Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El mejor verano de nuestras vidas

 Siempre creí que mi tía Nati había vivido los mejores veranos de su vida en Calamocha. Sin embargo, estaba equivocado. Un día me sorprendió al contarme que el mejor lo había vivido entre 1937 y 1938 siendo una niña allá en Barcelona, cuando se iba de vacaciones en plena guerra civil a un yate anclado en el puerto que el tío Blas, hermano de su madre, Maria Mateo Bruna, tenía a su cargo mientras el señorito esperaba tiempos mejores en lugar seguro.

Pasaban una semana o dos y también de vez en cuando algún día suelto. Bañándose, cantando y bailando. Olvidándose de todo. En ese constante tirar para adelante que fue la vida de nuestros mayores en medio de la nada y el horror.

Su madre, el tío y demás amigos de veraneo no sabían que hacer para divertir a los chiquillos. Cada matrimonio llevaba lo que podía y aquellos días se tomaban un descanso pensando que tal vez vivían un mal sueño del que pronto despertarían. Los niños desamparados y sin futuro merecían algo mejor.

A unos metros de aquel pequeño barco había uno inmenso. Un buque prisión en el cual el padre de Nati estaba encarcelado. Allí por el contrario no había fiesta ni verano. Allí paso Miguel Alba Lozano la mayor parte de la guerra tras volver del Frente de Aragón y tomar la decisión de no luchar bajo órdenes que no fuesen de la CNT. Nati junto a su madre y hermana Maria, esta última aun entre nosotros, pasaban horas con la vista perdida en aquel monstruo de hierro que se había tragado lo que más querían. Salvo esos momentos el resto era una fiesta.

Al anochecer rendidas de sol, agua y canciones Blas, quien ejercía de padre para ellas y se había librado de la cárcel las cogía a caballo y las llevaba a la cama. Y lo mismo les hacía reír que llorar de miedo. Todo es vida, cuando les cantaba y bailaba el charlestón “Al Uruguay yo me voy” asegurándoles que el señorito se había marchado a América y comprado un rancho donde les aguardaba y que al día siguiente al despertar verían las costas de aquel bonito país no sin antes en medio de la noche rescatar a su padre. Les hacia soñar, les ilusionaba y el miedo merecía la pena y les devolvía la esperanza, la vida. Pero cada mañana al despertar y mirar al horizonte, Barcelona seguía ahí, el barco no se movía y el monstruo amenazante continuaba devorando a su padre.

Un día Blas echo el bote al mar, subió en el a su hermana y sobrinas y dos amigos se pusieron a remar en dirección al monstruo. Sabiendo que no podían oírle, gritaba a los carceleros toda clase de barbaridades y amenazas. Nati y Maria lloraban creyendo a su tío, iban a volar el barco, matarlos a todos, rescatar a su padre. Sin duda a morir todos. Nunca irían al Uruguay ni serian felices. “Calla desustanciado”.

Finalmente alcanzaron el monstruo les dejaron subir a bordo y pudieron volver a ver a su padre tras más de un año. Ante sus ojos de niñas apareció un anciano que aún no había cumplido los cuarenta, un muerto en vida, extremadamente delgado, apestando, con la ropa hecha jirones, con la barba blanca y larga como Jesucristo. “Fue como estar en el cielo y ver a Dios”. Corrieron abrazarlo. Impresionadas veían llorar a Blas. ¿Quién sabe qué precio pago para conseguirles el mejor verano de su vida?





Sin duda el verano del 2020 que ahora acaba podría haber sido y tal vez lo haya sido el mejor de nuestras vidas y nosotros no comprenderlo hasta muchos años después como les sucedido a mis tías. Nati por su parte el del 39 lo paso igualmente feliz en el pueblo más maravilloso del mundo, la isla bonita de Torrijo con sus abuelos maternos Blas y Jerónima en casa de su hija la tía Eulalia, pero eso ya es otra historia.

 Articulo publicado en El Comarcal del Jiloca 4 septiembre 2020

domingo, 16 de agosto de 2020

¡Ojalá todos los días fuese San Roque!


Glorioso Patrón San Roque Otrora Dichoso 


Hoy suspendida tu fiesta, pagana y pendenciera. 

Esa que tanto nos gusta. Aquella que hace del catorce: 

Chupinazo, reencuentro, charanga. 

Rendida hoy tu fiesta galante al sentido común



Derrotado pueblo, vencido en el ánimo. Alejado de ti demasiado tiempo. 

Del otro San Roque y su liturgia, del sencillo, el callado, el tranquilo. 

Tu oración cancelada. 

Llego por fin en tu día el silencio a la plaza

La mañana de un dieciséis de agosto del 2020

 Tu fiesta, tu dance, tu dicho desapareció


Confinado en la iglesia, camino de tu ciento cincuenta aniversario.

 ¡Tú! 

Aquel San Roque de quien presumimos de la peste nos libró dos veces

Lejos de la Semana Santa, llego el silencio a Calamocha

Cuando otra peste, la tercera, recorrió la villa

Y hasta hoy Santo Patrón, no tuviste ocasión de ayudarnos. 

Se Bienvenido. Tal vez te olvidamos. Tardamos.


Distancia, mascarillas, gel, miedo

 Venció lo terrenal a la imaginación, la realidad a la Fe. 

¿De qué presumiremos en adelante? 

Si de esta será la ciencia quien nos libre y no tú, Santo Patrón.



Verte, rezarte, acercarnos a tu peana hoy podremos. 

Y yo tan solo lo haré para pedirte perdón. 

Quizás mi buen San Roque: 

Debí en la noche saltar tu tapia

Romper los muros que nos separan

Olvidar la ciencia, abrazar la fe,

 Sacarte a la plaza, bailarte, rezarte


A pesar de todo un año de nuevo te sacarán

Y habrá quien ya no te podrá ver

Por todo lo alto lo celebraran. 

Todo estará olvidado

Nos habrás perdonado 

Salvado una tercera vez

Y tal cual lo recordaremos



Dichoso San Roque


Santo Patrón de los calamochinos 

Protege hoy por encima de todos: 

A esos cuarenta y nueve que quisieron bailarte

 A los seis dicheros que quisieron rezarte 

Y a tu Cofradía quien presa entre la fe y la razón 

Hizo cuanto pudo por asomarte a un plaza hoy desierta


jueves, 13 de agosto de 2020

Aquel maravilloso San Roque del año Ochenta y Pico

Hubo tiempo muy lejano. Cuando la caja de cerveza de La Zaragozana era amarilla, en el cual allá en Calamocha por San Roque sucedían cosas verdaderamente extraordinarias. Dignas de ser contadas y recordadas más en un año como este en el que las fiestas fueron suspendidas.


CAPITULO I

La Sava

Calamocha noche del trece de agosto del año ochenta y pico

En algún lugar del Rabal entre el Callejón de los Condas y la Calle Aragón a la hora de la fresca

Canción

Qué agobio de verano

Tengo el cuerpo empapado en sudor

Se me cae la casa encima

Yo ya no aguanto el calor

La vida ya no es vida en la ciudad

Llegó la hora de cambiar asfalto por mar

Cansado de vivir en una jaula como un animal

Quema la ropa de invierno y prepárate para viajar

Que la tierra prometida está más cerca de lo que puedas pensar

California ya no existe, el sueño acabó

Pero yo sé de un lugar donde brilla el sol

Déjame llevarte este verano donde está la acción

Mediterráneo

Ruta de calor

Mediterráneo

A templo del sol

Mediterráneo

Noches de luz y color

(Mediterráneo. Los Rebeldes)


José y Miguel Ángel se pegaban todo el verano de un lado para otro perdiendo el culo detrás de su padre pintando y cosechando. De la furgoneta Sava al descapotable rojo americano de tropecientos caballos en forma de tractor el clásico Massey Ferguson y tiro porque me toca, de un pueblo a otro de un campo a otro y para descansar ahí tenían la granja de pollos para los ratos perdidos. Había que pensarse mucho si seguir con esa vida merecía la pena. Miguel Ángel de hecho estaba estudiando entre Zaragoza y Logroño.

