Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

martes, 1 de marzo de 2016

De los Peribáñez de Luco

Saludo
BIEN  maño, entendido, ya me dirás en que puedo ayudar. Esta tarde te conoceré.
Primos
LOS dos nacimos en Luco, catorce años me lleva, él es quien manda, a mí me falta uno para los ochenta, así que echa la cuenta, y sabrás los años que tiene. ¡Y como manda ¡ te has dado cuenta?, manda y ordena. Yo a su lado, nunca mandare, el lleva la voz cantante, como debe ser, para eso, no solo es el mayor, sino que además, él lleva el apellido de la familia en primer lugar, y yo en segundo. Con eso, está todo dicho.
Por qué no nos ven hablar, dicen que no nos queremos (JA Labordeta)
LA vida da más vueltas que manda dios, mira donde estamos hoy, en Torrero, parecemos tontos, pensamos que nunca nos va a tocar, y no es así, pasan los años, y la familia va y viene, se junta y se separa, y al final, los que quedan se buscan. Y eso nos vino a pasar a nosotros después de años y años.
Entonces, cuando no había de nada, ni coches ni perras, a cualquier hora íbamos andando de un pueblo a otro a ver a la familia, luego llegaron, los coches, los trenes los autobuses, y con las prisas, dejamos de ir a ver a la familia.
Unos nos venimos a la capital, otros se quedaron en el pueblo y entonces, nos mandábamos recuerdos con unos y con otros, y cada uno vivía por su lado, cada vez nos veíamos menos, pero siempre que había ocasión,  preguntábamos y se mandaban recados, y por obligación, como esta de ahora, nos juntábamos en alguna ocasión…
El caso, es que no, por no hablarnos dejamos de querernos, y como primos, a lo que quisimos darnos cuenta, vimos que se nos había ido la vida. Y así llego ese día, en que alguien te dice, oye sabes que tu primo está en Zaragoza, y donde, en tal sitio, hombre, vecinos somos.
Desde aquel momento, años ya, en que me entere y lo busque, hemos estado juntos. Y él manda.
Guiñote.
SI llego tarde a la partida, me pone a caer de un burro, si llego antes y me ve sentado con unos o con otros, me llama y me dice, hoy jugamos con aquellos, y nos vamos a la otra punta del hogar, a esos déjalos me dice, y a los otros también, vamos a por aquellos, y no hay más que hablar…
Se juega con quien él dice, que para eso manda, y todos quieren jugar con nosotros, por ver si nos ganan, todos nos tienen ganas, pero no hay quien nos gane, somos los mejores. A mí se me escapa alguna carta de vez en cuando, y me dice de todo, o de casi todo, solo le falta decirme que no valgo ni para cuidar ovejas, y entonces lo provoco y le digo, ya está el Cabo de Gastadores, el tío del bigote, que al fin y al cabo es el primer recuerdo que tengo de él, al verlo llegar de la mili, allá en Luco en la puerta de casa. Aún guardo una foto suya en la que echa más bulto el bigote que él… pero a él, jamás le he visto echar la carta que no toca, aún tiene que ser la primera, vamos en arrastre y es capaz de decir que juego lleva cada uno. Es el mejor. Si nos jugáramos las perras seria otra cosa, nadie se nos acercaría, pero por un café con leche y un botellín de agua, tú me dirás.
De esas cosas que de pequeño se te quedan en la cabeza.
La una
UNA de ellas el respeto, cuatro años, entre el final de la guerra y lo que vino después, se pegó en la mili, matando hormigas con las botas en los Pirineos, se los recorrió todos de arriba abajo y vuelta a empezar, igual hiciese frio que calor. Así que no le digas de ir de excursión a los Pirineos.
Y al volver a casa, yo un crio, al verlo, me pareció un tío enorme, con ese bigote que se había dejado, y ese poco más de metro y medio que siempre midió, y aun mide. Y alguien cercano a casa, le pregunto, ¿cazaste muchos maquis?, y el tranquilo, ni se inmuto, simplemente dijo: ¿y para qué?, y el otro no supo que decirle. Dandole a entender, que todos somos lo mismo, que un día estamos aquí y el otro allá, y que quien más pierde, es quien se va, quien nos deja. Como hoy.
Y la otra, que hace dos.
SERIA que quien siembra recoge, y tal cosa ocurrió el día de su boda, cuando se casó con la más guapa y flamenca de Navarrete. Catorce años tenía yo, y otros catorce que me lleva, a esa edad se casó.
La primera vez que salí de Luco, fue ese día, y salí para ir a Navarrete, a la boda del primo, madrugamos toda la familia y en cuadrilla echamos andar, para llegar a la misa, ¡qué tiempos!  Y al acabar y salir de la iglesia, ocurrió, esa otra cosa, que por lo que sea, se me quedo grabada, y como era costumbre, antes de comer, los recién casados, dieron la vuelta al pueblo acompañados de los joteros, unos con la guitarra, otros con la bandurria y los cantadores de la familia, a casa de unos y de otros, de los parientes y amigos. En fin, a cantar y pasarlo bien.
Cuidado con cómo eran las jotas antes, que te echaban una canta en la puerta de casa y te colgaban el San Benito y la faena era tuya para quitártelo, no habido pocas riñas los días de ronda ni nada… Conque cuando su suegro dijo que le iba a echar una canta, yo que era un crio, lo primero que pensé, por lo que había oído contar, yo y todos, todos pensamos lo mismo, a ver que canta este hombre, aquí en su pueblo delante de medio Luco, a ver que le canta, si comemos aquí, todos como amigos, o salimos a palos.
Mira, se hizo el silencio, vamos que se podía cortar con un cuchillo, un tío, su suegro, como cuatro veces el yerno, todo serio, y dispuesto a cantar, las familias que se miran, y a ver que va a pasar aquí, porque según lo que cante, esto se acaba y nos volvemos a Luco, no andando si no corriendo, así que el hombre se preparó y cantó:
Si algún día en la calle me encuentras
No pases sin hablarme
Que el amor que te tengo es tan grande
Que la vida podría costarme
(Cantada aquel día por Fabián Grange, de quien ya nadie en la familia recordaba cantase jotas)
Mira, aquello fue, de lo mejor que he vivido, acabo de cantar y todo era aplaudir y abrazarse los unos y los otros, y yo que era muy poca cosa y un cobarde, de pronto comprendí cuanto nos querían en ese pueblo, gracias a él, se me paso el miedo de repente, y aprendí, que cuando uno es buena gente no debe temer nada, y de eso que piensas, yo de mayor, quiero ser como mi primo, que haya donde va, tiene todas las puertas abiertas, y él lo consiguió, ya entonces, siendo el primero para trabajar, el primero para ayudar, y siendo noble, muy noble… No me sé más jotas.
Y tú de Calamocha
PUES yo de Luco, no vamos a entrar en quien es mejor que quien, a los de Calamocha se les da la razón y punto. Allí hace más frio que en mi pueblo, y no hay nada más que hablar, pero en cambio no tenéis cerezas, y yo prefiero las cerezas al frio.
Un año que subimos a llenar los bidones de gasoil en el remolque del tractor, a la altura del Salobral, casi nos volvemos, muertos de frio llegamos pero muertos de verdad, aunque en un velatorio este mal decirlo, no he pasado más frio en mi vida, bueno, sí, hubo un día en que aun pase más frio, pues antes de que Calamocha llegase a los treinta bajo cero, el record del frio, lo teníamos en Luco.



