Al acabar agosto y jopar a Castellón deje en el buzón de Paquito el cuadernillo
con los Dichos que eche y el mozo, como a estas alturas ya no espera cartas de
amor, tardo varios días en darse cuenta. Finalmente leyó, y a escape llamo y dijo:
“Ahora te toca bajar del Olimpo, y volver a la tierra, a un segundo plano”
recordándome el escrito que me dio para publicar en el Comarcal por Navidad. Dice
así:
El primer baile de
Paquito
Corría el año de 1974 y en
la calle Escuelas, aun siendo San Roque, el calendario agrícola marcaba el día
a día, muy a su pesar había que trabajar, y traer el último acarreo de la Retuerta.
Los vecinos, todos a una,
con tan solo mirase se pusieron de acuerdo en tirar para adelante, como tantas
veces hicieron y aun hacen, ayudándose sin esperar nada a cambio; Así las
mujeres, el rancho prepararían para el día grande de la fiesta, a la hora de
comer debían estar de vuelta en el Barrio. Además, querían ir a la plaza a ver
el ganado y dar unos pases a Pujillos y al Telegrafista, “ese joven sí que sabe,
viene de tierra torera” Habían llegado, no podían faltar, los valencianos, con sandias
y un garrafón de agua para la paella.
Feliciano y Perico, junto
a mi abuelo el Tío Paco El Cachorro, con su cojera de una noche como aquella,
víspera de San Roque cuando en Calamocha las fiestas comenzaban con batallas de
cohetes, aún por amanecer, preparaban el carro y los machos para salir y
acarrear el último viaje de pipirigallo.
Al partir aun vieron por
la esquina de Inocencio el Albardero llegar de fiesta a Pepe, el hijo de Pilar,
mientras su hermano Paco le refunfuñaba. Y aún faltaban horas, cuando ya
calentaba el sol para que revolviera la esquina y cerrara el Barrio Fermín el
Negro con su madre barriendo la calle sonriente cascando con La Caminrealera y La
Peregrina.
Paquito, el hijo de Máximo
el Barbero y la Manuela, cantadora y bailadora, por fin se despertaba, se hacia
el lavijo el gato, se quitaba las legañas y recordaba que iba a bailar en la
procesión, su abuelo antes de marchar lo despertó y le dio las castañuelas con
las que él bailo antes de aquel mal petardazo que lo dejo cojo de por vida. Su
pareja debía ser Enrique, el hijo de La Miércolas, pero el valenciano a última
hora se acoquino y Paquito fue a buscar a su fiel amigo Miguel El Talayero y
con él bailo.
En el viejo
trujal, detrás de casa, en la calle Ingenio la peña los Dayak aún no se había
acostado, mayores que yo, me gustaba mirarlos, quería ser como ellos. Poco después
lavaos y mudaos, muchos sin dormir llegaban a la plaza de la iglesia, esperando
sonase el Bolero para bailar: Aquello me maravillaba.
A aquel primer baile
siguieron otros muchos. Pasaron los años y ya de mayor en el trujal hizo su
peña Paquito, sería en adelante la casa del Jipi Paquito, y sus juergas
monumentales, las cenas garantizadas, la música de lo mejor, una bodega bien
fresca y un buen fogón. Corazón del rabal, peña por el Santo Cristo y refugio
al bajar de Santa Bárbara. Durante unos años fue la más bonita y Paquito y sus
amigos se llevaron varios premios de la comisión de fiestas, entonces se
llamaba Peña Los Wing. Allí se escuchaba la mejor música, la más actual, con la
mejor cerveza y el mejor ponche, hecho en tinaja de barro días antes. Y con aquella
receta Paquito y su peña ahora llamada Los Fiesteros del Rabal por fin este
año, para el Santo Cristo ganaron el primer premio de ponches, ahora solo nos
queda llevarnos el concurso de paellas.
¡Y que bien lo pasábamos
en el Pichiclan! y en la Unión donde Paquito fue socio 33 años. A ellos con
cariño, les dedico lo escrito. Sueño, conque todos los días sean San Roque y sueño
con volvernos a ver. Feliz 2026 al pueblo de Calamocha y al Jiloca. Paz y amor
Paco Royo