Front d'Aragó: 123 brigada mixta: Memòries d'un Mestre.
Florenci Ollé i Riba (Vallbona d'Anoia,
1910 – Barcelona, 1995).
Tasncripion de las
páginas relativas a la Batalla de Singra de una obra imprescindible para
recordar y tener constancia de lo ocurrido en Singra. “Espectador privilegiado”
desde su puesto de Observación vera y nos contará, nos dará detalles de las
operaciones militares, así como sus impresiones y reflexiones. Humano y
sencillo, a la hora de contar lo que vio y sintió. Crónica de quien vivió para
contarlo
Maestro llamado a filas,
dejo constancia para si mismo, de su paso por la guerra de un modo tan realista
como humano, una delicia de lectura, un horror haber vivido aquellos días. Y
mil gracias a la familia por darnos mas tarde a leer su testimonio, con nieta presente en las primeras jornadas de la recreación de la batalla en 2024.
Por fin hoy 21 de enero
de 1938 ha llegado la orden de marchar. Hemos preparado todas
nuestras cosas empaquetando el archivo y los aparatos de observación.
Estamos nerviosos y quien
más y quien menos disimula su verdadero estado de ánimo aparentando una
tranquilidad que en realidad no siente. Algunos cantan, aunque sus canciones no
tienen esa melodía que la alegría hace salir de un modo natural. Cuando uno camina
hacia el combate se siente invadido por la melancolía.
No sabemos a qué hora
marcharemos ni a dónde iremos. Solo que nos han ordenado dormir vestidos con el
fin de acudir al Toque de Generala cuanto más deprisa, mejor.
Los soldados en vísperas
de las operaciones beben más de la cuenta con el fin de ahogar la sombra de los
malos momentos que se aproximan.
Todo se ha retrasado, ha
pasado la noche, y no hemos salido tal como estaba previsto. Según parece
marcharemos esta tarde. Por fin a las cuatro nos han dado de cenar y en medio
de un gran revuelo hemos marchado hacia la carretera donde esperaban los
camiones.
A las seis hemos salido
de Andorra donde hemos estado unos veinte días y la gente del
pueblo nos ha acompañado para despedirnos. Ha sido emocionante.
La caravana ha marchado
por la carretera de Alcorisa, pasando por este y por otros muchos pueblos donde
todavía se ve la nieve. Por fin, después de recorrer muchos kilómetros a las dos
de la madrugada hemos llegado al fin de nuestro viaje.
El lugar donde hemos
desembarcado está en medio del campo y según parece se encuentra muy próximo a
las líneas enemigas. Nos hemos instalado al pie de una montaña
entre las encinas para que el aire fresco no nos dé de una manera directa y también
para que al hacerse de día no nos localice la aviación enemiga, la cual nos
dicen viene mucho por este sector.
Al hacer de dia ha venido
Avel·lí Artís y me ha dicho que preparase las cosas ya que la Brigada quiere
montar un Observatorio en la cima de la Sierra Palomera donde ya tiene
instalado uno el XIII Cuerpo del Ejército. El lugar es adecuado y seguro. De
cemento armado a prueba de bombas. Y pasamos la tarde observando el campo
enemigo, el cual desde aquí se domina completamente.
Al pie de la montaña hay
un extenso valle muy llano con tierras de cultivo que ahora parecen abandonadas,
al final de la llanura que debe tener una extensión de 6 o 7 kilómetros hay
algunos pueblos muy próximos unos de otros y se ve también la vía del tren y
dos carreteras, con intenso trafico durante todo el día que van a Teruel.
Avel·lí ha dicho que por
la mañana comenzarán las operaciones y que nuestra Brigada tiene como objetivo
el pueblo de Singra con el fin de cortar las comunicaciones entre Teruel y
Zaragoza.
Avel·lí está muy nervioso,
lo cual no es corriente en él. Parece que la operación es importante y delicada
por la envergadura que se le va dando.
El Observatorio que la
Brigada quiere instalar será controlado personalmente por él y como necesita de
tres o cuatro ayudantes, buscará a los amigos de más confianza para apartarlos
de la tormenta que se aproxima, ya que según él, no quedará ni una rata. ¡Estamos
listos!
