Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

viernes, 6 de enero de 2017

No consta

Se ve que paro un auto en la puerta de aquella casa, ya ves, en esos años, que no había ni aun carreteras, ¡un auto! Casa que si te digo la verdad, no sé, si era un horno, o un molino, ni siquiera recuerdo ya el pueblo, uno de esos de ahí arriba, al lado justo de nosotros, de Calamocha. Hoy cerca, pero entonces lejos.
 
Ha pasado ya tanto tiempo, más de cien años hará de esto. Todos muertos ya. Y ¿Quién tenía auto entonces? Nadie. ¿En qué año dices que nació? En 1915, madre mía.
 
Alguien lo vería, si no de qué. De que te estaría yo contando la historia que ahora estoy recordando, tantas veces sentida, a los abuelos, y a la misma Felisa, y hasta a él, pobrecico, contada por todos con resignación, y como algo hasta maravilloso, como una de esas cosas que pasan, y la suerte que uno tiene de que le pasen a él, por que otros no tuvieron suerte alguna.
 
Paro el auto, frente aquella casa, casi de noche, un día de invierno, alguien los vio, y pudo luego contarlo, pero se fijaron más en el auto, en la novedad, no habrían visto ninguno, en lo otro, poco o nada, tampoco iba con ellos, no les importaba, que hacia allí, a que iba, si se habría perdido o qué, solo podían ser buena gente… A mi ver, apenas estuvo un rato. Lo justo.
 
Contaban, como un hombre muy alto y fuerte, bajo del coche, un mandado bien vestido, el mayordomo de una casa grande, quien fuera, con un niño dormido en brazos, llevándolo como si tal cosa, y un hatillo con algo de ropa, el chofer ni bajo, y si había otra persona más, dentro del coche, nunca se supo, si el señorito, si hombre o mujer, iba o no dentro, padre, madre, abuelo. Nada. El crio, la ropa, y el dinero por delante.
 
Lo dejaron y se fueron por donde vinieron, dicen que alguna vez volvió el coche a lo largo de los pocos años que vivió allí el tío, un huérfano de tantos, uno más, un hijo ilegitimo, como lo quieras llamar, y volvió aquel hombre, el mandao, para dar algún recado y dejar el dinero convenido y asegurarse, y dar parte al amo, de que al zagal, lo estaban criando bien, conforme a lo que se hablase.
 
El tío, cuando allí lo abandonaron, o mejor lo dejaron, llevaba una marca en la espalda, un tatuaje, unas letras, un dibujo, que nadie supo nunca lo que significaba, los abuelos decían que lo habían marcado como a un animal, a fuego, solo de pensarlo aún se me pone la carne de gallina y siento miedo, siempre sentí miedo, con esta parte de la historia. Pero que eso, añadían, el estar marcado, decían los abuelos, también significaba, que había detrás alguien, que lo quería y mucho, y que solo así podría reconocerlo y decirle quien era, cosa que pensamos, nunca paso … Asi vivió, tal vez pensando, que un día se presentaría alguien, quien fuera, hombre o mujer y le diría, soy tu padre, o tu madre, o lo que fuese, y por eso llevas en la espalda, escritas mis iniciales.
 
Vamos aquello, nunca paso, nunca supo de su familia de sangre, aun lo engañaban, pienso yo, diciéndole que llevaba los mismo apellidos y aun el mismo nombre que el padre. Echa a buscar, vete a saber por qué lo llamaron, como lo llamaron…
 
Si algo quieres que no se sepa, no lo cuentes… pues eso, nunca se supo. Su nombre era una marca y nunca nadie la reconoció como suya. Y su nombre verdadero y apellidos, los que el llevo, unos cualquiera.
 
Nadie deja un crio, un recién nacido en una casa así porque sí, pero él nunca supo por qué llego hasta allí, ni de dónde vino, solo tu tío, ya muerto también, su yerno, se interesó algo por todo esto, y en ningún lado encontró nada, ni allá donde decía su carné que había nacido, una capital como otra cualquiera, y del pueblo ese que me cuentas, el que dices tiene apuntado en que nació, jamás sentí nada…
 
Sus padres, los que le criaron, si acaso sabían algo, nunca se lo dirían, agradecidos al dinero que llegaba, considera no iban a saberlo, o cuando menos algo, por poco que fuese, y quienes lo entregaron tampoco hicieron nada por verlo, aunque nunca lo dejaron solo. O eso, nos parece aún hoy.
 
