Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

miércoles, 1 de julio de 2015

El Artista. De Joaquín Carbonell.

Don Joaquín, saludos desde Castellón, por fin, compré y leí su libro. A continuación, lo que de todo ello resultó. 

Recuerdos y un abrazo.

JESUS

El Artista de Joaquín Carbonell. 

EL LIBRO


SUBIMOS a Zaragoza, pasada Semana Santa y allí en el Coso, en una bocacalle, compre por fin el libro. Tras buscar sin éxito la estantería de Grandes Autores Aragoneses de todos los tiempos, me rendí, y acabe preguntando:

Quiero El Artista de Carbonell, el último que ha escrito Antón Castro, y el de Sergio del Molino en el cual cuenta los recuerdos de su abuelo.

El librero, atento recorrió en un suspiro los estantes y dejo sobre el mostrador, dos de los tres. Falta El Artista. Le dije con cierta desilusión, realmente era el único que me apetecía leer ya.

Oh si, ese lo tengo aquí mismo, no se me olvida, ahora se lo acerco. Se retiró tras el mostrador, a una especie de bodeguilla, lejos de los ojos escudriñadores de los curiosos, como yo, movió un par de cajas, lo saco, le paso la manga por el lomo, casi lo acaricio y lo dejo con sumo cuidado sobre el mostrador.

Virgen del Pilar, pensé yo, que no daba crédito a lo visto, no sabía que Carbonell estuviese prohibido en Aragón y El Artista fuese un incunable.

 ¿Pero quién gobierna aquí?. La falta de confianza no me dejo preguntar, me quede con las ganas, los libreros son gente muy seria… inmediatamente pensé, voy a tirar 19 euros, los tendrá ahí para devolver, ha debido ser un fracaso monumental.

En fin, salí de la tienda pensando que me llevaba un libro maldito, si Carbonell no vende en Zaragoza, donde va a vender en Castellón. Diome aquello que pensar, tan ese así, que aún sigo tratando de averiguar que pasó.



Un artista en la familia. 

RECUERDO



Y en qué familia no habido un artista, la mía no es ninguna excepción, hubo al menos uno, hace muchos años, en la Barcelona de antes de la guerra. El Tío Blas, quien salió huyendo de Torrijo, de los barrenos y los picos, no, en Torrijo, ahí entre Calamocha y Monreal, no había minas, su padre hacia pozos, de ahi los picos y los barrenos.

Instalado en Barcelona, la familia siempre recordó, que dada su buena planta, sus casi dos metros, lo buen mozo que era, su enorme don de gentes, guapo y flamenco a mas no poder,… se dejó seducir por el mundo de la farándula, comenzando como modelo, tocando el violín, queriendo llegar a ser, ni más ni menos que como el gran Rodolfo Valentino, quien en comparación con él, la verdad, era poca cosa.

Lo recuerdo cantando cuplés, jotas, recitando versos de aquellos años allá por los veranos de los ochenta cuando venía a dar vuelta de la familia, hablando de viejas películas y revistas,… Durante años busque su rastro, su nombre, alguna foto, algo, que sirviese para poder decir, el Tío Blas fue artista y salió en…

Desistí, quedo la ilusión, el pensar, algún día lo veré en youtube, en alguna vieja película, subida de tono, quien sabe, algún día…La familia recordaba de él muchas cosas, y entre ellas, que fue artista. Pero.

Hace algún tiempo, hablando, recordando con quien al fin y al cabo vivió junto a él allá en Toulouse, si, mi Tío Blas, era anarquista, lo tenía todo para triunfar, comentó que aquello de ser artista, en realidad no era así, que no hubo nada vaya,…que sí, que cada vez iba hacerse una foto, para mandarla a la familia, el fotógrafo le tiraba los tejos, y le recordaba que debía buscar un trabajo en el mundo de la farándula, dejase las patillas largas, el éxito vendría solo, como al mismo Valentino… Ve aquí, le dijo un dia, bailes, orquestas, teatros, necesitan gente. Y allí que se fue.