De vuelta al campamento
he hablado con mi Comandante y le he comunicado que la Brigada seguramente me
reclamará para formar parte del Observatorio. La cosa no le ha caído muy bien,
pero cuando Avel·lí me ha telefoneado para que me ponga en camino, no se ha
opuesto y me voy contento mientras dejo al Mange, mi ayudante, para que se haga
cargo del Servicio de Información del Batallón.
Con Avel·lí hemos salido
hacia el Monte Perdido donde pensamos montar el Observatorio, y una sección de Zapadores
se ha encargado de organizarlo. A unos cuántos metros de distancia de dónde
está construido el Observatorio hay un blocao muy firme que ocupa el Comandante
de la 130 Brigada. Mientras los zapadores arreglan el Observatorio, hemos
entrado dentro de esos blocaos donde nos han cedido un catre para descansar
unas horas.
Finalmente a las cinco de
la mañana hemos tomado posesión de nuestro Observatorio, el cual podría
convertirse en nuestra tumba, dentro estaba ya el Avel·lí,
Jefe de Información de la Brigada, Teixidó, amigo de Avel·lí y Jefe de Información
del Tercer Batallón, el Bacardit, Topógrafo de la Brigada y yo Jefe de Información
del Primer Batallón. Todos de la 123 Brigada.
Lo que los Zapadores han
hecho no ofrece ninguna garantía, tan solo se trata de una especie de trinchera
de unos 4 metros de largo por un metro de anchura y en el lugar donde el
terreno queda demasiado descubierto han colocado sacos terreros y ramas de
árboles para camuflarlo.
A pesar de las
disposiciones tomadas, el ataque no ha tenido lugar. No obstante, hemos
permanecido en nuestro lugar. Al mediodía, nos han traído provisiones y hemos
aprovechado la tarde para salir del blocao, mientras una Compañía de Zapadores
ha venido a perfeccionar el Observatorio que ahora parece más seguro.
Durante la noche por fin ha
hecho acto de presencia nuestro Batallón, tomando posiciones, mientras nosotros
seguimos encerrados dentro de nuestro Observatorio, esperando la hora.
Poco después se han
iniciado un pequeño tiroteo y un cuarto de hora más tarde se ha intensificado y
acabado con el característico ruido de combate, fusiles y ametralladoras
cantaban sin cesar y las bombas de mano no paraban.
Estamos envueltos por la
emoción, hombro con hombro uno contra otro, el lugar es muy pequeño para los
cuatro. El tiroteo no para, pero parece que la cosa no va a mayores.
Al amanecer hemos visto a
nuestras fuerzas escampadas por la llanura, la batalla cada vez más intensa y
la artillería enemiga ha comenzado a disparar intensamente. Y cuando el sol ha
iluminado toda la llanura hemos sentido el intenso runrún de la aviación, lo
cual significaba que los aparatos debían ser numerosos.
Dentro del Observatorio
un escalofrío nos ha recorrido todo el cuerpo. En silencio el pánico en nuestro
rostro adivinaba la gravedad de la situación cuando por fin hemos podido ver
los aparatos en formación hemos y podido contar 150 que volaban a una altura
insignificante.
Nuestra defensa antiaérea
no existe, es nula, los aparatos enemigos bombardean y pasan y vuelven a pasar
por delante y por encima de nosotros con total impunidad.
En la falda de la montaña
que se ve al fondo, frente a nosotros, está el pueblo de Santa Eulalia,
Torrelacárcel y Alba y podemos ver cómo las baterías enemigas allí emplazadas,
disparan sin parar hacia la llanura sobre nuestros soldados.
Poco a poco la aviación
ha comenzado primero han unas bombas, pero después su intensidad era tan grande
que parecía que las montañas nos caerían encima y grandes y espesas columnas de
humo tapaban la visibilidad como si de niebla extendida sobre la llanura se
tratase y el olor a pólvora nos asfixiaba dentro del refugio.
Las ametralladoras de los
cazas se sentían cantar intensamente muy cerca de nosotros y entre los pequeños
claros que dejaba el humo sobre la llanura, hemos visto como nuestros soldados
corrían desesperados bajo una lluvia de metralla que les enviaba tanto aviación
como la artillería de manera ininterrumpida.
Con los prismáticos hemos
podido ver cómo caían las bombas sobre los soldados refugiados al pie de un
ribazo y como los pobres salían lanzados por los aires. Al cabo de una hora
la llanura estaba literalmente sembrada de agujeros a consecuencia de las
explosiones.
