Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

viernes, 17 de abril de 2015

La habitación donde nací.


Tiene su gracia, no estaba previsto que naciera en Calamocha, pero yo quise nacer allí. Tuve esa suerte, pude elegir y elegí Calamocha. Te cuento.

Mis padres en la toma de Teruel, como republicanos, salieron evacuados hacia Valencia, o sea que cuándo acabó la contienda, naturalmente, mi madre solo quería ver a su familia.


Ella paso la guerra con mi padre y su familia en Teruel donde decidieron que no se iban a separar pasase lo que pasase como hacían otras familias. Mi abuela paterna se portó de maravilla con mi madre y mis tías también, allí se casaron por lo civil y después vino lo que vino. En fin, nada más acabar la guerra, mi madre cogió un tren de la época y allá que llegamos al pueblo, a Calamocha.

Mi madre joven como era no quería parar y también quería ver a su hermana Isabel que estaba en Cuencabuena, y otra vez agarro, maleta en mano y preñada apunto de parir y tomo el camino de la estación nueva, pero quiso el destino que  entrara a despedirse de las tías Lacruz que vivían junto al Santo Cristo y hasta ahí llego la Manola, mi madre, ellas que la vieron, no le dejaron dar un paso más, con toda la razón del mundo.



Aquella noche, de vuelta al Peirón, en casa de mi querida Tía Exaltación debí decir ahora o nunca, y me puse en marcha, a las dos llegue llorando de alegría por ver la luz en Calamocha.

Entonces me cogió la Tía Paca, y dijo, se llamara Pilar, a nadie pregunto, era la cosa asi, la madre nunca ponía el nombre, siempre era la madrina o algún familiar cercano, el que te llevaba a bautizar y ponía el nombre. Pilar.

Cuentan que paso todo el pueblo a visitarnos, siempre me contaron que pasaron hasta las mujeres de los Guardias Civiles a vernos y que me todas me hicieron muchos jerséis, las civilas cariñosamente decían aquello de “esta rojilla, esta rojilla guapa que ha venido a nacer aquí”.

Cuando vino mi padre a conocerme a Calamocha, se cabreo, primero por no ser un chico como el quería, y luego el nombre no le gusto nada, el quería Manolita como mi madre, pero ya era tarde y el no pintaba nada allí. La cuestión la zanjo, una vez calmado con las siguientes palabras ante mi madre:  “Pues es bien fea”.

Así durante toda su vida, entre tu abuela y yo, hubo una cierta complicidad  un cariño muy muy especial siempre recuerdo que cuando iba a su casa me enseñaba la habitación donde nací aquel  17 de abril de 1939, dos semanas después de acabar la guerra.


 “La chica de la bicicleta que quiso ser piloto” 



De los Años de la Cazalla. Nacer en Calamocha