Aquella noche por fin comenzaba el verano para ellos, las fiestas estaban ahí. José ni siquiera se había duchado, aun llevaba el traje de faena, unos pantalones cortos de deporte azul claro oscuro y una vieja camiseta blanca España 82 sobre el hombro, a cuerpo limpio, más que moreno de campo y de andamio estaba negro como el tizón con la piel estucada llena de pintura. Puro optimismo no paraba de sonreír y cascar, buscaba con desesperación entre los pantalones y parecía evidente que no llevaba calzoncillos. Pero lo que buscaba ahí no estaba, en aquellos años ochenteros los pantalones de deporte aun siendo tu talla resultaban minúsculos para tanta humanidad.

-        Joder no me lo puedo creer, lo he llevado encima todo el puto día y ahora no lo encuentro, debe estar en la Sava, soy un caso.

-        Deja de meterte mano delante de nosotros gilipollas. Olvídate no va a funcionar, nos tiene pillados de los huevos. Este año la vamos a pringar. Le advertía su hermano.

Josecico buscaba un imán, se le había metido en la cabeza que si lo colocaba en el punto exacto del salpicadero de la furgoneta el cuentakilómetros dejaría de funcionar y podríamos con ello disponer de la misma mientras su padre estuviese de vacaciones en la playa, de hecho ya se había marchado. El año anterior con el carné en el bolsillo y recién sacado aquella semana de vacaciones más allá de los días de fiesta fuimos de pueblo en pueblo y nos hicimos unos setecientos kilómetros. Para que no se notase la cosa José tomo la precaución de terminar la semana dejando el deposito de gasoil tan lleno como lo encontró de su padre. Pero la policía no es precisamente tonta y la memoria de este hizo el resto. Habíamos hecho más kilómetros que su padre sin haber pisado mas playa que la Cala Mocha y alrededores. José o Miguel Ángel conduciendo y el resto de la cuadrilla en la Sava con unas alpacas de paja como asientos y un par de cajas de cerveza de La Zaragozana a los pies abarriendonos los restos de las fiestas como si no hubiera un mañana pues pasado San Roque bien sabemos los calamochinos que cualquier día hiela y se acaba todo hasta el mismísimo Santo Cristo.

Aquella noche al otro lado del Barrio de las Escuelas andábamos dándole los últimos retoques a la Peña la cual  consistía en cuatro tablones rescatados de los andamios de pintar a modo de mesas y sillas y poco más. Habíamos cenado y estábamos esperando a Parri, pero Joaquinito, siempre tranquilo no venía, así que José se canso y junto con mi hermano, tan nervioso como el decidieron ponerse en marcha.

-        Venga el tío Mariano ya estará por Teruel, ese le pisa a base de bien, y el Renault 12 corre mas que una burra cuesta arriba y si se ha olvidado algo ya no le merece la pena volver. Vamos a por la furgo, vosotros gabaches esperarnos en la esquina del Pilero o mejor en el abrevadero y así cascamos allí la vuelta y nos vamos. El equipo A, ha vuelto, será una misión peligrosa, solo apta para machos, nos llevará un rato, y no volveremos hasta pasadas las dos, traer una caja de cervezas.

Apareció por fin el gran Parri allá por la costera del cuartel vete a saber de donde venia y esperamos la llegada de los osados de la Sava para subirnos a ella justo cuando pasaba cara el Poyo el Raba y los suyos con el dos caballos a todo trapo como una exhalación en un visto y no visto, como en una visión apareció la Chirriana Azul que todo el mundo creía muerta a la salida de Torrijo años atrás “Chavales si paramos no arranca, me dan mil duros por ella, se la llevó al amo, ¿pero ande leches vais si esta todo el mundo en el Barrio Bajo?”

Íbamos a lo nuestro a lo de todos los años y mejor callarnos, aunque con Paco El Raba ni que decir tiene nos hubiéramos ido al fin del mundo aquella noche lo mismo que hoy. Íbamos a bordo de la Sava a navegar bajo el amparo de la noche por algún indeterminado lugar calamochino entre Navarrete, Torralba, El Poyo y Luco.

 

CAPITULO II

En algún lugar de la Masada cayó el Imperio Romano

Canción

Hay un tipo dentro del espejo,

que me mira con cara de conejo.

Oye tú, tú que me miras:

¿es que quieres servirme de comida?

Soy un macarra,

soy un hortera,

voy a toda hostia por la carretera

(Soy un macarra. Los Ilegales)

Nadie se lleve a engaño, fuimos en todo momento hasta fecha de hoy unos chicos buenos, lo del imán no funciono si bien se intentó cuanto se pudo, y no por ello dejamos de subirnos  a una furgoneta con solo dos asientos y hacer kilómetros, “si bebes no conduzcas” nos lo enseño Stevie Wonder y resulto, quien conducía no bebía, aquella Sava tenía tantos años como todos nosotros juntos y corría lo mismo que nosotros a pesar de la diferencia de edad, poco o nada.

Como de costumbre aquella noche previa al chupinazo íbamos a mangar una docena de alpacas de paja al campo de algún pobre incauto, para poder sentarnos en la Peña e improvisar una pajera por lo que pudiera pasar y nunca paso. José conducía, cantaba, hablaba, le pisaba mientras su hermano serio le decía de todo y se resignaba, “ademas de tonto se entrena, no tiene un geme conocimiento es tonto a mas no poder”. Apuraba los caminos, iba y venía, daba vueltas sin sentido, y tarareábamos sin parar a base de monosílabos de acuerdo a todos nuestros conocimientos de inglés aquella maravillosa canción de los Dire Straits de Walk of life, pasando una y otra vez por el mismo lugar, sin radio una furgo como dios manda, sin música todo se disfruta más, ni que decir tiene que le gustaba conducir y se sentía importante cuando se le iba la zapatilla en una curva o en un bache y nos hacía saltar y ver las estrellas.

Se las daba de valiente, trataba de acoquinarnos y para colmo de nuestra eterna mala suerte, había luna llena y se veía como si fuera de día. Desapercibidos no íbamos a pasar, mala noche para salir afanar nada, había ovejas por todos rastrojos, cosechadoras apurando las horas antes de las tormentas sanroqueras, empacando otros y los más optimistas regando. En fin, había en la Masada más gente que el Peirón, el mangar sin ser visto estaba complicado y peligroso, nos iba la marcha, nos comíamos el mundo, no le temíamos ni a nada ni a nadie, ni mucho menos al artífice al volante.

- “Me encanta que los planes salgan bien. Venga chicos vamos a mangar esas mismo, atentos que apago las luces, con dos cojones, que no se diga, agarraros vamos a entrar campo a través en el rastrojo, ¡acelera Torete, acelera!, (se animaba así mismo hablando solo) hasta están apiladas, que disgusto se llevará el amo cuando eche a buscarlas. No le vamos a dejar ni una.¡Sooo! Echa el freno Madaleno, hala cáscala bajar”

Y allí a la vista de todo y de todos, cargamos la Sava, y ya puestos, la noche era tan buena, la fresca aquella de los campos recién cosechados los unos y regados los otros transmitían tal calma y serenidad y lo jóvenes que éramos que no pudimos resistirnos e improvisamos un sofá cara el horizonte infinito de Santa Barbara como si estuviésemos al borde del mar, bajamos una caja de cervezas y empezamos a beber y charrar. José, como siempre hizo, abría las botellas con los dientes y nos las pasaba. Cosas que se aprenden de pequeño y jamás se olvidan, como ir en bicicleta, y el aprendió abrir las botellas de leche Ram del Plan Marshall con los dientes igualmente de leche.

-        Pues yo tíos, al año que viene, que os den mucho y bien, sintiéndolo mucho no se si os podre acompañar para todas estas historias y demás pijadas, nos hacemos mayores para tanta trápala, si viene el tío, lo tengo claro, no me echo a correr. En fin, he dejado pasar la prórroga, al año que viene igual estoy en la mili con el chopo a cuestas aguantando a esos cabrones en lugar de vuestras impertinencias.