Hizo la mili, voluntario en caballería en Barcelona, para salir del pueblo e irse bien lejos, no habia mejor lugar, no hacia cuenta de volver, lo suyo eran los animales, los caballos, la ciudad… y allí su planta y buen hacer hicieron el resto, tenía amigos en todos los sitios, y los oficiales y señoritos lo llevaban a todas las partes, así que acabada la mili, le buscaron un trabajo en el club de hípica de Barcelona, .. y allí, lo que faltaba, de cuadra en cuadra, por las mañanas daba buena cuenta de las mujeres de toda esa gente, y por la tarde alternaba con militares y demás, si confiaban en él, si lo querían, que llego a tener un barco, un yate, anclado en el puerto de Barcelona durante la guerra a su disposición, al cual iban a pasar muchos fines de semana durante la guerra. Hasta llevado por la desesperación pensó un buen día soltar amarras y marcharser al Uruguay.

Si, que una vez, ciertamente, tanto lo rondaron, tan dispuesto estaba a todo, que se presentó a donde fuese, que necesitaban gente, siguiendo las recomendaciones del fotógrafo,  recordaba mi tía, que nada más verlo lo contrataron, era una orquesta de baile, y el torrijano debia tocar y rondar de mesa en mesa, .. Ni siquiera les importo que no supiese tocar el violín.

El Tio Blas, era la responsabilidad absoluta, y salió de allí contratado, uno de tantos trabajos y entretenimientos que tenía, salió y se fue directo a comprar un violín, y se puso aprender. No le dio tiempo, empezó el jaleo y lo empeño para poder comer, cuando ya los gatos de los tejados de Barcelona se acabaron. Vamos, no fue artista, aunque a la familia le hubiese gustado que lo fuera, y como tal lo recordaba.

El Arista de Chuaquin Carbonell

LECTURA


Y por fin, entre tanto recuerdo, encuentras el momento, abres el libro y comienzas a leer,  al cabo de una docena de páginas, lo cierras.

Suele pasar, a veces hay libros que te gustan y te dices a ti mismo, o lo leo poco a poco, disfrutando, o lo devoro sin más. Se ha de optar por la primera opción, al menos en mi caso, por beberlo a sorbos y saborearlo. Uno no se encuentra todos los días con un libro escrito en blanco y negro, ni menos aún que te traiga recuerdos, te haga soñar, te distraiga con todo aquello que pudo pasar, o simplemente pasó.

No tardo en pensar, tendré que volver a ver Viridiana, y unos días después, avanzada la lectura, caigo rendido en el sofá, como imagino le pasa al señor Carbonell, cuando llega la noche, noches que antes eran de farra y ahora son de televisión en blanco y negro, y entre tanto mando echo mano del disco duro que hay pegado a la tele, cansado la noche me confunde y salen los créditos de El Angel Exterminador, Viridiana tendrá que esperar.

Ya puede cantar misa, que a buen seguro no se llamaba Antuan sino Chuaquin, aquel que huyo de los brazos de las suecas, como antes de la mina, en busca de la ternura de Silvia Pinal. De modo que de principio a fin, todo lo contado en el libro resulta tan verdad como la vida misma, tan cierto como claro es el final de Viridiana, fruto tal vez de un hermanamiento México, Francia, Aragón, por parte de Antuan, pillado por Buñuel con las manos en la rubia y los pies en la gabacha … encuentro que tal vez en el libro no este contado, como aquellos detalles omitidos de la canción del gorila, unos por pudor, y otros por prohibición materna.

