y porcelanas expuestos en la III Feria Internacional del Campo de
Madrid de 1956 que homenajean a mitos del imaginario aragonés como los Amantes
de Teruel o Agustina de Aragón. En las décadas siguientes, correspondientes al
tiempo de Lille y Ávila, observamos trabajos en los que el artista experimenta
con técnicas cercanas al expresionismo (escultura del rostro del general De
Gaulle) o, incluso, al surrealismo y a la abstracción, por lo que, aun
tratándose de un artista de perfil clásico, se abre a la vanguardia, como se
ve, por ejemplo, en las piezas Delirium
y Fecundación.
A diferencia
de lo que ocurre con su tío Clemente Pamplona Blasco, periodista,
guionista y director de
cine, el nombre de Vicente Cutando Pamplona no suele aparecer en
los catálogos y repertorios sobre las artes, cuando el trabajo por él realizado
supera la calidad exigible para figurar en los estudios de la crítica. Sus
hijas Pilar y María Jesús, en el homenaje-exposición que Calamocha le dedicó el 7 de diciembre de
2013, dejaron constancia del gran amor que su padre sintió por la villa del
Jiloca. Tal como se lee en la esquela publicada en Diario de Teruel (20-9-1994, p. 8), sus restos volverían al
cementerio del lugar de nacimiento tras encontrar la muerte en Alcalá de
Henares (donde pasó los dos últimos años de vida) el día 18 de septiembre de
1994. Sirvan las líneas que anteceden como homenaje al artista en
su centenario.
Fermín Ezpeleta Aguilar
Doctor en Filología Hispánica

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