Parri se ponía melancólico como solo él sabía hacerlo, pero la seriedad y transcendencia del momento iba a ser desbancada. Si buscaba consuelo en nosotros se había equivocado, dos piedras. A estilo tropa cada uno se jode cuando le toca. Todos íbamos a terminar marcando el paso bajo órdenes absurdas en un cuartel. Y no, aquel no iba a ser el peor sitio ni los peores jefes que la vida nos daría, todo lo contrario.

-        Pues yo tíos, a cáscala, no vuelvo al instituto, ya está bien de repetir, ni sé la de años que llevo allí, parezco el padre de todos. Ya le he dicho al tío Mariano que se vaya olvidando. Yo no me quedo aquí en el pueblo para vestir santos, rascar paredes, pastar titos y destripar terrones, en septiembre me voy con vosotros a Zaragoza a estudiar cualquier cosa, de eso de los ordenadores mismo que dicen tiene futuro.

Oír aquello fue un bombazo inesperado para todos, se nos cayó el mundo, menuda sorpresa. Andaba Josecio, prácticamente solo sin nosotros el resto del año, aburrido dándole vueltas a la cabeza después de tropecientos cursos en el instituto, repitiendo por vagancia que no por tondo y harto de semejante travesía en desierto calamochino había decidido marchar a Zaragoza, donde estábamos la mayoría y dejar el pueblo.

Era sin duda el fin de una época, tal vez de la cuadrilla mismo, eso lo cambiaba todo, él era lo último que nos ataba al día a día de Calamocha. Si abrían o cerraban un garito, si reformaban otro, si este se liaba con aquella, si venían otra vez Los Inhumanos a tocar, si para San Roque traerían a fulano o mengano, si habría un concierto del grupo de moda en cualquier fecha perdida, si organizábamos una comida, una cena, todo pasaba por él.

Necesitábamos sin duda otra cerveza, muchas más y no habíamos traído tantas, de pronto sentimos frio, iba a ser aquel el último año en que salíamos a mangar alpacas, un pastor nos saludó desde el camino y le ofrecimos una cerveza de cortesía camino de las dos de la mañana, nos daba pereza de pronto todo, tanto marcharnos de allí como que llegasen las siete de la tarde del 14 de agosto, no estábamos para nadie. Joaquín a la mili por fin tras lo estudios, el primero en acabar, y José, la caída de un clásico tras varios años de verse el percal comprendiendo que o dejaba Calamocha o décadas después allá por el 2020 salvo catástrofe mundial estaríamos allí mismo otra vez robando alpacas a su padre. Porque todo hay que decirlo, nos hacía ilusión presumir y hacernos el mil hombres el valiente, pero esas alpacas las había “alpacado” la tarde de antes Miguel Ángel y eran suyas. Darse el gusto a ojo de los demás de que las estábamos robando era impagable.

-        Ah, pues yo me voy hacer otra cerveza, tu Josecico te jodes, si conduces ya sabes no bebas, además te vas a poner a estudiar y vas acabar con tu reputación, cuanto antes lo dejes mejor, lo mismo que ir tras las tías olvídate ya no te conviene, pronto llevaras gafas, te pondrás gomina, echaras tripa, yo en la mili, estos en tierra de nadie. Cualquier día será San Roque y nos soplara la polla. Y se hizo el silencio más absoluto.

-        ¿Y si nos vamos mañana a comer al Mas y nos damos un chapuzón?, ¿os acordáis de años atrás? cuando el día que empezaban las fiestas nos íbamos aún sin carnet con el Citroën 8, el 850 el Renault 12 a todo trapo, la polvareda que levantábamos. Nos vendrá bien refrescarnos y olvidarnos de todo, una última vez a saber dónde estaremos el año que viene. Era yo y mi eterno romanticismo por los tiempos pasados quien hablaba.

-        Cállate, no vengas jodiendo, más que polvo era humo, medio volcamos, pinchamos, olvídate yo al Mas no vuelvo. Vámonos a la piltra presiento que estas van a ser unas fiestas muy duras, por no decir jodidas, con tanto bono que amortizar. Además, el tío Mariano se las ha pirao pero estamos con los huevos de corbata porque debíamos haber sacado los pollos ayer e igual estos cabrones llaman y lo joden todo y en mitad de las fiestas tenemos que sacarlos y mi padre no va a venir y me voy a cagar yo en los putos muertos del tío los pollos y la madre que lo pario.

-        Tranquilo Tato, eso no va a pasar, estas fiestas se va a cagar la perra.

-        Con que nos lo pasemos igual que en Navarra me conformo.

 

Capitulo III

Cuando Ilegales actuaron en Navarrete tan solo unos días atrás de aquel día de agosto del año ochenta y pico

Canción

¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?
Qué clase de aventura has venido a buscar
Los años te delatan, nena, estas fuera de sitio
Vas de caza, ¿a quién vas a cazar?
No utilices tus juegos conmigo

Mujer fatal, siempre con problemas

(¿Que hace una chica como tu en un sitio como este? Burning)

-       Sigo pensando que los tíos que vimos el domingo en Navarrete eran los Ilegales. No me lo puedo quitar de la cabeza eran ellos fijo. Están a todas horas en la tele son de sobra conocidos no sé cómo la gente no se dio cuenta de que los teníamos ahí mismo subidos al escenario al pie de la iglesia a tiro piedra que si les caía una teja o un cacho yeso con la escandalera que prepararon les partía la crisma. Era yo quien contaba por enésima vez lo que había visto. Debimos salir corriendo tras ellos por muy feos que sean y tenerlos tocando hasta el amanecer

(Aun hoy después de más de tres décadas de aquella tarde noche de domingo allá por los ochenta y pico pienso igual. Yo vi a Ilegales en Navarrete)

-       Estoy seguro, seguía firme en mi razonamiento y hasta tenia ya una teoría para explicar lo acontecido. Estos tíos venían perdidos de tocar en las fiestas de algún pueblo de la parte de las minas y  al pasar por Navarrete camino de la general vieron la luz, aunque no la había, sintieron el olor de la carne y cerveza fresca y se amorraron a abrevar en la barra. Alguno habría supongo de la orquesta que yendo sereno los reconoció y les pidió que se tocasen algo a cambio de unas birras más y un bocata de panceta y ahí está el resultado, se pusieron hasta las orejas, se enrollaron tocaron y nos dejaron algo que contar a nuestros hijos aunque en realidad nunca sabremos si paso o no paso. Yo como lo vi todo no tengo duda alguna.

-       La tajada que llevábamos era buena, si ya bajamos mamaos, si aún no se nos había pasado la kurda de la noche, entre que arreglaron y no el corte de luz nos pusimos otra vez finos, total para diez minutos de verbena. Fue la hostia, lo que sea que paso. Parri el más alto de todos, lo había visto como yo.

-       Joder, hay que ver lo mal que os sienta el beber cualquier cosa fría, una orquesta de pueblo y punto, unos mataos de tres al cuarto que aquello es Navarrete machos,  solo recuerdo que tocaban pasodobles y que me tenían hasta los cojones, todo estaba lleno de viejos y críos, un domingo por la tarde nunca es lo mismo que un sábado por la noche y cuando tocaron Paquito el Chocolatero ya fue el colmo se me acabo la paciencia, si se ponen a tocar el Manisero subo al escenario y los echo a patadas, total que  salí huyendo a Calamocha con Carlos y los de Cosa que estaban en las mismas. A buen seguro la razón estaba con Miguel Ángel

-       Yo vi a los Ilegales en Navarrete y punto, nadie podrá jamás convencerme de lo contrario, ni siquiera su cantante.

-       No me seas gilipollas

Habíamos estado de fiesta el sábado por la noche en Navarrete el único lugar donde se podía ir el primer fin de semana agostero, con permiso de Luco con cuyas fiestas coincidían, pero irnos a cáscala sin que nos mandasen siempre nos pareció una pedantería por nuestra parte, ir demasiado lejos. Eso si no quedaba otra que irte fuera dado que en Calamocha no quedaba nadie, no había nada desde que dejo de hacerse la verbena del comercio o de la presentación de las reinas para que pudieran hacer caja el resto, y doy fe de que la hacían talego a talego.