Siempre, tuvo un angel de la guarda, o ángela… Cosas que pasan, aquello, entraba dentro de la normalidad de esos años, y el tío, siempre pensó en salir para adelante, y ni lo preguntaría, porque ya sabía la repuesta. Entonces no se le daban tantas vueltas a las cosas, y era mejor así.
 
A los catorce años se marchó de aquella casa, y del pueblo, aunque no fue exactamente así, no tenía donde ir, así que hizo, lo que bien le mandaron, los padres que le criaron eran mayores, y volvió de vez en cuando, agradecido siempre a aquel pueblo aunque volvió poco, porque luego en la vida todo se torció, si acaso, se juntaban aquí para San Roque, con los parientes, con los que se había criado, unos muertos, otros que se marchaban, aquellos años, como aquel que dice, de nada más acabar la guerra… por ahí están las fotos, no se decirte de nadie, no conozco a ninguno, pero si, tu bien lo sabes, que al tío, lo educaron aquellos padres, como a la mejor persona del mundo, siempre alegre, dispuesto a todo, tranquilo y trabajador.
 
El mayordomo que traía el dinero, el que daba vuelta, quien fuese, un día les dijo que le preparasen la maleta y que se subiese al tren, camino de Toledo para ingresar en la Academia Militar. Su familia de sangre, seria militar, si no de que, lo iban a mandar allí tan lejos, para ser militar, y tan joven,  con apenas catorce años, y tal y como estaba la cosa.
 
Y después de un tiempo allí, el que fuese, y bien joven salió militar, entonces, lo destinaron a Valencia, vete a saber también por qué lo llevaron tan lejos de casa, en lugar de a Zaragoza, alguna razón habría, el caso es que termino, o empezó allí, en la capital del Reino, donde conoció a la Tía Felisa, que ya llevaba allí unos años, y enseguida se entendieron. Los domingos, las fiestas de guardar, la gente de la comarca, se reunía en casa de unos o de otros, donde fuese, y allí acudían todos, las unas que estaban sirviendo, los otros en la mili, otros allí ya trabajando y viviendo, …y hacían baile, fiesta, y el tío iría con los de su pueblo y allí estaba la Felisa…
 
Tal para cual, los dos estaban en las mismas, huérfanos, y solos, o casi, la Felisa, llevaba unos años ya viviendo en Valencia con sus hermanos, ella la mayor, los otros pequeños, pasando penas y calamidades, ellos solos, dándose vida como podían, desde que en Torrijo muriera su madre y su padre, aquel hijo de puta, que decía tu abuela, el carbón más grande que jamás haya parido madre, se desentendiese de todos ellos. 
 
Bien sabia tu abuela, de que hablaba y lo que decia, porque, aunque parezca mentira era su hermano mayor, aquel a quien el cuerpo le pedía jarana y ninguna obligación, aun no sé, como, en una de aquellas, entre unos y otros de la familia, no lo mataron, cuando, les llevo un hijo a cada hermana, por no molestar a sus padres, vamos, que no tuvo lo que hay que tener, y les dijo que se iba de ronda, a buscar mujer y no le esperasen… Con razón la Felisa, jamás quiso volver a Torrijo, se fue, y jamás de los jamases, puso un pie en el pueblo donde nació. Jamás.
 

Se casaron en el 36, a finales de año, cuando la guerra no había hecho si no empezar, y a ellos, por estar en Valencia, les toco hacerla de parte de la república, él como militar, estaba a lo que le mandaban, y se ve, que por esas fechas lo movilizaron, lo destinaron al frente, lo mandaron a la guerra así que tenían que salir de Valencia, al menos el tío, pero la Felisa ni corta ni perezosa, y con más cojones que nadie, ella siempre fue así, ojala toda la familia hubiésemos sido, como ella, ¿a dónde podríamos haber llegado?, vete a saber, ella pensó en casarse y se fue con él, se querían con locura, y a pesar de la guerra, la vida seguía, como lo más normal del mundo, y allá donde fue el tío en la guerra, estuvo ella, siempre lo pudo acompañar, estaba destinado en la retaguardia, en intendencia, y por lo que fuera, aun estando en el frente, podían los mandos llevar a sus mujeres, el tío era Sargento. Quien sea, siempre le busco un buen destino.
 