No hay duda alguna: la
operación no puede triunfar, no tenemos nada conque replicar al
enemigo, nuestra aviación no aparece, tan solo disponemos de tres o cuatro
piezas de artillería que disparan muy de tanto en tanto.
El objetivo podría ser
importante, pero intentar conseguirlo sin los medios necesarios, como estamos
comprobando, es ir hacia el fracaso más estrepitoso y
hacia la aniquilación de manera irresponsable de nuestra tropa.
A lo largo de todo el día
la aviación ha hecho acto de presencia sobre el campo de
batalla sin parar de sembrar torrentes de bombas y metralla y ha habido un
momento en que en el número de aparatos sobrepasaba los trescientos.
Cerca del mediodía
nuestro Observatorio ha sido localizado y la aviación nos ha ametrallado varias
veces. Las balas se sentían batir furiosas contra los sacos terreros. Amontonados
los unos sobre los otros, pálidos y sin aliento esperamos impávidos el final
del drama. No hay duda de que hemos sido descubiertos.
Durante la mañana instantes
después del último ametrallamiento hemos sentido un ruido cortante y penetrante
e instintivamente nos hemos encogido, seguidas de una serie de explosiones
contundentes, enormes, muy cerca de donde estamos que nos han dejado helados. Parecía
como si la tierra se oscureciese, quedando totalmente cubiertos de tierra envueltos
en un irrespirable humo espeso. Algunos de los sacos que hacían de barrera se
han reventado y la tierra que ha caído sobre nosotros dejándonos medio
enterrados, en total nos han caído unas 40 bombas, afortunadamente ninguna
ha hecho blanco sobre el Observatorio.
Poco a poco sentimos
alejarse a la aviación y eso nos ha hace reaccionar. Nuestro teléfono ha
sonado. El ring ahogado por la tierra que lo cubría nos ha hecho despertar. El Comandante
de la Brigada, instalado en el blocao situado unos metros más adelante nos ha
preguntado cómo estábamos. Ayer les cayeron dos bombas sobre el refugio, pero
como era fuerte, resistió, sin embargo, han muerto dos soldados de enlace cerca
de la boca de entrada, y también hay algunos soldados heridos.
Por la tarde, la aviación
no nos ha molestado, porque está concentrada sobre la llanura donde se ven nuestros
soldados los unos muertos y los otros procurando resguardarse entre los hoyos
que han dejado las bombas.
Nuestra preocupación en
estos momentos es mirar al sol. Estamos situados en una pendiente de la montaña
que da al oeste y vemos como poco a poco va desapareciendo. Finalmente la calma
se apodera del valle. Y por fin salimos de nuestro agujero donde hemos estado
alrededor de doce horas, apretados, nerviosos y agotados.
Ha sido un día terrible, he
visto rondarme la muerte infinitas veces, afortunadamente la hemos podido esquivar.
Pero cuántos serán los que allá abajo, en la llanura, no habrán visto la puesta
del Sol del día de hoy, 25 de enero de 1938
Totalmente de noche y por
las carreteras que conducen a Teruel se ven luces y luces de camiones las
cuales hacen prever que el enemigo está recibiendo gran cantidad refuerzos.
Nota curiosa.
Tiempo después acabada la
guerra supe que aquellas luces no eran nada más que una hábil estratagema del
enemigo para despistar a nuestro Comandante y desmoralizarnos. Parecían
grandes caravanas de camiones que se dirigían al frente para reforzar Teruel
pero no eran nada más que una serie de bombillas colgadas a lo largo de la
carretera que se encendían y se apagaban de manera intermitente dando la
sensación real de que eran camiones en ruta. Idea que he de reconocer fue
eficaz y puedo asegurar que dicha impresión con todo lo que significaba fue
tenida muy en cuenta por los que dirigían la ofensiva.
Así la realidad
incuestionable de la gran cantidad de refuerzos que iban llegando a Teruel hizo
cambiar los planes de ataque al creer que habían de enfrentarse a un enemigo
muy superior de lo que era realmente. En aquellos momentos a ninguno se le ocurrió
sospechar una treta así.
Durante la noche
trasladamos el Observatorio al blocao que ocupaba nuestro Comandante.
