Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

lunes, 4 de agosto de 2014

Calamocha. Del Rosario, el frio y el silencio a Nuestra Señora de la Asunción.



Llega, una nueva ocasión para salir todos de casa, pasear, juntarnos con unos y reencontrarnos con otros,  allá en la Plaza de España, será el próximo domingo día 10 de agosto, a la hora de jarve, al caer la tarde, al ponerse el sol por Santa Bárbara a eso de las ocho y media. 


El motivo casi es lo de menos, la Ofrenda Rosario a Nuestra Señora de la Asunción, en el año internacional de los pueblos pequeños, con Caminreal como invitado.  Una nueva ocasión para salir, saludarnos, charrar. Además bajara, la familia de Caminreal, no sé puede pedir más.


Se pretende el silencio como definición de la Semana Santa Calamochina, se pide silencio para que los Dichos se puedan más que oír, sentir, se pide silencio cuando habla el Mantenedor y proclaman a la Reina, y se pide silencio en otras muchas ocasiones… silencio, silencio. Pedir lo obvio, resulta una sandez. 


Pero a Calamocha le cuesta guardar silencio, no es que no quiera, tal vez no sepa o no pueda. ¿Son diferentes en otros lugares?, no especialmente, pero bueno, son otros pueblos, y siendo un poco egoístas, allá ellos. Bien es cierto, que aquí en la costa puedes pasear cualquier día del año, hacerlo por la calle más transitada, y a penas oír nada. La gente, vive en la calle todos los días  del año, viéndose continuamente,  apenas tiene nada que contarse, todo parece, lo tiene ya hablado.


En cambio, nosotros, no lo olvidemos, buena parte de lo que somos se lo debemos al frio, de eso no hay duda, quizás el que no sepamos guardar silencio sea consecuencia de eso precisamente, del frio, por lo tanto parece no tener remedio, otra explicación no le encuentro.


 Por qué si no íbamos a charrar sin parar en cuanto regala, y el tiempo nos deja salir de casa a la calle y juntarnos con unos y con otros. Los pocos ratos, cada vez menos, que nos encontramos con alguien hay que aprovecharlos, y hablar como si no fuéramos a volver a vernos, como si fuese a llegar un invierno de los antes.


Para colmo de males, cada vez pisamos menos la calle, se esta tan bien en casa, y no nos falta de nada, ni aun a la fresca sacamos la silla, de modo, que el murmullo calamochino, en Semana Santa, en San Roque, en cualquier ocasión, creo sinceramente,  no hará si no ir irremediablemente en aumento, cada vez que haya un acto, cada vez que uno u otro se junte con el vecino de enfrente en la calle Real, en lugar de la acera del portal, barriendo la calle, lejos de casa, haremos corro, agarraremos capazo, tendremos más y más cosas que contarnos y gente que ver:


“Pero maña que vida lleváis, no se os ve niña, menos mal que sentimos la puerta de la cochera si no pensaríamos que os habría pasado algo, … ¿te has enterado de lo de la hija de la Tía…? espera mira quien viene por allí, ella nos contara, calla, calla…déjame acabar, luego cuentas tu”

2 comentarios:

Jesús Blasco Lopez dijo...

Hablar es un vehiculo saludable y recomendable para que la gente se entienda. Muchos males de nuestro tiempo se solucionarían hablando.

Pero el silencio tambien pide su espacio. Es terapéutico y saludable.

Y nos toca a nosotros saber armonizar para cada cosa, el tiempo y el momento.

JESUS dijo...

A veces tras una largo y no menos acalorado careo a la fresca o en el tajo, los abuelos concluían “en fin, lo que hablamos comunicamos”, resignados pues no todo parece pueda resolverse hablando, no a corto plazo al menos, añadían, “con ignorantes no se puede discutir, a dios gracias el tiempo todo lo cura”.

Ellos si que sabian de lo que hablaban y de entenderse

Recuerdos y silencio