Y en cualquier lugar de España que te puedas imaginar, bueno, tú también oíste las historias que contaba la tía, estuvieron los dos mano a mano, sin hacer mal a nadie y pensando en salir para adelante y que todo acabase cuanto antes, sin parar de hacer amigos en uno y otro lado, porque la guerra ni iba con ellos, ni casi con nadie…
 
Así fue como vivió en la casa de Manolete en Córdoba, eso que nos contó, ya casi al final, lo de las cartas que se escribían y todo eso, y los días de Guadalajara y por aquí por Teruel y Alfambra, y vete a saber dónde más, y conforme la cosa se acaba, y se ponía fea, los mandaron de vuelta a Valencia, ya como Teniente desde el 38, aquello se veía, que iba a terminar, mal para todos, y en especial para ellos, perdedores, y además militares. Menuda luna de miel, se pegaron, tres años dando la vuelta a España, haciendo un montón de amigos de todos los colores, y en todos lados. Ya nos escribiremos, ya nos veremos… así se despedían de todos
 
Así que pensaron, para que engañarse, cuando ya todo acabo, tendrían que irse de España, que aquí no los querían, aunque en realidad no hubieran hecho nada, bueno, ni ellos, ni ninguno, luchar en la guerra donde les toco y hacer lo que les mandaron…como todos. Los parientes de Barcelona, ya se sabían, cruzaron a Francia, y ellos en cuanto pudieran harían lo mismo o se subirían a un barco, y adonde los llevasen allí irían.
 
El tío andaría preso o vigilado, al acabar la guerra, al terminar todo, lo estaban pasando mal, a la espera de ver ande la echaban, o les dejaban echarla. Cuando un día…
 
Alguien lo mando buscar, lo reclamo, y lo llevaron donde fuese, un militar, un mandamás, vete a saber quién, otro mandado más en su vida que le pregunto lo normal, en aquellos casos, si era republicano, si era rojo, si quería marcharse, si quería quedarse…En resumidas cuentas, ver de qué pie cojeaba y que marchaba llevaba, para decirle que desde ese mismo instante era libre para hacer lo que quisiese, por órdenes de arriba, nadie lo iba a tocar.
 
 Su angel de la guarda, había aparecido, lo había reclamado y había dado el recado de no tocarlo, así que podía marcharse si quería fuera de España y donde quisiese, ellos lo arreglarían todo, o podía quedarse e igualmente le arreglarían todo, de nada le faltaría, con la sola condición de abandonar el ejército, si decidida quedarse en España.
 
Y aquel mismo día, se fue a casa, ya como civil, dejo de ser militar, y tal y como le dijeron, se ocuparon de todo, y de nuevo, un mandado, fue a buscarlo y lo llevo a a una carpintería, a una fábrica de muebles, donde trabajaría hasta prácticamente el mismo día en que murió, tratando de alcanzar la jubilación y poder descansar. Nunca les falto de nada, siempre estuvieron muy bien relacionados, conocían a todos los que mandaban, militares y civiles, vivieron bien, pero era como si al tio le faltase algo, su mundo, estar rodeado de militares, … los cuarteles, los compañeros, que tuvieron mejor suerte, lo abandono su familia al nacer, el ejército al llegar la paz.
 
Murió cuanto tu tenías diez años, aún te acordaras de todo y en especial de, él y la Felisa, cuando venían ya a última hora con el coche, cuando por fin, pudo sacarse el carne, comprar el auto y conducir, era su sueño…aquel Renault Gordini tan feo y que a él le parecía un Mercedes, y siempre se estropeaba antes de llegar a Calamocha.
 