Aquellos sábados navarretinos in the night previos al chupinazo siempre fueron casi lo mejor del verano. El domingo posterior obviamente lo dedicábamos a velar armas entre jarbes de cerveza con el chupinazo a la vista y recordando no sin dificultad lo sucedido la noche anterior, pero aquel día, como invariablemente siempre pasaba, llego un momento en el cual nos decidimos a ir de nuevo a Navarrete y echar la última cerveza.

Al llegar aquella tarde noche era evidente algo pasaba a la altura de la plaza y su escenario. No era normal el silencio musical y la oscuridad que se apoderaba del lugar montones de coches a todas caras, gente y más gente y solo se oía el bullicio del pueblo. Así que a falta de nada mejor la barra estaba hasta los topes, y aunque no teníamos sed, cortesía obligaba hacer algo de gasto, “vosotros pillar cacho por allí, nosotros probamos aquí y nos hacemos unos litros, el primero que pida que avise”. Momentos después todos habíamos culminado con éxito la misión y teníamos antes nosotros una vez más, más litros que manos. “Venga que se enfría, que no pare la bota que le decía el pastor al perro”.

Y alargando la espera, otra ronda hasta que se encendieron las luces, chirrió algún altavoz y entonces tal vez sucedió. Dos tíos y medio sobre el escenario porque ya me era imposible alcanzar a ver más hicieron sonar unos primeros acordes guitarreros, todo ocurrió tan repentinamente que cuanto más lo pienso más me doy la razón a mí mismo.

Ilegales, unos cachondos con clase, tras el bocata de panceta y las litronas subieron al escenario y atacaron los primeros e irónicos acordes de “Agotados de esperar al fin” para seguidamente sin darnos tregua ni dejarnos pensar si lo que veíamos y oíamos era real o no tocar dos veces seguidas “Soy un macarra” afortunado corte de luz incluido entre ambas. Nos volvimos locos, parecía que se había hecho de día, una más y nos vamos, dijo roncamente su líder y ya eran sobre las diez cuando tocaron el himno verbenero de la canción protesta ochentera por excelencia “Odio los pasodobles” Fue la apoteosis de una noche de verano, que levante la mano quien con veinte años no odiaba los pasodobles en las fiestas de pueblo. A todo el que quería escucharme le decía lo evidente “Oye que son Ilegales de verdad, fíjate en el peinado del cantante, que esto no es la orquesta, es el grupo” 

Y se acabó lo que se daba, desaparecieron sin más del escenario lo mismo que subieron a el y comenzó a sonar “No te vayas de Navarra” y ya no eran tres o cuatro tíos, ni siquiera los mismos los que estaban tocando, eran otros y era una tía a años luz del sexapell ilegal quien cantaba. Muy probablemente el líder de Ilegales o cuando menos el batería llego hasta allí en busca de su amor, esta pudo haberse fugado con el pero le dio calabazas una vez más.

 

CAPITULO IV

Hasta que la muerte nos separe

Calamocha tarde del catorce de agosto del año ochenta y pico

En algún lugar del Rabal entre el Callejón de los Condas y la Calle Aragón a la hora del café

Canción

Con isto da movida (que movida)
Con isto da movida (que movida)
Haiche moito ye-yé que (que movida)
Haiche moito ye-yé que (que movida)
De noite e de día (que movida)
De noite e de día (que movida)
Usa jafas de sol que movida)
Usa jafas de sol
¡Fai un sol de carallo!
¡Fai un sol de carallo!

(Galicia caníbal. Os Resentidos)

 

Al General Westinghouse la calor de una tarde de agosto en Calamocha se la traía al pario y se la pasaba por el arco del triunfo, las cervezas eran hielo puro y los cubitos tardaban en regalarse un invierno calamochino de los de entonces, una eternidad, aquella nevera que habíamos rescatado, cómo no gracias a la Sava, de una muerte segura de casa de mi abuela Exaltación y llevado a la Peña enfriaba sin conocimiento aun yendo a 125 voltios con transformador de por medio

Nos habíamos vestido de blanco después de comer y acercado hasta allí a tomar nescafé con hielo, uno tras otro antes de empezar con las cervezas y los cacahuetes y mientras estuviéramos serenos a preparar bocatas de cara a la cena. A los diez minutos, ya estábamos dándole a las birras con cacahuetes los cuatro, las dos parejas de hermanos a la espera de quien tuvieses que venir. Y llego Joaquinito abrió la nevera y se sirvió dos cervezas a falta de una para no echar dos viajes en plena calor y con el fin de ponerse a la par. “Hostia puta que calorina, no sé cómo tienen cojones los cuatro mataos que han quedao de ir al chupinazo de la Unión ¿y quién es el presidente Cetina nuestro quinto? aun a las siete es una barbaridad ir al ayuntamiento, venga echamos otra antes de que venga la vasca, ale Josecico, bollycao, capullin, te ha tocado levántate tú que eres el más joven”


Lo cierto es que después de las cervezas bajo la luz de la luna nos habíamos quedado tocados casi hundidos y aunque nadie lo dijera los cinco sabíamos que aquellas iban a ser las últimas fiestas que íbamos a pasar juntos, las últimas fiestas tal y como las habíamos conocido años atrás, media docena tan solo pues la nostalgia lo idealiza todo, una época marcada por el grito “Los del Rabal. Valemos un Montón”. Valiente tontería lo uno y lo otro. Nos pusimos nostálgicos en todas direcciones.

-        Pero, Chema del Ignacio sabemos algo. Pregunto Miguel Ángel

-        Lo de siempre, ni escribe, ni llama, ni su madre sabe nada, sigue con su carrera de matador de tocinos y el resto es fácil de imaginar, si ha venido en el autobús de las dos lo sabremos enseguida.

-        Joder yo es que me lo veo venir, en diez minutos lo tenemos aquí, se nos casca media docena de cervezas, nos dice que se va el día la Virgen y de escotar nasty de plasty que se nos pega aquí todas las fiestas de gorra sin gastarse un puto duro. No hubo que esperar tanto, Miguel Ángel tenía razón, una luz cegadora seguida del silencio más absoluto se adueñó del pitañar que teníamos por Peña

-        ¡Buenas muchachos, he venido!

-        ¡Eh Tolo!, joder el rey de Roma, me habías parecido mi primo Jorge, el Jordi, que alegría verte, bien hallado seas, venga acércate y tráenos unas cervezas y así no me levanto yo. ¿Y qué te cuentas, ya tienes novia?, parece que has crecido.

Comenzamos a vitorearlo y que más daba ya todo si aquellas iban a ser nuestras últimas fiestas juntos, Joaquín en voz baja no dejaba de repetir, “que os dije ayer, que comprar un candado y cambiar el de otros años era una buena inversión”.

Acto seguido apareció Andrés  con la lengua fuera“¿Galle, ande esta?, pregunto, me dijo que se pillaba el día libre y que estaría por aquí ayer y hoy ayudando, yo no he podido y no veáis como lo siento. Sacarme una cerveza o dos que vengo seco esto esta muchismo lejos y hace una calor del copón, me voy beber todas las cervezas que me toquen de la Peña ahora mismo y no vuelvo a subir más “

-        Tíos este año que no pase la de siempre, a ver si de una puta vez pasamos las fiestas juntos del chupinazo a la vaca y no va cada uno por su lado como puta por rastrojo  quedando de un lado a otro, siempre perdemos más tiempo esperando y buscando que de fiesta y ojo al dato, este año vamos a estar en todos los sitios, como dios, salvo en misa y procesiones, no nos vamos a dejar nada, y no vamos a volver a casa hasta que no cante el tocino. En realidad, tal arenga pudo decirla cualquiera de nosotros a sabiendas de que haría el mismo efecto que en años anteriores.

