Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

lunes, 17 de diciembre de 2018

Una imagen de aquel 17 de diciembre de 1963 en Calamocha y mil palabras




Por aquellos días en que llegamos a los 30 bajo cero en el Campo de Aviación de Calamocha, junto al valiente del soldado Tutu, estábamos otros muchos más y hoy quiero recordarlos, el fue como ya te dije el primero que vio lo que marcaba el termómetro en la garita del Campo de Aviación y el primero que la apuntaría donde tuviese mandado. Ya sabes que en el ejercito todo se apunta montones de veces y así lo haría él donde fuese hasta que siguiendo la cadena de mando, de Valencia a donde pertenecíamos finalmente llegase a su destino dentro del ejercito, que cualquiera sabe que seria Madrid, y quedo así registrada en el Boletín del Servicio Meteorológico Nacional del Ejercito del Aire, como ya puede verse, menudo día aquel según se puede leer, - 11 bajo cero de máxima y - 30 bajo cero de mínima, que pasamos en el Campo.

Pero también sucedieron otras muchas cosas en el día a día, no todo fue el frio de aquella noche que durante años olvidamos y que apenas tienen importancia, cosas dignas de recordar. Te cuento.

Había un cabo primero llamado Cano y un sargento, que vivían allí mismo en las casas del campo, que pena da hoy ver todo y yo como subía y bajaba todo los días al pueblo era el chico los recados para ellos, y bajaba las medias de sus mujeres para que en el Rabal, las Mantecas les cogieran los puntos.

Había entre nosotros un civil llamado Sahuquillo y la máxima autoridad era un Brigada, llamado Román Diaz de Greñu quien vivía en la pastelería de Clemente Catalán que era su suegro, allí en la Calle Real y muchas veces pasaba a buscarme por casa y me subía con el en la moto “Serafin, me decía, te voy a cortar el pelo”.

El guarda era Pascual Agudo, que estaba en el radiofaro para emitir la radiofrecuencia y Rafael Alpuente estaba de ayudante y al tanto de que el grupo de electricidad funcionase para cuando en días así de frio y nieve no nos quedábamos sin luz. 

Como chico de los recados también me encargaba de comprar en el pueblo, cada semana en una tienda, ordenes son ordenes, había que repartir, el pan una semana en la Morería en Ateza y otra semana en la otra, y era una barra de pan por persona lo que me hacían comprar, y la carne y todo igual, repartido entre todas tiendas, para tener a todo el mundo contento.

A veces mataba mi madre en casa un conejo o un pollo y yo lo subía y los de Valencia nos hacían paella para todos, y que buena estaba, y para la Virgen de Loreto, patrona de la aviación, menuda fiesta se preparaba, el diez de diciembre con todo el frio se celebraba y se invitaba a los padres de los soldados y subían gente del pueblo a cocinar. Me acuerdo que siempre llamaban a la Tía Marceliana, la madre de Isaías, por que los soldados no estábamos para cocinar ese día, bota va, bota viene.

No se hacían guardias al estilo de otras milis, había unos cuantos Mauser tapados con una manta, pero ni los tocábamos, el mantenimiento del campo lo hacían las ovejas de tío Isidro Corcuera que era quien lo tenia arrendado y se lo comía. Que tiempos tan felices, a pesar del frio.

Antes que yo por allí pasaron Inocencio Casamayor, Paco y José Algas, y otros, y hace unos años nos juntamos todos y nos fuimos a cenar al Fidalgo. Al licenciarme en mi lugar llegaron Tena y Jose Luis Ibáñez del pueblo, y allí hicieron la mili

Luego también recuerdo, que no todo era frio, que va, que nos trajeron un Chevrolet americano, y nos pegábamos por conducirlo, era una pickup una camioneta que circulaba en millas, de gasolina con seis cilindros, y en la que cabíamos todos, bajando del VOR, la pusieron, menos mal que no yo no iba a 120 millas por hora y lógicamente se pegaron una leche de campeonato al enderezar una curva cuando se les fue, pero no les paso nada.

Luego nos mandaban gasolina para los coches y aviones y se guardaba allí en los hangares y compraban la leña en Valencia como si en Calamocha no hubiera, los militares ya se sabe, cumplen ordenes, y era de algarrobo, nos llegaba el camión y luego la subíamos a lo de Lucia para cortarla y poder meterla en la estufa que había en la sala donde teníamos la tele y donde pasábamos las horas, allí nos refugiábamos todo, y el primero que llegaba pillaba sitio, y el que venga detrás pues a estilo tropa, cada uno se jode cuando le toca, por muchos galones que llevase. 

Luego estaba el barracón con las camas, y mantas, allí no había estufa. Y cuando aburridos de todo y sin faena nos entonábamos subíamos a lo alto del faro a cantar. Y los días de nieve, el tío Pascual sacaba el balastro, una tabla de tablear la tierra y sin machos ni nada, los soldados sin conocimiento nos poníamos a tirar para abrir paso y quitar la nieve. 

Y poco más te puedo contar, aquel día la temperatura que se tomo en Calamocha, fue de – 30 grados bajo cero y que hiciese frio no fue noticia, y ahí estaba, en el ejercito se guarda todo, escrita tal y como la vio el Soldado Tutu.

Serafin Catalan 





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