domingo, 25 de enero de 2026

Batalla de Singra. “Hacia el fracaso más estrepitoso” Madrugada del martes 25 de enero de 1938


Front d'Aragó: 123 brigada mixta: Memòries d'un Mestre. 

Florenci Ollé i Riba (Vallbona d'Anoia, 1910 – Barcelona, 1995).

Tasncripion de las páginas relativas a la Batalla de Singra de una obra imprescindible para recordar y tener constancia de lo ocurrido en Singra. “Espectador privilegiado” desde su puesto de Observación vera y nos contará, nos dará detalles de las operaciones militares, así como sus impresiones y reflexiones. Humano y sencillo, a la hora de contar lo que vio y sintió. Crónica de quien vivió para contarlo

Maestro llamado a filas, dejo constancia para si mismo, de su paso por la guerra de un modo tan realista como humano, una delicia de lectura, un horror haber vivido aquellos días. Y mil gracias a la familia por darnos mas tarde a leer su testimonio, con nieta presente en las primeras jornadas de la recreación de la batalla en 2024.

 


Por fin hoy 21 de enero de 1938 ha llegado la orden de marchar. Hemos preparado todas nuestras cosas empaquetando el archivo y los aparatos de observación.

Estamos nerviosos y quien más y quien menos disimula su verdadero estado de ánimo aparentando una tranquilidad que en realidad no siente. Algunos cantan, aunque sus canciones no tienen esa melodía que la alegría hace salir de un modo natural. Cuando uno camina hacia el combate se siente invadido por la melancolía.

No sabemos a qué hora marcharemos ni a dónde iremos. Solo que nos han ordenado dormir vestidos con el fin de acudir al Toque de Generala cuanto más deprisa, mejor.

Los soldados en vísperas de las operaciones beben más de la cuenta con el fin de ahogar la sombra de los malos momentos que se aproximan.

Todo se ha retrasado, ha pasado la noche, y no hemos salido tal como estaba previsto. Según parece marcharemos esta tarde. Por fin a las cuatro nos han dado de cenar y en medio de un gran revuelo hemos marchado hacia la carretera donde esperaban los camiones.



A las seis hemos salido de Andorra donde hemos estado unos veinte días y la gente del pueblo nos ha acompañado para despedirnos. Ha sido emocionante.

La caravana ha marchado por la carretera de Alcorisa, pasando por este y por otros muchos pueblos donde todavía se ve la nieve. Por fin, después de recorrer muchos kilómetros a las dos de la madrugada hemos llegado al fin de nuestro viaje.

El lugar donde hemos desembarcado está en medio del campo y según parece se encuentra muy próximo a las líneas enemigas. Nos hemos instalado al pie de una montaña entre las encinas para que el aire fresco no nos dé de una manera directa y también para que al hacerse de día no nos localice la aviación enemiga, la cual nos dicen viene mucho por este sector.

Al hacer de dia ha venido Avel·lí Artís y me ha dicho que preparase las cosas ya que la Brigada quiere montar un Observatorio en la cima de la Sierra Palomera donde ya tiene instalado uno el XIII Cuerpo del Ejército. El lugar es adecuado y seguro. De cemento armado a prueba de bombas. Y pasamos la tarde observando el campo enemigo, el cual desde aquí se domina completamente.

Al pie de la montaña hay un extenso valle muy llano con tierras de cultivo que ahora parecen abandonadas, al final de la llanura que debe tener una extensión de 6 o 7 kilómetros hay algunos pueblos muy próximos unos de otros y se ve también la vía del tren y dos carreteras, con intenso trafico durante todo el día que van a Teruel.



Avel·lí ha dicho que por la mañana comenzarán las operaciones y que nuestra Brigada tiene como objetivo el pueblo de Singra con el fin de cortar las comunicaciones entre Teruel y Zaragoza.

Avel·lí está muy nervioso, lo cual no es corriente en él. Parece que la operación es importante y delicada por la envergadura que se le va dando.

El Observatorio que la Brigada quiere instalar será controlado personalmente por él y como necesita de tres o cuatro ayudantes, buscará a los amigos de más confianza para apartarlos de la tormenta que se aproxima, ya que según él, no quedará ni una rata. ¡Estamos listos!