-        A mi antes de salir de casa ya me ha dicho el viejo que si no llueve de aquí a San Roque el día San Roquico que no haga cuenta con dormir que tiene el agua en la Orillada y habrá que regar las patatas, así que van a ser unas fiestas duras, muy duras, ¡cabrones! Solo habéis comprado cerveza y cacahuetes. Como se nota que sois estudiantes y no tenéis una puta perra. Andrés solía recordarnos nuestra cruda realidad sabedor de que un día cambiarían las tornas.

José le había preguntado a Tolo por la novia, y no era una pregunta a lo loco ni con segundas, de haberla tenido muy probablemente no habría venido como así habría de suceder en el futuro. Estábamos todos en puertas de los noviazgos y era evidente que con la llegada de las mujeres el final de la cuadrilla tal cual venía siendo seria más que evidente y con el paso de los años aun manteniendo el bloque inicial progresivamente nos iríamos separando, encontrando, distanciando y volviendo a encontrar. Alejando y hoy pendientes de encontrarnos.

 

CAPITULO V

Chupinazo

Canción

La culpa fue del Cha-cha-chá

Que tú me invitaste a bailar

Embistiendo a mi capote

Yo me asomaba al balcón de tu escote

La culpa fue del Cha-cha-chá…

(La culpa fue del Cha-cha-chá.Gabiente Galigari)

 

La plaza de España en los años ochenta y pico era el centro de las fiestas, allí sucedía todo al raso bajo las estrellas y la luna sin miedo a que lloviese. Ya podía esperar sentado Andrés que nada ni nadie le iba a salvar de regar el día San Roquico pues en aquellos años hasta el tiempo parecía controlar el ayuntamiento. Hoy no hay fiestas que no llueva, ahora que no hay caracoles, llueve.  Por las noches la plaza quedaba cerrada con unas grandes puertas que daban paso a los conciertos demostrando una vez los calamochinos que se pueden poner puertas al bosque lo mismo que nos habíamos empeñado en permanecer juntos eternamente y a punto íbamos a estar de conseguirlo.

Tiempo antes del chupinazo llegamos a la plaza sedientos a mas no poder buscamos un grifo de cerveza y un litro tras otro comenzamos las fiestas entre el mogollón de la gente, saludos, besos, abrazos y toda la cerveza del mundo. No teníamos medida, ni fondo. ¡Joder como se echan de menos aquellos días! (Pausa emotiva casi para llorar)

Quizás al primer litro no fue, al segundo que siempre fue seguido del primero quizás tampoco, quien sabe si al tercero o al cuarto, sin duda debió ser cuando ya cada uno tenía un litro en la mano que estábamos ya cada uno por su lado tal cual seguiríamos el resto de las fiestas y nuestros días en su mayor parte. Hasta allí llego, no pudimos llegar más lejos, no supimos, no quisimos, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Claro que hemos tardado más de treinta años en darnos cuenta, señal que de que todo fue bien.

-       ¡Joder! Dijo Chope, ¡cáscatela! alucino pepinillos. Mientras buscaba el litro de cerveza que recién pedido le había volado de la mano, allí está el cabrón de Javier, si allí cara el Pobo esta, es el fijo,  aunque no puede ser, yo diría que va agarrao a una tía. Y yo aquí a dos velas. Que alguien me pida un litro me dan ganas de llorar

-       ¡Mecaguen el copón! Sera cabrón, el Tolo se ha llevao tu litro, mi litro y el barril porque no ha podido, míralo a dos manos va, joder el que nos faltaba, el Rafa también ha venido de Zaragoza ya estamos todas, en busca de alguna jovenzana habrá venido, otro que se cree que todos días es Navidad, lo del año pasado no creo que lo repita. A Miguel Ángel con razón le hervía la sangre, lo mismo que Andrés. Pues yo mañana me voy a cazar a Caminreal o a Cosa con Carlos, ya he quedado, no nos acostaremos, todo sea que se nos de mal y vaya por la tarde con la repetidora a la Peña y acabe con todos estos jetas de la capital que vienen aquí a tocarnos los cojones, levantarnos las tías, beberse nuestras cervezas y comerse nuestros cacahuetes  sin soltar un puto duro y además hemos de reírles las gracias, cabrones hijos de la gran puta, vamonos de aqui que se nos mean en el bolsillo…. “Eh Rafa, ¿cómo estas colega?” Comenzaba ya esa fase que conlleva toda borrachera decente a cargo de las buenas personas de exaltación de la amistad donde todo se perdona y olvida.

-       No sé quien andaba buscándote a ti y a tu hermano José. Dijo una voz en medio del follón mientras sonaba el chupinazo y las carrozas de las Reinas se ponían en marcha hacia las Monjas.

 

CAPITULO VI

Nochevieja en agosto

Canción

Los del Rabal

Valemos un montón

¡Eh! Valemos un montón

!Eh! Tiramos un montón

Los del Rabal

Valemos un montón

Valemos un montón

(Paco el Raba inspirado en un anuncio ochentero de Huesitos)

 

Una nochevieja del año ochenta y pico dimos cuenta de un cordero en casa del pobre Adolfo, tío de Parri, quien bien nos advirtió que aquel hogar tiraba del copón, que humo no tendríamos ni frio tampoco, más bien todo lo contrario íbamos a pasar más calor que en agosto, finalmente así fue.

Fajo de sarmiento va fajo viene, la carne, la cerveza, abre un poco las ventanas, mejor las portaladas, vamos a mover la mesa, ahora un poco luego otro poco y a lo que quisimos darnos cuenta estábamos fuera en manga corta, camiseta de felpa al cuerpo, bien comidos y bien mamaos bajo las estrellas sin ganas de movernos, a falta de uvas unos cacahuetes, una radio que a duras penas encontramos para poder oír las campanadas y ponernos en marcha, cara la Peña de la Unión y su verbena, sin prisa pues que no fueran la una o las dos no habría ni dios. “Joder se ha congelao el agua, pero quien cojones está bebiendo agua, a ver que me entere yo, quien es el gilipollas venga vamos a rematar el champan” En aquel momento sentados en el corral bajo las estrellas, con el fuego a la espalda, al raso, no lo sabíamos ni nos importaba, lo conocimos días después, en Calamocha hubo aquella noche doce grados bajo cero. (Pausa emotiva, joder éramos insulsamente jóvenes).

Rematamos la faena, nos bebimos todo salvo el agua de los floreros que usamos para apagar las ultimas caldas de la chimenea, replegamos, barrimos, lo dejamos todo en perfecto estado de revista tal y como nos lo había prestado el bueno de Adolfo y oliendo a humo, ya abrigados nos bajamos a la Peña la Unión. Aún era pronto y por una puerta entramos y por la otra salimos habían puesto calefacción y hacia un calor insoportable, así que nos fuimos a tomar algo de cerveza por la Rambla Bañon cara el Peirón y allí al subir la costera del Aldi apareció Paco el Raba and The Wings, ósea el Raba y sus chicos. A escape empezamos a darnos abrazos,  felicitarnos el año y dada la solemnidad de la noche tanta gente como pasaba se unía. Finalmente llegada la calma Paco, eternamente líder, en el centro del corro pidió silencio y la palabra:

“Chavales, atentos, ¿os acordáis del anuncio de Huesitos? siguiendo su música he cambiado la letra. Cantar conmigo”:

Los del Rabal

Valemos un montón

¡Eh! Valemos un montón

Guay del Paraguay nos pusimos a cantar una y otra vez, nos costó lo suyo pero nos aprendimos la letra el compás y el ritmo y le pillamos el tranquillo después de un tiempo. Aquella canción, aquel himno, ha quedado hoy en un emotivo saludo al vernos año tras año: “Eh, valemos un montón”. Lo cierto es que nos engancho y desde aquella noche fue nuestra canción de amor frente a la chica más guapa de Calamocha, por buen nombre Rabal. Todo un éxito entre nosotros, doy fe de que las dotes como compositor del Raba, hoy Paquito han ido en aumento y ahí tiene y yo guardo algunas de ellas, escritas un buen puñado de canciones.