 Aquella vez en Monreal, otra también y aquella ultima en el cementerio mismo de Torrijo, habrá que entrar al pueblo a pedir ayuda a la familia le decía el tío, para provocarla, antes me tiro a la vía o al rio, que vuelvo a Torrijo, ya parara alguien y nos ayudara. Eran otros tiempos, y la gente paraba y ayudaba… Así que nos decían, iremos tal día, madrugaremos y a comer a Calamocha... Y llegaban a cenar... Aquella primera vez que vino con el coche, os subió a vosotros y al abuelo y os fuisteis a Santa Bárbara, nada, que no llegasteis, porque casi se quema, a mitad camino, os toco volver…era su sueño.
 
Murió de cáncer, al poco de San José, en el año 78, con esa manía que parece tener dios, de llevarse primero a los mejores, como te digo, tu tenías 10 años, por eso lo recuerdo, pobre, fue casi el primero en marcharse, con poco más de sesenta años…
 
La historia no acaba aquí, bien lo sabes, ni tampoco acabara hoy, ni acabo con tu otro tío, con su yerno, al buscar su partida de nacimiento, su rastro… no consta nada, no hay libro alguno en el que aparezca, ni sabemos si estará bautizado, luego se le metió en la cabeza a tu otro tío, si en realidad nació ahí arriba o no, no sé de donde se sacó que nació en ese otro pueblo, hablaría con alguno de donde lo criaron, pero si nadie lo sabía, ni nunca sentí tal cosa… Menos aun iba a saberlo un cualquiera de aquel pueblo. Eso fue ya a lo último, los veranos, cuando le dio por hacer el árbol genealógico de la familia y ver que con la suya no acababa y con la del tío, no podía ni empezar.
 
Bien recordaras todo lo que paso después, una vez muerto, en aquellos años, cuando en la tele se empezaba a sentir, que iban a reconocer a todos los militares, fueran del bando que fueran, a los heridos de guerra, a las viudas… y todo aquello.
 
Llego un día, que la Felisa, decidió salir de casa, madre mía con lo que a ella le costaba moverse, más cuando se trataba de algo suyo, porque si era por hacer un favor a los demás, le faltaba tiempo para remover lo que fuese menester con todas esas amistades que tenían hasta conseguirlo. Lo daba todo. Pero para ella...
 
Por fin un día, ya sabes la tía, siempre estaba en contra de todo, y más de los que gobernaban, nunca le parecía nada bien, con todos congeniaba, pero de nadie se fiaba,…Siempre pensaba que las cosas se podían hacer mejor.
 
Entre la familia siempre se comentó con tristeza, que eso de que la republica perdiese la guerra, estando ella de su parte, resulto inexplicable. El caso es, y termino ya, que ella se presentó donde fuese, allá en Valencia, a reclamar lo suyo. Y la sorpresa que se llevó, fue grande, una más, aunque también es verdad, cualquier cosa se podía esperar después de la vida que habían llevado.
 
Vinieron a decirle, que no tuviera tanta prisa, que esperase a que su marido muriese, para reclamar la pensión, y que de paso, volviese mañana con su marido para reclamar primero la jubilación militar que le correspondía… La Felisa, todo lo que escucho aquel día, que no fue poco, siempre trato de explicarlo como pudo, en no pocas palabras, de la mejor manera posible y sin exaltarse demasiado, a saber:
 
El tío estaba vivo, y seguía perteneciendo al ejército, a efectos de la llamada administración, toda su vida había sido militar, y es más, vivía. Su familia de sangre, su angel de la guarda, la marca en la espalda, que siempre había velado por él, lo hizo hasta el final,… En realidad, no lo echaron del ejército, … para que llegado el día del retiro, tuviese su paga…
 
La faena, en adelante, fue suya, tuvo que demostrar que el tío, estaba muerto, y el tío era  alguien que ni siquiera constaba que había nacido. Años se le fueron a la pobre, en lograr la partida de defunción, de alguien que había vivido sin haber nacido… no consta, le decía, no consta… ni padre, ni madre, ni lugar de nacimiento. Al final, le reconocieron como viuda de militar, y vuelta a empezar otra vez, pásmate, como Cabo Primero…. ¿Por dios, pero si era Teniente en el 38?
 
La cosa iba para largo, y ya para entonces decidimos poner el teléfono en casa aprovechando que llegaban a Calamocha los teléfonos automáticos y aquello parecía no tener fin, hasta ese día, llamaba los sábados al medio día a casa de Mariano y la Piedad. Se nos iban las horas en el teléfono.


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