De vuelta al campamento he hablado con mi Comandante y le he comunicado que la Brigada seguramente me reclamará para formar parte del Observatorio. La cosa no le ha caído muy bien, pero cuando Avel·lí me ha telefoneado para que me ponga en camino, no se ha opuesto y me voy contento mientras dejo al Mange, mi ayudante, para que se haga cargo del Servicio de Información del Batallón.

Con Avel·lí hemos salido hacia el Monte Perdido donde pensamos montar el Observatorio, y una sección de Zapadores se ha encargado de organizarlo. A unos cuántos metros de distancia de dónde está construido el Observatorio hay un blocao muy firme que ocupa el Comandante de la 130 Brigada. Mientras los zapadores arreglan el Observatorio, hemos entrado dentro de esos blocaos donde nos han cedido un catre para descansar unas horas.

Finalmente a las cinco de la mañana hemos tomado posesión de nuestro Observatorio, el cual podría convertirse en nuestra tumba, dentro estaba ya el Avel·lí, Jefe de Información de la Brigada, Teixidó, amigo de Avel·lí y Jefe de Información del Tercer Batallón, el Bacardit, Topógrafo de la Brigada y yo Jefe de Información del Primer Batallón. Todos de la 123 Brigada.

Lo que los Zapadores han hecho no ofrece ninguna garantía, tan solo se trata de una especie de trinchera de unos 4 metros de largo por un metro de anchura y en el lugar donde el terreno queda demasiado descubierto han colocado sacos terreros y ramas de árboles para camuflarlo.

A pesar de las disposiciones tomadas, el ataque no ha tenido lugar. No obstante, hemos permanecido en nuestro lugar. Al mediodía, nos han traído provisiones y hemos aprovechado la tarde para salir del blocao, mientras una Compañía de Zapadores ha venido a perfeccionar el Observatorio que ahora parece más seguro.



Durante la noche por fin ha hecho acto de presencia nuestro Batallón, tomando posiciones, mientras nosotros seguimos encerrados dentro de nuestro Observatorio, esperando la hora.

Poco después se han iniciado un pequeño tiroteo y un cuarto de hora más tarde se ha intensificado y acabado con el característico ruido de combate, fusiles y ametralladoras cantaban sin cesar y las bombas de mano no paraban.

Estamos envueltos por la emoción, hombro con hombro uno contra otro, el lugar es muy pequeño para los cuatro. El tiroteo no para, pero parece que la cosa no va a mayores.

Al amanecer hemos visto a nuestras fuerzas escampadas por la llanura, la batalla cada vez más intensa y la artillería enemiga ha comenzado a disparar intensamente. Y cuando el sol ha iluminado toda la llanura hemos sentido el intenso runrún de la aviación, lo cual significaba que los aparatos debían ser numerosos.

Dentro del Observatorio un escalofrío nos ha recorrido todo el cuerpo. En silencio el pánico en nuestro rostro adivinaba la gravedad de la situación cuando por fin hemos podido ver los aparatos en formación hemos y podido contar 150 que volaban a una altura insignificante.

Nuestra defensa antiaérea no existe, es nula, los aparatos enemigos bombardean y pasan y vuelven a pasar por delante y por encima de nosotros con total impunidad.



En la falda de la montaña que se ve al fondo, frente a nosotros, está el pueblo de Santa Eulalia, Torrelacárcel y Alba y podemos ver cómo las baterías enemigas allí emplazadas, disparan sin parar hacia la llanura sobre nuestros soldados.

Poco a poco la aviación ha comenzado primero han unas bombas, pero después su intensidad era tan grande que parecía que las montañas nos caerían encima y grandes y espesas columnas de humo tapaban la visibilidad como si de niebla extendida sobre la llanura se tratase y el olor a pólvora nos asfixiaba dentro del refugio.

Las ametralladoras de los cazas se sentían cantar intensamente muy cerca de nosotros y entre los pequeños claros que dejaba el humo sobre la llanura, hemos visto como nuestros soldados corrían desesperados bajo una lluvia de metralla que les enviaba tanto aviación como la artillería de manera ininterrumpida.

Con los prismáticos hemos podido ver cómo caían las bombas sobre los soldados refugiados al pie de un ribazo y como los pobres salían lanzados por los aires. Al cabo de una hora la llanura estaba literalmente sembrada de agujeros a consecuencia de las explosiones.

