Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

lunes, 29 de octubre de 2012

Todos los Santos en agosto.

La cortina.
 
Retiro la cortina de tela de rayas blancas y verdes clareadas por el sol que resguardaba la entrada del patio de casa, la puerta estaba siempre abierta, volvía de hacerse el moño, prácticamente la única vez que salía de casa cada verano, era para ir a la peluquería, entro, se sentó y me pidió un vaso de agua, mejor el botijo dijo, traía el pan, pastas y unas flores, no podía más.
 
Sería, el verano de 1980.
 
Al sentirla, mi abuela se acerco para decirle “Jodo maña, no te creas que no vale, que te has ido al punto la mañana y ya íbamos a comer sin tu, estábamos pasando pena, y pensando en llamar a Santos para que te pregonasen por los altavoces, ¿habrás traído el pan?, y ¿ande coño vas con esas flores, qué es eso, qué escondes?”.
 
Ella.
 
Entonces la Felisa, apenas recuperado el aliento empezó hablar: No, si de la peluquería he salido pronto, y bien guapa, hay que ver lo bien que trabaja esa chiquilla, pero ya que estaba por allá abajo me he dicho, Felisa, porque no te vas a ver a la consuegra y me he ido a ver a la Rosario, que si no siempre está con la cantinela de que no voy a verla, y me he ido al Peirón, y después de ir y subir a tocarle a la puerta, la topo esta no estaba, no se le caerá la casa encima no, la mare que va, así que de vuelta otra vez para el rabal he entrado a saludar a León Muñoz.
 
Y allí se me ha pasado el rato, recordando y charrando me ha hecho pasar a casa, y ya cuando me marchaba, he visto las flores y las he cogido, no me las ha querido cobrar, les he dado propina a los chiquillos… pero yo ya no estoy para estas caminatas ni este calor, esto ya no es como antes, al año que viene no salgo de Valencia, me quedo en el Reino, aquí hace ya más calor que allí…
 
Y luego he entrado al Churro y he comprado el pan y unas palmeras para luego con el café, y aquí estoy que de pocas me muero por el camino, por no saber pedir un vaso de agua, que la Felisa no es de esas. Yo si puedo no pido favores, yo los hago.
 
Redios y aquí una pasando pena y tu de ruja, si le habrá pasao algo, si le habrán provocao, y ¿esas flores, tan feas, que no me extraña que no haya querido cobrártelas, para qué?. Pregunto mi abuela intrigada.
 
Las flores.
 
Interrumpió la Felisa, evitando en principio contestar a la pregunta. Ya no hay santo varón en este mundo capaz de provocarme, y si lo hay, de la primera leche que le meto, lo pongo mirando para Albacete, por no decir para otro sitio, yo con mi marido, con mi pobre Pedro, a quien dios tenga a su lado, ya tuve bastante, a mi no me toca nadie, ale vamos a comer, que ya me puedo mover.
Ah, las flores son para llevárselas a mi padre. Concluyo.
 
El patio enmudeció, en la casa entera se hizo el silencio más absoluto, el silencio perfecto, tía y sobrina se miraban sin decir nada,… mi abuela, asombrada a más no poder, incapaz de dar crédito a lo que acababa de oír, acertó a hablar y preguntó: ¿Para tu padre, para tu padre, para tu padre?
 
La conversación cambio de tono y empezó a discurrir precipitadamente: la Felisa, con resignación trato de excusare sin necesidad, al fin y al cabo eran para su padre, si para mi padre ya sabe, mi abuela no le dejo terminar, si, ya sé quien era tu padre, mi hermano, por eso mismo no entiendo a santo de qué después de tantísimos años, me sales con estas de ir a llevar flores a semejante botarate entriparrao, desustanciao como era mi hermano, por mucho que fuera tu padre, además cacho tonta, ¿ tú sabes donde esta enterrao, donde le dio tierra su familia?.
 
Torrijo no es Valencia.
 
En Torrijo, dijo tajante y mi abuela contesto, coño como todos, como toda la familia, como tu pobre madre cuando murió tan joven y con toda recua tan pequeños que erais, pero no me digas donde están enterraos ni mis hermanos ni mis padres ni nadie, porque entonces no era como ahora, había más faenas, y nunca se iba al cementerio, y menos a llevar flores que cuesten perras.
 
Déjelo estar tía, a mi padre, lo enterraron al fondo a la derecha, lo sé, así nos lo dijeron, que nosotros no pintábamos ya nada después de tantos años, que ya enterramos a nuestra madre y a nuestro padre le dieron tierra su familia y au …, para nosotros casi como si no existiera, lo mismo que nosotros para él, ni yo, ni la del perro de mi hermana, ni el farute de mi hermano, ni la desustanciada de mi hermana la otra, la pequeña. Además Torrijo no es Valencia ya lo encontraremos. Y no deja de ser mi padre, por mucho que luego se volviese a casar, era lo que tocaba entonces. Hizo bien.
 
