Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

domingo, 15 de mayo de 2016

A mata caballo.

A Rosa

Olvido

¿Y tú como sabes todas esas cosas?
Os las oía todos los años
¿A nosotros?
Vosotros, me las habéis contado
¿Y no se te olvidan?
Claro. Más de lo que quisiera
Casi todo lo que os he escuchado
Ya no logro recordarlo
Por eso escribo
Lo poco que nos queda

Mayo

ASI que hoy es su cumpleaños
Si
¿Quieres saber más cosas?
Si
Hoy es el día que murió tu padre
¿Si?
Hoy es el día que tu madre cumplía años
¿Si?
Hoy es el día que murió la madre de tu padre
¿Si?
Seguro hay más, pero no lo recuerdo
No

A mata caballo

PERO maño,
¿Cuántos años dices que ha hecho?
Sesenta y siete
¿Seis y siete?
Bingo
Si, ¿ya lo sabes?, ayer nos lo llevamos
¡Qué poca gente va ya a los jubilados!
Pero escucha: Te los habrá dicho mal
No puede ser que mi prima
Sea tan vieja

Sumas y restas

Saca la cuenta si quieres
Si a su hermana le llevo cuatro
Y a ella, ahora, no se cuantos
Sabes que puede ser
Que tenga mi prima razón
Y sea verdad lo que dices
Que hace sesenta y siete años y
Nació en Navarrete
En la calle del Horno
¿Eso lo sabias?
No cale darle más vueltas
Ahora entre la familia
El tiempo pasa
A matacaballo
Si

Labrar a quita caballo

De todos los hermanos, el abuelo era el mayor, su padre, la verdad, murió muy joven, se quedaron solos, la madre, los hermanos, todos chicos y la “tontica”,… de la que nunca recuerdo muy bien ni el nombre, si Pilar o qué, ni el parentesco. Puede ser que fuera, hasta hermana de su madre, de mi abuela, de esos hermanos que se llevaban motones de años, de esos hijos que se tenían a última hora, de modo que los sobrinos eran más viejos que los tíos, el mundo al revés, que un día fue la norma de cada casa, mi padre seria el sobrino y ella, más joven, la tía… La "tontitca" apenas sabía hablar, apenas, podía andar, y solo quería estar con su maño el tato Casimiro, y él se desvivía por ella, le hacia reír, y le llevaba a cotenas por Torrijo los días de fiesta. No tardo en morir…

El abuelo salía de casa a buscar el jornal y según como se le daba, se pasaba varios días sin volver, ¿ande estará el Casimirin?, por ahí haciendo faenas, un día en una casa, otro día en otra, no había cuidado, rastros no hizo nunca ninguno, su madre, la Abuela Emilia, no pasaba pena, al revés, sabía que cuando volvía a casa, traía alguna perra.

Aunque, eso si, su madre no le quitaba ojo al camino de Monreal, pues los frailes se lo querían llevar para que aprendiese las letras y los números… y si no encontraba nada en ninguna casa, o si le daba por pensar y se le metía en la cabeza, que sin saber letra, nunca sería nada, se escapaba a los frailes… y la abuela al echar en falta el jornal, enderezaba cara Monreal y lo traía llorando. Deje con nosotros al torrijano, al primero de la sección…

(Pero todo esto, ya te lo he contado muchas veces. Sí, pero resulta bonito oírlo)



(En el retrato, único que hay de él en Torrijo. El del centro)

El saber quedaba para los hijos de las casas grandes, y esos, casi nunca tenían ganas de verse. También los hermanos pequeños, si querían y podían, y en su casa entendían que era para bien, terminaban por estudiar algo, por lo menos, por saber leer y escribir… como paso en casa, todo un orgullo para la familia, pero no siempre, era así, si había ocasión de ganar alguna perra, el saber, podía esperar. El comer no.

Lo querían en todos los sitios, pero en especial, en la Casa Grande que estaba a la entrada de Torrijo… Venga calamochino, (sus padres ya lo sabes, habían llegado años atrás desde Calamocha) en cuanto escampe, remueva la tierra, y haya tempero, te vienes a labrar. Seguramente aprendió a labrar, a la vez que andar, a labrar de prestado, pues en casa no tenían ni tierra, ni animales, y allí que se iba en cuanto podía.

Salían a labrar las tierras de aquella casa, el abuelo y el hijo del amo, más perro que la chaqueta un guardia, no quería ni trabajar, ni estudiar, era mayor que el abuelo, pero estaba claro quien mandaba allí. Casimirin, con diez, doce años que tenía, llevátelo a ver si haces de el un hombre, hoy te llevas el tiro de tres caballerías, y labráis cuanto podáis a quita caballo, y hasta la noche no os quiero ver, ahí tenéis la alforja con la bota y la merienda. Y tú, le decía al desustanciado del hijo, trae aquí las perras que llevas, que no te van hacer falta. Y se iban los dos a labrar.