Unos meses más tarde para agosto la canción se había convertido en nuestra guía, con un cartón hice una plantilla que aun anda por casa y habrá que enmarcar y llevar al Archivo de Calamocha para que lo guarden con el lema “Valemos un Montón”  y destrozamos acto seguido un puñado de camisas blancas sanroqueras que aun de vez en cuando en un intento de volver a la insultante juventud de aquellos días nos volvemos a poner. El movimiento Ultra Rabal resultaba en apariencia imparable, pero nuestros grafitis siempre fueron efímeros, dibujados con tizas del instituto. Fuimos, ya lo he dicho, unos chicos buenos.

 

CAPITULO VII

Camino del Peirón

Canción

Litros de alcohol corren por mis venas mujer,
no tengo problemas de amor
lo que me pasa es que estoy loco por privar
No te preocupes mas por mí,
voy a dejar esta ciudad,
ya no te voy a perseguir

(Hormigón, mujeres y alcohol. Ramoncin)

Nos esperaba el rio las Monjas y más allá el Rabal a cola de las carrozas y charanga las fiestas dejaban el vacío y casi el silencio, lleno el suelo de confeti, vino y plástico, la fiesta parecía pasar de largo camino del Peirón y su oportuno nuevo jarbe mientras le ponían el cachirulo a San Roque sin más protocolo que el de echar un par de nudos, momento que solía pasarnos claramente desapercibido, pero bueno, estaba claro que alguien se lo ponía porque bien podía verse el resto del año. Todo eran caras conocidas nuevas y viejas, pero ninguna a mi alrededor o casi ninguna se correspondía con las que me habían acompañado hasta ese instante y así iba a ser ya prácticamente el resto de los días, un constante ir y venir, quedar y esperar, y este donde esta, y donde la echamos, y venga que no llegamos, a cáscala con todo.

Y como yo otra mucha gente pasaba por allí Pedro y Arturo sin ir más lejos, semi dios este último capaz de estar en todas partes o casi, el eterno primo de Jose y su hermano que pasaba más tiempo en el Barrio que en su casa. Arremangaos por los tobillos salían del rio con las maripis llenas de zanago enredados en la Peña del impronunciable nombre y por cuyo significado mejor no preguntar el Bobodroño o similar se habían perdido el chupinazo, aquella mítica y benemérita paidera a orillas del romano, agujero en el tiempo era su madriguera, y como el que canta su mal espanta allí estábamos de nuevo poniendo el grito del Rabal en el cielo. Menuda foto.

A la altura del Chato los deje, cuestión de prioridades y me encontré con Mayte mientras todo el mundo se dirigía irremediablemente hacia el Santo Cristo al paso que llevaban podía parecer que tardarían días en volver, pero en un par de horas la charanga aparecía de nuevo y ponía punto final al chupinazo allí mismo donde seguía sentado. Al Rabal en busca del submarino que cargado de borrachos, todos de Calamocha bajaba por la calle Real.

Había quedado con la novia, que más daba ya la cuadrilla, donde estuvieran, la marcha que llevara. Allí me quede hasta la hora de cenar, el anochecer, en que subimos a la Peña a dar cuenta de los bocatas tras alguna que otra botella de champan.

Momento en el cual invariablemente las fiestas de San Roque de cada año entran en otra dimensión, la de la confusión.

CAPITULO VIII

Gorilas en la niebla

En algún lugar de Calamocha y en algún momento de aquellas últimas fiestas de San Roque que pasamos juntos en aquel agosto del año ochenta y pico

Canción

Te mataré con mis zapatos de claqué
Te asfixiaré con mi malla de ballet
Te ahorcaré con mi smoking
Y morirás mientras se ríe el disc-jokey
Y bailaré sobre tu tumba

(Bailaré sobre tu tumba. Siniestro Total)

Quien diga que recuerda lo que paso un San Roque cualquiera. El ultimo sin ir más lejos tan solo unos días después de haber acabado a buen seguro miente. Resulta casi del todo imposible, da igual lo que hayas bebido o dejado de beber. Suceden tantas cosas, te encuentras con tanta gente, vas a tantos y tantos sitos. De modo que todo cuanto estoy recordando no ocurrió necesariamente en el orden en el cual lo escribo, ni siquiera el mismo año, pero seamos sinceros después de tanto tiempo carece de importancia. En su conjunto conformarían el San Roque tal vez ideal. Aquel que nos hubiera gustado vivir de principio a fin, aquel que sin duda vivimos y no nos dimos cuenta en su momento. ¡Ojalá todos los días fuesen San Roque!

Resulta evidente que de no ser por momentos como este que llega a continuación no estaría ahora recordando y escribiendo, añorando aquellos instantes irrecuperables en su realidad que bien valen una eternidad y que sucedían en medio de ese puñado de horas mal contadas que duran las fiestas cuando eres joven y no atiendes a otra cosa que no sea lo puramente festivo, el punto canalla, dejando a un lado lo religioso, esos años en los que eres incapaz de diferenciar San Roque de San Cristóbal y te da lo mismo arre que so, pasa allá o güesque.

-       No sé quién andaba buscándote a ti y a tu hermano José. Dijo una voz en medio del follón mientras sonaba el Chupinazo y las carrozas de las Reinas se ponían en marcha hacia las Monjas.

La mayor de todas las putadas para José y Miguel Ángel se debió hacer realidad la tarde del catorce de agosto de aquel año ochenta y pico en medio del Chupinazo con los camiones amenazando en la puerta de la granja para cargar los pollos, ese mismo día o tal vez el quince, si una putada del quince ahora lo recuerdo, el día la Virgen les toco tirar de pollos hasta arriba de cerveza, arrastrando una borrachera tras otra, sin dormir, sin cazar ni media perdiz, sin comerse una rosca ni ellos ni nadie porque las fiestas no estaban para eso si no para derramar litros y litros de cerveza de día y de noche tras el mogollón.

-       A ver cabrones hijos de la gran puta, de quien ha sido la idea de cenar hoy, y por qué en la Peña y no en el Peirón, y sobre todo, de quien cojones ha sido la idea de encargar unos pollos. Yo es que os capo a todos, maricones, de que vais, os parece poco que llevo todas las fiestas con los pollos a cuestas para ahora sentarme a cenar un cabrón de estos que igual ayer mismo subí al camión.

-       Anda come y calla que vas a enfermar, esta noche empalmamos y nos vamos a las vaquillas, radete esos huesos antes de que vengan los de Zaragoza

-       Alucina vecina que si no fuera por estos momentos y los que pasamos en la cama. Medio alguno

-       No me hables de sueño ni de los de la capital, todas noches acaban aquí, he tenido que esconder cuatro cajas de cerveza porque nos dejan sin nada. Habrá que ir a por más, pena no haberle hecho caso a Capote y Francisquin y haber llenado la Sava. Y ese puto pollo de quien es por qué las cosas como son están de putisima madre

-       De Galle

-       Y donde esta esté tío, ¿y Luco? subían delante de nosotros. Oye que espabilen que con el papeo no se juega, traerlo que me lo jalo. Que se la pique un pollo al tío este.

El catorce a la hora de cenar volvimos a la Peña eternamente sedientos con hambre y con prisa por salir corriendo de nuevo hacia la plaza de la iglesia y sus conciertos previo paso por el Peirón y su café. 

Cada día al ponerse el sol era el momento y dado que éramos una cuadrilla de tíos, tanto de comentar lo obvio en torno a si os habéis fijado en tal o cual y lo buena que se ha puesto, si habéis visto a la rubia o la morena esta o la otra que va en tal peña, siempre había también de por medio alguna de Madrid, claramente inalcanzable para alguien de pueblo como nosotros, cosas de hombres, como hora era de hacer recuento de bajas y dar novedades, invariablemente todos los días era lo mismo, había uno con caguetas, otro echando la pota, uno sin voz, otro que no paraba de cantar, el cojo, el medio manco, el desparecido, mientras otro con el que nadie contaba aparecía, rumores, cotilleos, se dice, se comenta y unos cuantos a los que el hielo y el frio de las bebidas les había sentado fatal. Borrachos reconocidos asombrosamente ni uno. Y por supuesto el que había perdido la faja y el cachirulo, y hasta la decencia.