Respirábamos por fin, la cosa parecía segura y si al día siguiente se retomaban
las operaciones, estaríamos bien resguardados.
Las operaciones han
continuado, pero con menos intensidad hay tiroteos, disparos
de artillería y sorprendentemente cerca del mediodía han hecho su aparición
varios aparatos de caza de los nuestros que han evolucionado por el cielo
durante un buen rato. Pero dado que el fuego de los antiaéreos enemigos era muy
intenso han desaparecido rápidamente. A cambio, los aviones enemigos han vuelto
y dejado caer su carga sobre la llanura y la montaña y han desaparecido
lentamente, durante el día han venido tres veces más y en el último bombardeo han
dejado caer las bombas muy cerca del lugar donde estamos, pero no ha pasado
nada. Mucha angustia, mucho ruido y mucho humo, pero afortunadamente nada más.
Han comenzado a tirotear
las posiciones de los cabezos y por fin alguna pieza de artillería nuestra ha
comenzado a disparar, y hasta han aparecido cuatro Tanques nuestros en la
llanura, pero los antitanques enemigos han marchado rápidamente. Esa ha sido toda
nuestra demostración de fuerza de cara a romper las líneas enemigas. La calma
ha vuelto y disfrutamos de una relativa tranquilidad mientras nuestras fuerzas
están destrozadas asi nuestro Batallón ha tenido más de 300 bajas y los otros
batallones no han tenido mejor suerte.
La gran batalla librada desde
hace dos días ha causado muchas bajas, nuestras fuerzas están desmoralizadas y
agotadas y ahora parece que únicamente se quiere conservar las posiciones que
ocupan y nada más.
Parece que nuevamente se
quiere intentar otro ataque con todas las fuerzas de que se disponga nuestra
XXVII División, es decir, las que quedan. Así pues, se quiere tentar a la
suerte una vez más.
Nos han enviado al
Observatorio y hemos llegado cuando comenzaba a hacerse de día y abajo en la
llanura, continuaba el tiroteo. Tal vez preludio de la batalla que se aproxima.
La aviación enemiga ha hecho aparición inmediatamente y los cazas se han
dedicado a ametrallarnos.
Por fin el 30 de enero de
1938, nuestros. Batallones, han sido relevados de primera línea, pasado a la
reserva, marchamos hacia la retaguardia. Por fin disfrutamos de unos días de
tranquilidad, sin tiros, ni aviación ha venido el pagador y nos ha abonado
nuestro sueldo. Me ha dicho que a mi como Sargento que soy, desde ahora cobraré
más, mira que viene, me han aumentado el sueldo.
Ya no somos un Batallón,
sino lo que queda. De unos 900 hombres que éramos hemos contado y no llegamos a
500. Al margen de unos 150 aproximadamente que forman parte de los servicios, intendencia,
comunicación, sanidad. Queda un batallón con escasamente 300 soldados con
fusil, agotados y desmoralizados, poca cosa podemos hacer en un frente que se
oscurece por los cuatro costados.
Reflexión
A la hora de entrar en
combate resulta incomprensible los que sucede. Bien parece que nuestros máximos
dirigentes sean unos simples aficionados. Inconscientes, diría yo, de otro modo no se
puede entender que se preparare una operación de esta envergadura sin
artillería, ni aviación, ni tanques tan necesarios para conseguir el triunfo. Así
no se puede vencer y por lo que sea la tropa, una y otra vez, encaja tales
despropósitos con resignación y un simple: “Hemos tenido mala suerte”
Intentar un
enfrentamiento de esta naturaleza carentes de todo, es un suicidio donde parece
que la vida de los soldados no valga nada. Con dicho
proceder parece que se quiera dar la sensación de actividad de cara a la retaguardia
donde ignoran el desastre al que estamos abocados. Sin ninguna finalidad
concreta que no sea buscar el triunfo por casualidad los soldados son inmolados
a centenares, a miles
Con indignación leo los
artículos en torno a la Batalla de Singra en un periódico del día 26 sus
informes son de cara a la galería, son pura fantasía.
Recalca que hemos conquistado objetivos militares. ¡No hemos conquistado
ninguno! Y dice que la Batalla acabó victoriosa gracias a la eficaz
intervención de nuestra aviación que en número de cincuenta destrozo las líneas
enemigas. Eso es mentira.











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