Cuando Luco era el pueblo más frio de España
HACIA muchismo frio dentro y fuera de casa, y entrada la noche, nos fuimos a la cama, al piso de arriba de la casa, en el de abajo todo bien cerrado y el hogar encendido, y en el de arriba del todo, en el granero hasta los topes de paja para no dejar entrar el frio.
Y al cabo de rato sentimos que mi madre empieza a chillarnos, y venga levantaros todos, esta noche morimos todos, no os quedéis dormiros, agarrar las mantas y todos al hogar, a mi madre le parecía y a todos como luego supimos, que aquello era el fin del mundo. La pobre estaba fuera de sí, no fue persona hasta un par de días después, tenía miedo a dormirse y morirse de frio sin darse cuenta, … nos hizo bajar al hogar, echar más leña y pasar allí la noche junto al fuego, vestidos y con mantas por encima en un duerme vela que se hizo eterno, … en todas casas se veía el hogar encendido, el humo, aquel día en Luco, luego se vio, no hubo nadie que durmiera en la cama.
Mi madre todas las noches, se subía a la cama con un tazón de leche con algo de café, y allí antes de acostarse se lo bebía, y aquella noche, como siempre se subió con la taza la dejo en la mesilla, se acostó y a lo que fue a echar mano, no se lo pudo beber, se había helado en un instante. Aquello le impresiono de tal manera, que comenzó a gritar fuera de sí, que nos despertásemos, que nos abrigáramos y bajáramos todos al hogar, y sobre todo que nos moviésemos y no nos quedásemos dormidos, porque si nos dormíamos, moriríamos todos.
Al final, pasamos la noche, todos allí juntos al lado del fuego, y a lo que empezó a verse la luz de la calle y el sol, y la gente empezó a moverse y salir a la calle, vimos que todos contaban lo mismo, y en eso, que alguien cayo en la cuenta, y pensó en ir a la puerta de la iglesia, donde estaba el único termómetro que había en el pueblo, y allí que fuimos todos.
Era de día, con sol, y marcaba 28 grados bajo cero. No le dimos más importancia de la que tenía, allí se quedó el mercurio parado, ya ni subió ni bajo, allí murió.
De vuelta a casa, a mi madre no le dijimos nada, igual le daba ocho que ochenta, a ella se le había helado el tazón caliente y no necesitaba saber más, eso no le había pasado nunca, aún estaba fuera de sí, y aun tardo en volver a ser persona, de hecho aquel día, en casa cocinamos los hombres. Pobre mujer, casi se muere de miedo la noche más fría que acertamos a vivir.
De la tele y el periódico.
COMO no había de nada y de lo poco había mucho, nadie se enteró, de la temperatura de aquella noche, no es como ahora que te enteras de todo, quieras o no quieras, siempre miras el periódico o la tele por ver si sale algo de Luco, y te enteras de las cosas.
Estos años, han hecho muchas cosas allí, y hace cuatro días, salió en todos los sitios, lo del carnaval, los zarragones. Te han de gustar los carnavales, y a mí, la verdad no me iban mucho, a mi hermano en cambio sí, y mucho, él se vestía de diablo, con una tela de saco, la cara pintada con un corcho, un sombrero, y las tijeras de podar los árboles en la mano, daba miedo, y en la boca con una patata pelada, se hacía unos dientes la mordía y parecía, que se yo… Pero luego dejo de celebrase, a Franco no le iban esas fiestas, y tampoco es que la cosa después de la guerra estuviese animada para ninguno. Todo vuelve.