Se accedía a los conciertos de la plaza a través del callejón de los muertos en sentido contrario al que estos siempre llevaron, valiente ironía. La calle Mayor era un hervidero de gente cualquier día de fiesta, porque todos había concierto y todos eran buenos. No nos perdimos ni uno, nos dejábamos llevar y llego un momento en el que ni mirábamos el programa ni preguntábamos meses antes quien iba a venir a la plaza para las fiestas, nos daba igual, sabíamos que sería lo mejor del momento y de haber durado los ochenta hasta finales de los noventa por allí habría pasado todo el universo musical de la movida aquella que han comenzado tanto a negar su existencia como su valor. Definitivamente cualquier tiempo pasado fue algo más que pasado fue mejor.  Entrabas llegabas a pie de escenario y podías darte el gustazo de poder contar que allí viste actuar bajo la luz de la luna a Los Rebeldes, Héroes, La Frontera, Gabinete, Los Elegantes, Puturru, y muchos más. Lo mismo que a la misma Pantoja, Manolo Escobar, Mocedades… Y por encima de todos a Los Inhumanos una y otra vez cualquier día del año. Vivamos en una nube y nos íbamos a dormir de madrugada, leña al mono que es de goma, al salir el sol tras pasar el resto de la noche en la verbena del Peirón.


Aquellos maravillosos años estuvieron a punto de acabar con la Peña la Unión. Con el ayuntamiento convertido en un gigante a la hora de cerrar un programa de fiestas tras otro en una sorpresa continua. La Charanga era lo único que le quedaba a la Peña, pues la Banda de Encinacorba que lo mismo servía para el pasodoble en la ofrenda que en los toros amen de tocar como los ángeles el Baile de San Roque, no daba para más. Aquellos genios del ritmo y el compás que los nostálgicos tanto echamos de menos, también amenizaban verbenas y tenían que descansar. (La general, la bajada a la ermita debería llevar su nombre). Pues bien, aun salía la charanga de noche desde la Unión a buscar el sol en la Rabal y allí que estábamos tras ella camino casa, a coger la chupa y bajarnos al encierro. ¡Oh la Calamocha torera! De aquellos finales de los ochenta.


Nada, ¡tonterías!, aquella obra faraónica de idear un encierro cortar las calles con barreras y puertas y pretender que corriésemos como si hubiésemos nacido todos los calamochinos entre la cuesta de Santo Domingo y la Estafeta allá en Pamplona no resulto. Y fue una pena por que el entorno resultaba ideal. Sin embargo, paradójicamente, desde que el 17 de agosto de 1958 un navarro el Maestro de Tudela Isidro Marin Arnedo inaugurara y tal vez le diese su nombre a la Monumental de Calamocha, los calamochinos dejaron de encorrer las vacas por las calles. Aquel navarro sin querer termino con nuestra afición, nos subimos a las gradas, nos sentamos cómodamente y dijimos, “que corran otros” y así hasta hoy.

Lo dicho: una pena, recuerdo que aún nos dio tiempo a pegar un voltio y pasar por la barra del Peirón donde el bueno de Enric el Fotos estaba pluriempleado de camarero y nos preparó una litrona de leche fría con nescafé. Era la leche el tío, ¡cómo nos cuidaba!, pasábamos muchos ratos charrando con él en el Barrio en aquel estudio de fotografía que monto y no termino de funcionar frente a la barbería de Máximo, por momentos en los ochenta el Barrio parecía convertirse en la milla de oro calamochina o cuando menos en la calle Delicias de Zaragoza. “Pasar y serviros tíos, he recibido dos cajas de revistas, procurar no ensuciarlas” y se reía mientas se peleaba en la puerta con aquella vieja Sanglas de la Guardia Civil que se había comprado “menuda cabrona, ha heredado el carácter de los antiguos dueños y me lleva por la calle la Amargura de putada en putada. Me va la marcha tíos”.

A la altura del Brindis decidimos encomendarnos a Teo y esperar allí la vacas, novillos y mansos que se hacían el remolón más de la cuenta y no terminaban de decidirse a venir, si se habían escapado, si había pinchado el camión, corrían más lo rumores que las reses ¿Qué hacemos? a casa, a cáscala, a dormir, nos jopamos. Tiramos andar cara la plaza confiando en poder salir por la Balsa cuando poco después cuatro o cinco tíos armando una escandalera del copón venían corriendo a alpargata suelta delante de la manada y nos vino justo para subirnos al escenario de la plaza y quedarnos allí aislados en tierra de nadie, como unos náufragos.

Un escenario enorme bajo el cual podían correr las vacas. Enorme como los novillos que conformaban el encierro, descomunales, el primero de ellos colorao ojo de perdiz, alto y abierto de cuerna, bizco del pitón derecho, no se me olvidara en la vida de un salto se plantó en el escenario. Con toda la sinceridad del mundo jamás pasamos tanto miedo ya no hacía falta rogar por que la cuadrilla fuese a permanecer junta pues la cuadrilla iba a morir aquel día mismo de San Roquico a cornada limpia. O recortábamos en el escenario y dios reparta suerte o nos tirábamos a la plaza llena de vacas y más novillos. (Pausa, necesito respirar, solo recordarlo me ahoga)

Si San Roque nos echó la capa o fue San Teo Doro a quien nos habíamos encomendado minutos antes no lo sé, solo recuerdo que desde la puerta de la casa de Gorrión donde habían improvisado una barrera al vernos en tan delicada situación salieron a llamar al novillo y consiguieron hacerlo bajar. El resto del encierro duro una eternidad permanecimos sentados inmóviles en el centro del escenario tratando de no ser vistos, cagaos de miedo hasta que por fin los subieron al camión y se acabó. “Esto no es lo nuestro” concluimos. 

-        Vámonos a la cama ya está bien por hoy quiero ver a San Roque, ¿quién se apunta?. Pregunte. Solo Joaquinito lo hizo.

-        Vamos a echar un trago al Bosque y a sobar. Mirar Gargallo ya se va al huerto: “Eh muchichos, buenos días, habéis echao algún culo esta noche, bien se os ve en la cara que no”

Los toros entre nosotros, amén de algún escarceo con alguna vaca de madrugada en el callejón del coso, en lo sucesivo quedaron relegados a las cinco de la tarde, o las seis hora calamochina en la plaza cara el sol, se terminó el correr ni delante ni detrás, con la bota y la merienda cómodamente sentados en el hormigón a salvo de sustos dispuestos a echar unas risas y muchas broncas cuando la cosa se torcía.


Vimos de toda la mayoría bueno, aunque siempre, más en esta época de constante revisión, tienda a recordarse lo menos bueno. Como por ejemplo que nunca vimos torear al Maestro Antonio Chenel “Antoñete” a pesar de estar anunciado en los carteles cosa que nos hacia una ilusión tremenda poder decirle de todo según se terciase la tarde o romper en aplausos como hicimos con Pablo Hermoso de Mendoza, aunque no saco a Cagancho pero sobre todo aplaudimos a rabiar al joven Padilla recién llegado de su tierra natal en los confines de España quien puso un par de banderillas sentado en una silla en medio de la plaza y yo sin cámara de fotos. Imperdonable.

Con el tiempo voy dándome cuenta de que aquellos días van quedando reducidos a cerveza, cacahuetes y amigos y a los momentos que juntos pasamos sentados en torno a una mesa cualquiera llenos de sueños por cumplir tratando de imaginar que sería de nosotros en el futuro, estudios, trabajo, familia, ¿acabaríamos separándonos?, ¿dónde viviríamos? hablando sin parar y olvidando todo lo demás, con la de cosas que nos debieron suceder de pie yendo sin parar de un sitio a otro bailando en la plaza, tras la charanga o entre las barreras de las vacas. Y todo lo que nos pasado después.