No hay duda alguna: la operación no puede triunfar, no tenemos nada conque replicar al enemigo, nuestra aviación no aparece, tan solo disponemos de tres o cuatro piezas de artillería que disparan muy de tanto en tanto.

El objetivo podría ser importante, pero intentar conseguirlo sin los medios necesarios, como estamos comprobando, es ir hacia el fracaso más estrepitoso y hacia la aniquilación de manera irresponsable de nuestra tropa.

A lo largo de todo el día la aviación ha hecho acto de presencia sobre el campo de batalla sin parar de sembrar torrentes de bombas y metralla y ha habido un momento en que en el número de aparatos sobrepasaba los trescientos.



Cerca del mediodía nuestro Observatorio ha sido localizado y la aviación nos ha ametrallado varias veces. Las balas se sentían batir furiosas contra los sacos terreros. Amontonados los unos sobre los otros, pálidos y sin aliento esperamos impávidos el final del drama. No hay duda de que hemos sido descubiertos.

Durante la mañana instantes después del último ametrallamiento hemos sentido un ruido cortante y penetrante e instintivamente nos hemos encogido, seguidas de una serie de explosiones contundentes, enormes, muy cerca de donde estamos que nos han dejado helados. Parecía como si la tierra se oscureciese, quedando totalmente cubiertos de tierra envueltos en un irrespirable humo espeso. Algunos de los sacos que hacían de barrera se han reventado y la tierra que ha caído sobre nosotros dejándonos medio enterrados, en total nos han caído unas 40 bombas, afortunadamente ninguna ha hecho blanco sobre el Observatorio.

Poco a poco sentimos alejarse a la aviación y eso nos ha hace reaccionar. Nuestro teléfono ha sonado. El ring ahogado por la tierra que lo cubría nos ha hecho despertar. El Comandante de la Brigada, instalado en el blocao situado unos metros más adelante nos ha preguntado cómo estábamos. Ayer les cayeron dos bombas sobre el refugio, pero como era fuerte, resistió, sin embargo, han muerto dos soldados de enlace cerca de la boca de entrada, y también hay algunos soldados heridos.

Por la tarde, la aviación no nos ha molestado, porque está concentrada sobre la llanura donde se ven nuestros soldados los unos muertos y los otros procurando resguardarse entre los hoyos que han dejado las bombas.

Nuestra preocupación en estos momentos es mirar al sol. Estamos situados en una pendiente de la montaña que da al oeste y vemos como poco a poco va desapareciendo. Finalmente la calma se apodera del valle. Y por fin salimos de nuestro agujero donde hemos estado alrededor de doce horas, apretados, nerviosos y agotados.



Ha sido un día terrible, he visto rondarme la muerte infinitas veces, afortunadamente la hemos podido esquivar. Pero cuántos serán los que allá abajo, en la llanura, no habrán visto la puesta del Sol del día de hoy, 25 de enero de 1938

Totalmente de noche y por las carreteras que conducen a Teruel se ven luces y luces de camiones las cuales hacen prever que el enemigo está recibiendo gran cantidad refuerzos.

Nota curiosa.

Tiempo después acabada la guerra supe que aquellas luces no eran nada más que una hábil estratagema del enemigo para despistar a nuestro Comandante y desmoralizarnos. Parecían grandes caravanas de camiones que se dirigían al frente para reforzar Teruel pero no eran nada más que una serie de bombillas colgadas a lo largo de la carretera que se encendían y se apagaban de manera intermitente dando la sensación real de que eran camiones en ruta. Idea que he de reconocer fue eficaz y puedo asegurar que dicha impresión con todo lo que significaba fue tenida muy en cuenta por los que dirigían la ofensiva.

Así la realidad incuestionable de la gran cantidad de refuerzos que iban llegando a Teruel hizo cambiar los planes de ataque al creer que habían de enfrentarse a un enemigo muy superior de lo que era realmente. En aquellos momentos a ninguno se le ocurrió sospechar una treta así.

Durante la noche trasladamos el Observatorio al blocao que ocupaba nuestro Comandante. Respirábamos por fin, la cosa parecía segura y si al día siguiente se retomaban las operaciones, estaríamos bien resguardados.