Había que ir a comer, asi que mi abuela decidió dar por terminada la conversación, no te apures, tonta el higo, el domingo nos subimos a Torrijo vemos a la familia y ellos nos darán traslao, pero ya te digo yo, nadie sabrá decirnos donde esta ninguno de la familia, y menos donde metieran a tu padre.
 
Ale, mone a comer y olvídame, querer llevarle flores a tu santo padre, habrase visto, después de tantos años, coño de antes de la guerra seria eso de que se murió o al poco de acabar. Si ya no estará allí, ya se habrá jopao. No te amuela la tía esta, y seguro que a tu madre nunca le llevaste, tan desustanciada tú y tus hermanos como mi hermano.
 
Mientras mi abuela desaparecía a echar la comida, la Felisa seguía hablando con la seguridad de que ella oía todo.
 
De eso nada, grito, mañana agarraremos los chiquillos y yo y le diremos a José Maria que nos suba a Torrijo, al Cementerio, a mí en ese pueblo no se me ha perdido nada, yo no vuelvo, ya sé que me quieren mucho y me mandan muchos recuerdos, se agradece.
 
Ya les tengo dicho, que un verano de estos, cuando tenga tiempo subiré a verlos a todos, pero este año no.
 
La muerte de un pobre desgraciao.
 
Como fuera que la cosa aunque no urgía si convenía terminarla cuanto antes, y como la Felisa en su enorme humanidad, nunca pedía nada, y en cambio te daba todo, al día siguiente, ella, mi padre y yo subimos al Citroën 8 y enderezamos el camino de Torrijo.
 
En el corto trayecto que separa Calamocha del pueblo donde viniera a nacer a principios de los años veinte, mi padre se permitió advertirle de lo evidente: Felisa, si esta cerrao habremos de ir a pedir la llave, ya que subimos no nos vamos a bajar de vacío, ¿no te parece?.
 
 El de tu prima la tendrá, y si no sabrá quién la tiene, y ya que pasamos por su casa habrá que cumplir y dar vuelta de tu otra prima, que ya estará por aquí y de tu primo, de todos tus primos hermanos, niña, que para eso los tienes.
 
Ella con una tranquilidad pasmosa, se apresuro a decir: Olvídate Jose Maria, yo a Torrijo no entro, me fui para no volver, si no podemos pasar al cementerio mala suerte, nos volvemos a casa, y aquí paz y después gloria, descansen todos en paz, los vivos y los muertos.
 
Si por una de esas, termino sentenciando, hoy en Torrijo se hubiera muerto, si quiera por darme el gusto de tenerlo abierto, algún pobre desgraciao que lo hayan enterrao esta misma tarde y podamos entrar, sería lo mejor.
 
Dios es Torrijano.
 
La Felisa era Tremenda, lo decía Blas uno de sus tíos, hermano de su padre, y razón no le faltaba, hasta Dios parecía deberle favores, Dios es torrijano por más señas, y así, al llegar al cementerio, la puerta estaba abierta, y los últimos asistentes al entierro de aquel pobre desgracio que se había muerto por darle gusto, se marchaban.
 
El cementerio.
 
Con los tres ya en la puerta, ella con las flores en la mano, yo diría que había dormido con ellas, que no se había separado de ellas ni un momento por temor a que mi abuela les pegase fuego y acabase con aquella tonta idea, de llevarle flores a su padre… el panorama era desolador.
 
Y aun decís que esto lo cierran con llave, será para que no salgan, que se van a llevar de aquí, quien va a querer entrar. Pregunto la Felisa.
 
Tienes razón, … nos quejamos del cementerio de Calamocha, que no lo cuidan ni tanto ni mucho, pero esto está de puta pena, hace un mes con todo verde un rebaño ovejas habría matao aquí el hambre de todo el invierno,… pues anda que el cornejal de la derecha donde dices que está tu padre, parece la selva Corea.
 
Che collons, anda cariño, ten cuidao no te caigas a ningún hoyo y vete a ver si encuentras al Mateo este, yo de aquí no me muevo, me estoy empezando a cansar de la idea que tuve, de las flores y de todo.
 
Llévate el gayato ese para alpartar las zarzas y a ver qué encuentras. Advirtió mi padre mientras él se iba a la otra parte y la Felisa se quedaba junto a la puerta, leyendo las lapidas de las tumbas cercanas. Mirase a donde mirase, su prodigiosa memoria, heredada de su tia Fidela, quien también estaría en aquella sagrada tierra enterrada, le daba recuerdos para todos. Y el silencio del camposanto quedaba roto:
 
Los muertos.
 