La historia en sí, resulta entrañable, el pobre Antuan tiene una suerte inmensa, vamos, que para ser un chico que no quiere picar piedra en un pueblo perdido de Teruel, lo tiene todo, o casi, o no tiene nada, ya no lo recuerdo, igual, el libro, cual película de Buñuel hay que volver a leerlo. Ha retozado con suecas, inglesas, francesas, lo cual para un chico de Teruel no esta nada mal, dormido en suma con media Europa en la playa, servido y alternado con la otra media Europa en el hotel como camarero, … no pica, no pasa ni frio ni calor, pero los hay que no tienen remedio, y un buen día se marcha a Madrid, la criatura que no quería picar, ahora quiere ser artista.

Los amantes nocturnos de Buñuel estamos de enhorabuena, el libro es una delicia, imaginar el rodaje, sus tejemanejes, sus inevitables noches de farra, el gran Paco Rabal, el no menos triste que Antuan, Fernando Rey, el cine, las pensiones,… los Dominguines, la fauna de la corte y la gran señora, a todas luces inalcanzable, Ava Gadner, a lo igual que aquellos grandes coches americanos del momento, se ve pero no se toca.

Se me olvidaba también está el partido, de los dos que hay, que en realidad son el mismo, el que cae a mano izquierda. ¿Pero le gustara la novela a quien Buñuel, ni fu ni fa, lo mismo que  el cine en blanco y negro?. A mi no me importa, y si al editor no le importó, no vamos a preocuparnos, a perder el sueño por quien se ha jugado los cuartos con tan gran osadía. Quizás por eso no sea una trilogía, una pena, una de tantas. Pobre Antuan, convertirse en actor, de una película de monjas, pobres y en blanco y negro, y para terminar de rematarlo, que jamás se verá en su pueblo, ¿Quién va a ir a verla?, ni el mismo, que mala suerte.

A pesar de todo, lees y lees con la esperanza de muchas cosas, pero sobre todo de ver a Buñuel como personaje,… y de pronto ves, que ha terminado el rodaje, la película ha triunfado, pero bueno, eso ya lo sabíamos, y te das cuenta de que adiós muy buenas, aun siendo ateo por su gracia, Buñuel se va y quedan unas cuantas páginas, ¿y ahora qué? Como no vuelva aparecer el de Calanda se antoja un final agónico. No queda otra, hay que seguir leyendo.

Es entonces cuando ya sin remedio empiezas a creerte la historia, efectivamente Antuan, se convierte en artista, hace sus cosas, se encama de vez en cuando, cuanto puede y con quien puede, empieza a leer todo lo que cae en sus manos y a frecuentar sin querer, el ambiente, antifranquista, se deja llevar el es un chico bueno, anarquista, no comunista, no un rojo cualquiera. El libro, todo hay que decirlo, la historia, se vuelve gris y empieza a pesarme, no me lo puedo creer, el bueno de Chuaquin justificándose, a través de Antuan, como el paradigma de la lucha por la libertad,… pero este qué Madrid es, pero había algún fascista en aquellos años,… ¿por qué todos cuando recuerdan, recuerdan lo contrario de lo que vivieron o hicieron?. Debe ser cosa de la edad, siempre contaron que los cabaretes de Madrid en aquellos años, hacían tres turnos, siempre era de noche.

Sin embargo, es el pobre Antuan, el que chochea, por decirlo de algún modo, fruto de la edad, no el autor de la novela, que algún día llegara a ser Artista, hará grandes turnes, llenara estadios, escribirá trilogías. Amen. El final, resulta magnifico, la vida misma, cuando uno ha vivido para contarla y ha habido alguien dispuesto a escuchar.

Ya se sabe, los de la farándula, son todos iguales, comunistas, anarquistas, fascistas todos, unos progres que mienten más que hablan, da lo mismo, actúen, canten o escriban. No son de fiar

En fin, recuerdos, acabo ya, a lo igual que he acabado de poner “Shimmy Doll" de Ashley Beaumont como tono de móvil.

Recuerdos, gracias, desde Castellón. 

4 de mayo de 2015

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