Las operaciones han continuado, pero con menos intensidad hay tiroteos, disparos de artillería y sorprendentemente cerca del mediodía han hecho su aparición varios aparatos de caza de los nuestros que han evolucionado por el cielo durante un buen rato. Pero dado que el fuego de los antiaéreos enemigos era muy intenso han desaparecido rápidamente. A cambio, los aviones enemigos han vuelto y dejado caer su carga sobre la llanura y la montaña y han desaparecido lentamente, durante el día han venido tres veces más y en el último bombardeo han dejado caer las bombas muy cerca del lugar donde estamos, pero no ha pasado nada. Mucha angustia, mucho ruido y mucho humo, pero afortunadamente nada más.

Han comenzado a tirotear las posiciones de los cabezos y por fin alguna pieza de artillería nuestra ha comenzado a disparar, y hasta han aparecido cuatro Tanques nuestros en la llanura, pero los antitanques enemigos han marchado rápidamente. Esa ha sido toda nuestra demostración de fuerza de cara a romper las líneas enemigas. La calma ha vuelto y disfrutamos de una relativa tranquilidad mientras nuestras fuerzas están destrozadas asi nuestro Batallón ha tenido más de 300 bajas y los otros batallones no han tenido mejor suerte.



La gran batalla librada desde hace dos días ha causado muchas bajas, nuestras fuerzas están desmoralizadas y agotadas y ahora parece que únicamente se quiere conservar las posiciones que ocupan y nada más.

Parece que nuevamente se quiere intentar otro ataque con todas las fuerzas de que se disponga nuestra XXVII División, es decir, las que quedan. Así pues, se quiere tentar a la suerte una vez más.

Nos han enviado al Observatorio y hemos llegado cuando comenzaba a hacerse de día y abajo en la llanura, continuaba el tiroteo. Tal vez preludio de la batalla que se aproxima. La aviación enemiga ha hecho aparición inmediatamente y los cazas se han dedicado a ametrallarnos.

Por fin el 30 de enero de 1938, nuestros. Batallones, han sido relevados de primera línea, pasado a la reserva, marchamos hacia la retaguardia. Por fin disfrutamos de unos días de tranquilidad, sin tiros, ni aviación ha venido el pagador y nos ha abonado nuestro sueldo. Me ha dicho que a mi como Sargento que soy, desde ahora cobraré más, mira que viene, me han aumentado el sueldo.

Ya no somos un Batallón, sino lo que queda. De unos 900 hombres que éramos hemos contado y no llegamos a 500. Al margen de unos 150 aproximadamente que forman parte de los servicios, intendencia, comunicación, sanidad. Queda un batallón con escasamente 300 soldados con fusil, agotados y desmoralizados, poca cosa podemos hacer en un frente que se oscurece por los cuatro costados.

 


Reflexión

A la hora de entrar en combate resulta incomprensible los que sucede. Bien parece que nuestros máximos dirigentes sean unos simples aficionados.  Inconscientes, diría yo, de otro modo no se puede entender que se preparare una operación de esta envergadura sin artillería, ni aviación, ni tanques tan necesarios para conseguir el triunfo. Así no se puede vencer y por lo que sea la tropa, una y otra vez, encaja tales despropósitos con resignación y un simple: “Hemos tenido mala suerte”

Intentar un enfrentamiento de esta naturaleza carentes de todo, es un suicidio donde parece que la vida de los soldados no valga nada. Con dicho proceder parece que se quiera dar la sensación de actividad de cara a la retaguardia donde ignoran el desastre al que estamos abocados. Sin ninguna finalidad concreta que no sea buscar el triunfo por casualidad los soldados son inmolados a centenares, a miles

Con indignación leo los artículos en torno a la Batalla de Singra en un periódico del día 26 sus informes son de cara a la galería, son pura fantasía. Recalca que hemos conquistado objetivos militares. ¡No hemos conquistado ninguno! Y dice que la Batalla acabó victoriosa gracias a la eficaz intervención de nuestra aviación que en número de cincuenta destrozo las líneas enemigas. Eso es mentira.



FOTOGRAFIAS Facebook Ayuntamiento de Singra y Biblioteca Digital Hispanica 

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