CAPITULO IX

Volveremos a ser un imperio. Epilogo. Castellón entre julio y agosto del año 2020

Canción

Hace mucho tiempo que se acabo
Pero es que hay cosas que nunca se olvidan
Por mucho tiempo que pase
1582 el sol no se ponia en nuestro imperio
Me gusta mucho esa frase
Con los Austrias y con los Borbones
Perdimos nuestras posesiones
Esto tiene que cambiar
Nuestros nietos se merecen que la historia

(El Imperio contraataca. Los Nikis)

Hacia un sol de cojones y perdón por el lenguaje escrito a lo largo de todos estos días sanroqueros. Capítulos de una vida como ya vengo diciendo casi olvidada. Así tal cual recuerdo hablábamos en aquellos días, necesitados de una buena pastilla de jabón en la boca. Un sol de tres pares de cojones lo mismo que el primer día es el que caía aquel último de fiestas cuando suponíamos de vuelta a San Roque, sin verlo ni de cerca ni de lejos, en la ermita y nos disponíamos a comernos la vaca, tal vez aquella que medio mato Parri en el callejón de la plaza cuando la pillo al amanecer. Apurando asi los últimos momentos juntos de tan inolvidables fiestas como aquellas que hoy suspendidas sirven de placido recuerdo.


¡Fai un sol de carallo! Deberíamos saber gallego yo el primero así dicho, así escrito suena tan poético Pero la verdad insoportable era y es que, en Calamocha, en agosto, al raso y a las dos de la tarde, hace un sol de cojones.

-        Me gustaría echarme a la cara a la lumbrera del ayuntamiento a quien se le ha ocurrido traernos a comer la vaca a la Huerta Grande en lugar de al Bosque, la cagaste Burt Lancaster, se creerán que aquello es el Amazonas, que le vamos a pegar fuego, gilipollas. Nos estamos volviendo unos señoritos todo nos molesta, además esto ni es parque ni es nada, y menudo ababol el que ha dispuesto las mesas y los tablones sin darse una vuelta el día de antes para ver donde se la cascaba Lorenzo y donde hay sombra. Sin duda Miguel Angel tenía algo más que razón, aquello era para pensarse si volver o no.

Sentados bajo la presunta sombra de los árboles el sol caprichoso se iba moviendo y a nosotros nos era imposible desplazar semejantes armatostes de mesas y sillas, tablones y tablas. “Tranqui troncos no se va a enfriar la manduca” La Peña había aumentado en tres días considerablemente con la presencia femenina y Andrés fue el penúltimo en llegar sudando la gota gorda con un cántaro de vino pisado por los Chatos fresco y recién sacado de la bodega con el cual íbamos a mitigar semejante calorina, nos hacíamos mayores y nos apetecía comer con un buen caldo. Por supuesto Andrés llego en compañía femenina. “Ya estamos todas dijo, Javier se ha quedado cascando ahora viene, dejarle un hueco y correos para allá putas, y que cojones es esto que no hay sombra, ¡Galle ven de una vez! Este tío es tonto, paga y luego no pone un puto pie o no lo vemos que esa es otra, ¡Javier ven para acá! al fresco”

Recuerdo pasamos toda la calor del mundo y un poco más sin importarnos demasiado y que a escape, es un decir, comimos y nos marchamos porque allí era del todo imposible arrimarte a la sombra, refrescarte en el rio, o tan solo respirar, así que un par de horas o tres después de sentarnos a la mesa apuradas las ultimas gotas del cántaro, ya sin cervezas, terminados todos los melocotones de la cosecha de Calanda con vino por supuesto y aunque el sol ya fuese lo de menos, todos los corrillos hablaban de lo mismo. “Si lo sé no vengo, menuda sofoquina”

-        Bueno tíos, dijo Ignacio el Tololo, os dejo, sintiéndolo mucho, un placer una vez más, habrá que pensar en chapar. O me piro o pierdo el autobús, quiero coger el directo y echarme a sobar hasta Zaragoza a ver si me ligo alguna y acabo bien las fiestas. ¿De la Peña cuanto hay que pagar, tenéis cambio?, venga que tengo prisa así tal cual de blanco y con el petate militar me voy a subir a ver si dando lastima ligo, me iba a ir con el 124 de Rafa pero el cabrón ha ligao con una valenciana y se va a ver el mar, y eso que se la presente yo, cuanto más alto es uno más suerte tiene.

No tardábamos en mandarlo a cáscala a Luco al ver el mismo billete de mil duros de todos los años con el que se ofrecía a última hora a escotar. Otra vez se iba sin pagar un duro cien cervezas después, la bronca, las risas, merecía la pena.

-        Pues nada nenas, ¡hasta luego cocodrilo! agradecida queda una, dios os lo pague con una buena mujer y muchos hijos, nos vemos el 11 de octubre cuando bajéis para el Pilar en los autobuses iré a buscaros para que no se note que sois de pueblo. Y tranquilos, la vaca la pago yo. ¡Que os den mucho y bien”! Y se marchaba y todo terminaba, las fiestas, el verano, todo.

-        Mas te vale que vengas a por mí porque este (Josecico) dice que se va a estudiar a Zaragoza así que en Calamocha solo quedo yo de plantero, ¡hala todo el ganao para mi!, qué barbaridad, dejar que la tías se acerquen a mí, como me voy a poner y el Galletero claro ,aunque con este no se puede hacer cuenta para nada que va y viene y nunca esta, mira ahí esta su silla, y mira ande está el, a la sombra, cómo ha visto que había sol el muy puta no ha venido, ese sí que sabe.

Todos a cáscala de aquí, todos a estudiar, todos fuera y el que se va ya no vuelve porque aquí no hay trabajo, además os vais a estudiar para eso para no volver al pueblo, esto se acaba, no solo las fiestas, pronto estaremos cada uno por su lado, y llegara un día que hasta saludarnos nos costara. Si yo hubiera tenido cabeza para estudiar, y así mira, al acabar el verano otra vez a cambiar de empresa, se terminan las obras, a cascármela en casa, al paro mientras hiele a la empresa más grande de España.

Anda, vámonos todos de aquí ya está bien de hacer el paripé si nos quedamos más nos hacen recoger, vamos a la Peña ahora que los de fuera se han ido y nos echamos la última cerveza y al año que viene dios dirá. Venga Parri, marcando el paso, te veo en la Brunete, tú en cabeza, que los altos en la mili como lo ven todo mejor hacen más guardias que el palo la bandera, lo que vas a pillar chaval, a cáscala de aquí se han acabo las fiestas.

 ¿Y tú Josecico, que vas a estudiar? Para cura.

Me es imposible por el momento recordar nada más con claridad además ya he contado todo cuanto por ahora se puede dejar por escrito, tal vez dentro de unos años continúe. Las ultimas cajas de cerveza fueron vaciándose en los días sucesivos limpiando la Peña y tomando la fresca y les dimos matarile al pie de la torre de la iglesia de Lechago un sábado de fiestas de madrugada antes de volver a casa y acostarnos. José y Miguel Angel querían echar un rosquete antes de salir a cazar. Ya no quedaba nada por hacer ni nos sabían igual las cervezas lejos de San Roque y Calamocha.

-        Vámonos a la piltra, el primo Jorge ¿ande esta?, ¿pero ha venido a las fiestas o no?, ¡hostias! que pronto ha pasado el verano, ni lo he visto, ¡hala a cáscala!, no sé qué leches hacemos aquí ni para que hemos venido, vamos al Rabal a dormir, subir a la Sava, tíos, no vaya a ser que suelten el agua y nos ahoguemos en algo que no se alcohol

-        Joder, si un día hacen un pantano aquí, me corto los huevos

-        Calla Tato, eso no va a pasar. Este Santo Cristo se va a cagar la perra y los Pilares, van a ser la hostia conmigo allí lo pasaremos de ahora en adelante dabuten. “Los del Rabal. Valemos un Montón” Cantar cabrones no me dejéis solo. ¡Venga todos juntos!

Si yo canto es por ti

Es por ti

Es por ti

Aunque digan los demás

Que desafino mucho

Si si si bemol

Si si do sol sol

Si si si bemol

Si si do

Si la si la

Si yo canto es por ti

Es por ti

Es por ti

(Si yo canto. Siniestro Total)

 

Continuará