Labrar a quita caballo era enganchar dos al tiro, y labrar un par de horas, luego desenganchar uno, enganchar el otro, y seguir labrando, y así, enganchando y desenganchando labrar todo el día, todo el santo día detrás del arado se pegaba el abuelo, pues el hijo del amo, no quería trabajar, pero el abuelo, que de tonto no tenía nada, y hacia lo que le mandaban, así que con las perras por delante, le sacaba lo que podía al hijo del señorito, perras que el padre no le había encontrado y el uno a labrar y el otro a la sombra y a darle a la bota, hasta que se hacia la hora de volver al pueblo…

A mitad de la jornada, se cambiaban la ropa, y así el amo se quedaba contento de ver lo que había trabajado el hijo al verlo llegar con la ropa sucia y sudada. Venga Calamochino, echa un bocado y ordeña las vacas… y allí mismo, rendido se echaba a dormir al calor de las vacas después de ordeñarlas, para al día siguiente salir a labrar.

El abuelo, como aquel que dice, jodido pero contento, se sacaba el doble de jornal, todos salían ganando, aquello no era el paraíso, pero casi, porque lo vino después, ya sabes… sin tener nada de tierra, el trabajo no le faltaba, entonces, ganar algo, para comer y poder guardar para comprar tierra de uno, era soñar despierto, nunca podría comprar nada y menos en Torrijo… lo haría en Calamocha, tras años y años de ir a matacaballo, … y si de zagal veía que no podría salir nunca del amo, cuando acabo la guerra y tuvo que labrar no con caballerías, si no con bueyes, debió de padecer una barbaridad… aquellos años de Torrijo donde aprendieron todos a labrar, le debían parecer entonces un sueño…menos mal que siempre fue alegre, y nunca se vino abajo, porque si echa a darle vueltas a la cabeza, había pasado el tiempo y la cosa había ido a peor.

Madre mía, pobrecico, pues no les costó pocos sufrimientos ni nada, salir hacia adelante, toda la vida de aquí allá, de sol a sol, para poder luego comprar algo, labrar tu tierra… después de haber labrado todo Torrijo, toda Calamocha y Valencia entera y verdadera de arriba abajo, durante unos años, cuando con su hermano, se bajaban a la albufera a labrar los campos de arroz,… Dicen que eran la admiración de la huerta, y que hacían los dos, lo surcos más derechos que una vela, sin cordel, como hacían los del Reino… y el señorito les decía, no seáis tontos bajaros a Valencia, quedaros aqui. El hermano al final un año de aquellos, dejo San Roque y se bajo, toda su familia, se quedó en Valencia, pero el abuelo no quiso.

¿A todo esto, de que estábamos hablando?

Aún recuerdo el día, en que revolviendo en el granero, en la falsa, dio con el yugo de labrar con el tiro de bueyes,… abrió la gloria y le pego fuego. Mal ha de ser que lo necesitemos.

De Los Años de la Cazalla. 
Labrar a Quita Caballo, la vida a matacaballo. 
San Isidro 2016


domingo, 1 de mayo de 2016

Cuando el agua de la Cirujeda, corría por el pueblo.

Invierno del año 2013, sobremesa de un domingo en Castellón, el café, la retacia, los recuerdos, lejos de Calamocha, lejos en apariencia de todo…
A veces, me da miedo preguntar, 
en especial, por los temas de la salud, 
pienso que si no pregunto, 
todo seguirá igual que antes, 
que nada cambiara, 
que pasara el tiempo para todos, 
pero no para nosotros. 
Valiente tontería. 

HACE un montón de años, 
un médico, más joven que yo, me dijo: 
has tenido mucha suerte. 
Le faltó decir, “has tenido una suerte loca”, 
como aquella historia que cuenta a veces mi padre en boca del Tío Vitos. 
Otro día, tal vez la recuerde. 
El caso, es que aquel joven médico, tenía razón.

HOY por fin, armado de valor he preguntado por Juan. 
Bien, pero mal, ha dicho mi madre, 
una frase que habré oído cientos de veces, 
o mal, pero bien, tanto da. 
¿Qué tal esta?, ¿cómo va?, 
bien pero mal, mal pero bien, 
vamos tirando, que remedio queda. 

Y así, con él, con la familia, he vuelto a recordar una vieja historia, esas cosas que te vienen a la cabeza, sin saber muy bien el por qué, en realidad, es su final, cuando el “trabajo” de aguador, se queda en la familia.