Mal no se debe hablar de quien falta, pero yo la verdad os digo, que de aquí no puedo hablar bien de nadie, mira esta mismo, cuatro años más joven que yo y diez años ya que se murió, ahí está bien, su padre, peor que la Guardia Civil… un día si no nos separan le hubiera arrancao los ojos a ella y a la puta de su hermana que me sacaba dos palmos.
 
Y mira el tío este, una noche vino a casa con la escopeta en la mano que le habíamos robao los nabos… que bien están aquí todos… joderos como podáis, no me esperéis.
 
Mira el adefesio este, la de las patas bambas, que no sabía ni andar, esta iba loca detrás del Blas seria, que fea era la pobre…Che collons, lleva cuarenta años muerta, pobreta, que pena, me callo, no digo nada, a pues se caso y todo, que pone tu marido e hija, y tiene flores…. No he dicho nada. Dios la tenga en gloria.
 
¿Qué sale o no sale el Mateo?.
 
Un Mateo, dos Mateos, tres Mateos…
 
Mi padre por un lado contesto: Nada maña, no sale, acércate si quieres y saludas a su tio, al Manuel, , claro que como aquel dice, se murió ayer, pero del otro Mateo, nada, habrá que ponerle un lazo como a los conejos para que cuando salga a rondar caiga, … aquí no está Felisa, tu encuentras algo zagal. Me chillo mi padre ya cansado.
 
Y yo por el otro lado, por el fondo a la derecha, tampoco: Nada Tía, ya es la segunda vuelta que doy, aquí todo es salir Mateos, Brunas, Pulmed, Julves, Melendez… de debajo las piedras, pero ninguno lleva los apellidos en el orden de la familia, me queda por repasar aquel montón de cruces del rincón… pero no espere nada.
 
La Felisa se acerco a ver al Manuel y de paso mi padre encontró a la otra hermana de su padre, a la Eulalia, ella se quedo sin ganas de seguir, con respecto a su padre los hermanos llevaban cuatro días, allí, así que desistió de encontrarlo, entonces pensó en sus abuelos, el Blas y la Jeroma… y pidió que los buscásemos, pero tanto mi padre como yo, le dijimos que no estaban, al recitarle los apellidos cayó en la cuenta y dijo:
 
Así que la Rosa, a quien tan mal le parecía que trajese flores a mi padre os ha mandado aquí con la idea de que busquéis a los suyos, …Vámonos a cáscala a Luco, todos de aquí, que a mi no me la pegais, que yo no naci ayer. Ale, mone pa casa.
 
La Batalla Alfambra.
 
De regreso hacia la puerta pregunte a mi tía: Qué hacemos con las flores, no se las va a llevar a casa, se las dejo al primer Mateo que encuentre. No fue esa una pregunta acertada ni mucho menos, La Felisa se apresuro a decir, no, ni se te ocurra semejante barbaridad, no llevamos flores para tanto Mateo, solo falta que me vean salir y luego me pidan explicaciones de por qué a este sí y aquel no….
Estámpaselas a cualquiera, busca algún pobre desgraciao, algún soldado de apellidos lejanos y déjaselas, quien sabe, igual fuimos nosotros, el Pedro y su columna quien le dio matarile en la Batalla de Alfambra, así nos perdonara por haberlo matao para perder, o ponlas en el montón de cruces, qué más da.
 
Vámonos.
 
Mi padre cerró la puerta del cementerio, esos enormes portalones de hierro que no había forma humana de manejarlos, y aún dices que a esto le meten una llave, para qué… La Felisa se quedo mirando las tumbas, con la vista puesta en el rincón donde debería estar … A este lo expropiarían a escape, le dijo mi padre, por mal que de la Felisa volviese en sí, no pagaría la tierra y a escape le meterían otro cajón encima, siempre fue así, adivina.
 
A fer la ma.
 
Resignada comento, y a mí que se me habrá perdido aquí, para qué coño pensé en traer flores al tio este, que ni tenia vergoña ni res, que cosas son los recuerdos después de tantísimos años que vienen y se van…otros tiempos eran, entonces nacíamos como conejos, y luego poco se preocupaban de ti, date vida como puedas, de todas formas, nos dieron la vida, lo hicieron lo mejor que pudieron, en fin…
 
De mi padre en vida nunca se podía esperar gran cosa, así que no sé que me esperaba yo de muerto, veo que sigue igual, la cosa no cambia. Padre, buenas noches, no me espere, no volveré a Torrijo, me marcho a Valencia.
 
De los años de la cazalla. Los padres de los abuelos. El siglo XIX.

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