Volver
ME guastaría volver, si quiera por unos días, todos los veranos hasta el final, pero en el pueblo ya no queda nada, ni aún casi nadie, volver y abrir la casa, dar vuelta, sentarme en donde teníamos el hogar, quitarle el polvo a los retratos de la familia y santos que aún están colgados, ver las fotos que allí guardo, y recordar, no necesito tele, con ver las fotos tengo bastante, una y otra vez las veo, y me vienen a la cabeza las historias que guardan.
Volver al pueblo y encontrarme con unos y con otros, con los pocos que ya vamos quedando, charrar con todos, ya todos son amigos, el tiempo todo lo cura, estamos aquí de paso,  pasear, seguir el camino del rio a la Virgen del Rosario, llegar al Amazonas, el rio, donde deje la chopera y la di por perdida, cuando decidí no vender la madera. Me acordaba de lo que paso en la familia la última vez que la vendimos, y nos engañaron, nunca hemos sabido el precio de las cosas, siempre hemos trabajado por lo que nos han dado y nos ha parecido bien. Pero a veces las cosas, pasan de claro a oscuro.
Ya habrán muerto los chopos, y si no, morirán conmigo, decidí que sería así y así será cuando nos toque, no venderé, lo mismo que los cerezos de la viña, en mala hora arranque las cepas, debí también dejarlas morir conmigo. Casi me costó la vida, ver un día de paso, la viña mal labrada, los ribazos emparejados, y los cerezos destrozados, aun en pie por estar en alto y no llegar el tractor.
Nadie te pide la tierra, y eso que estas deseando darla, la cogen como si fuera suya, y la labran, se creen en el derecho, nada respetan, ya no hay hitas, ya no hay ribazos… yo no quiero dinero, quien necesite la tierra, ahí la tiene, la labre, pero la respete. No hay nada peor, y a todos nos ha pasado, a nosotros a los dos, ver lo que fue tuyo, de tus padres, de tus abuelos, lo que aún es tuyo, y a ellos tantos horrores les costó,  tratado como si no valiera nada.
Ya solo me quedan las fotos, cuarenta hay, algunas repetidas… en fin, es la cosa así, a nosotros también nos movió el hambre a labrar lo que no era nuestro, pero hoy, todo parece más fácil, y no es el hambre el que tira los ribazos. Es, tú ya sabes lo que es, tú ya me entiendes. Te duele.
Pero como vuelvo ahora al pueblo, yo a Luco y el a Navarrete, como vuelvo yo, solo, yo que vivo para contarla, perdida la familia en el camino, y la poca que queda su vida hecha lejos de todo, como vuelves si ya no conduces, sin tiendas, sin nada a mano, dependiendo en todo de los demás, con miedo, que uno ya tiene a todo, a lo que se encuentre, a lo que te pueda pasar, y a quien llamas, un favor se puede pedir un día, pero no a todas horas, y a quien llamas…si ya el único que te debe algo es que labra lo tuyo.
Adiós
SE está haciendo tarde, no parece que vaya a dejar de llover, se ha estropeado el tiempo, dicen que viene el frio, una pena, con el la temperatura tan buena que hacía, todo en flor.
Tendrás que atender a la gente, mañana nos veremos otra vez, siento no tener con quien ir y no poder acompañaros, hace unos días pase por casa a verlo, ya se veía el final, nació, en una cueva, en un pueblecito de Granada, (Fonelas), y lo vais a llevar a Navarrete, ¡que mejor sitio!, allí estará bien, buena gente, yo no os podre acompañar, me quedare aquí y después de la misa, con la luz del día, daré vuelta de la familia, les llevare unas flores.
¿A qué hora has dicho que es el entierro?

4 comentarios:

Pascual Royo dijo...

Cada día me sorprendes mas con tus "narraciones". Salud.

Jesus Lechon dijo...

Mil gracias Don Pascual, hablar, escuchar, contar... recordar. Nos queda tanto por aprender.

Recuerdos

Chabier dijo...

Es como estar oyendo hablar a nuestros abuelos. Directo. No sobra una palabra. Ni falta. Enhorabuena, Jesús.

Jesus Lechon dijo...

Muchas gracias Chabier, el saber hablar, el saber escuchar,... y el vivir para contarlo.

RECUERDOS