La historia, escuchada.
EL Tío Vitos, el padre de Valero, sacristán, aguador, agostero, lo que hiciera falta con tal de poder tirar para adelante, sacristán y pintor el pobre hijo, quinto mío, era muy amigo del abuelo, y a cualquier hora estaba el bueno de aquel gran hombre por casa con el Tío José, mi padre.
Allí puerta con puerta las dos familias en el Peirón, confesándose, mano a mano charrando con el porrón de por medio,  el Tío Valero aunque se pegaba media vida en la iglesia, aguantando misas y más misas, a todo aquello no le tenía más apego que el justo, y a lo otro el apego que da la necesidad, como aquel dice, punto en boca. Para echarlos al río a todos.
Y a buen sitio venía a parar, él bien lo sabía, al abuelo todas aquellas cosas en las que se devanaba el pobre del Tío Vitos no le iban gota, y del resto de los trajines que se llevaba el amigo, con la gente de dineros del pueblo, aun menos, pero era lo que tocaba, unas veces sufrir y otras padecer, no había otra que salir adelante.
Aun me parece que los veo allí a los dos en le patio de casa, dale que te pego, pasándose el porrón de mano en mano y echando juramentos a todas caras, no se dejaban ni a nada ni a nadie sin repasar.
¿Cómo?, le decía mi padre, cómo si estas que no puedes ni tatear, más jodido que Arpa Vieja, y hace un frío de tres pares de cojones, como que te vas a ir a la Cirujeda a por agua para estos cabrones,… para que se curen, para que echen el mal pelo fuera sus mujeres, vamos hombre no me jodas, te va a dar un pelo y te vas a morir tu como las vacas, estirando la pata como un animal a mitad de camino, por darles gusto a ellos, mándalos hacer hostias, que se vaya a cáscala a Luco, por un día que beban el agua de la misma que los borregos, de la fuente del Bosque, del pozo, nada les va a pasar, que beban lo que bebemos nosotros, a ver si así les entra el conocimiento y las ganas de trabajar…
Haremos una cosa. Insistía mi pobre padre.
Tú agarras la burra y los cantaros y enfilas para la Cirujeda, como haces siempre, y una vez que haya salido el sol y eche a regalar, te dejas ver por el pueblo, y a lo que entres al camino y llegues a la palanca, miras de que no te vean y te amagas y me esperas, no es menester padecer, yo ya echare a buscarte con el carro y te llevare unos cantaros de agua del pozo, y allí llenamos tus cantaros con el agua de este pozo y a la hora que toca, a la de todos los días, cada uno por su lado te vuelves cara el pueblo y tú haces la ronda y les vendes el agua a los señoritos, ya verás… tética monja, ya verás como remozan, ya.
En pleno invierno, así como estas, vas a ir a la Cirujeda para darle gusto a estos, que no tienen coquines para nada, no te amuela, que se jodan como todos, si un día no puedes ir, no vas y punto, que vayan ellos, que no tienen faenas, que manden a otro, que te lo echaran en cara me dices, pues no faltaba nada más que oir eso, copón bendito, matarlos a todos es lo que debíamos haber hecho, no te parece niño, qué me dices pues, trae, suelta el porrón, que no te hace falta beber más, que toses mucho, deja el vino y bebe algo de coñac maño.
Pero hombre José, que también era muy sentido el pobre Vitos, como voy hacer eso, donde has visto tu hacer semejante cosa, a unos pobres desgraciaos como nosotros, eso lo harán las malas gentes, los cabrones, los que beben el agua…no te digo que no, nos lo hagan, pero nosotros, si no podemos ser malos ni aun queriendo…Ire, a por agua.
Y entonces mi padre le contaba la historia de cuando él era crío y había estado de agostero en casa de los Ruizes, del padre de Pepe y Joaquin, para tratarle de hacer ver, que solo era agua, y que en el fondo no era nada malo, que no eras mala persona por hacerlo, ni engañabas a nadie, nada más lejos de la realidad, simplemente, se trataba de que no abusasen de uno… El amo Ruiz decía una cosa, si fuera vino, pero el agua, que sabe toda igual, ya me dirás tú.
Al día siguiente, como otras muchas veces, por Calamocha, entre la gente de bien, corrió el agua del pozo
De Los Años de la Cazalla. Las cosas de los señoritos.
Cuando falto el pobre Tio Vitos, fue la Tía Joaquina (*) la suegra de Juanico, la parienta, ya viuda, la que empezó a echar viajes y más viajes a la Cirujeda para bajar agua y venderla casa por casa a los señoritos y nuevos ricos, no fuera a ser que el agua de los pozos les envenenase el alma…
Más de una vez y dos, fue el abuelo Casimiro con el carro a echarle una mano, de modo que es fácil imaginar que más de una vez y dos no beberían precisamente la bendita agua de la Cirujeda…. Pues tu abuelo el torrijano, amigo de todos, campechano, trabajador incansable, mejor persona imposible… hizo carrera en los años del estraperlo, se las sabia todas, y el agua del pozo de casa el Tio Perico, no me digas porque, siempre tuvo fama en el Barrio de ser la mejor de todas, mejor que la de la Cirujeda.
Continuara, con en el agua de la Casa Baja,la del Tio Ruiz y también con los conejos de la Masada…



A Pascual, el último Aguador de la Cirujeda, a quien le debía una historia, o tal vez dos o tres, desde que este verano pasado nos encontramos en la fuente.

Mari Carmen Gómez Anda que no echó viajes y viajes mi abuela Joaquina, con su burrica, a coger agua de la fuente para los señores y nuevos ricos, de aquel entonces. Lloviera, Nevara, frió o calor y algún susto en el camino, de algún mal nacido, que por ser viuda, se le acercaban y no con buenas intenciones. Pero ahí, estuvo mi abuela, con su entereza y su valentía, que después de quedarse viuda y ser echada por los Ángulos, de la Huerta Grande a la calle, supo sacar adelante a sus dos hijos. Cuanto te he querido abuela Joaquina.