Recuerdos de Calamocha

Recuerdos de Calamocha

jueves, 5 de noviembre de 2009

Ave que vuela...

“Ave que vuela a la cazuela, a fuego lento y con un poco de cebolla, que no es menester más, y ya hay comida o cena, depende de cuando te lo comas.

Tú tráeme cualquier cosa que vuele que me la comeré, aunque vuele de noche.

Lo mismo si quieres puedes traerme un cordero, que yo ya le pondré un par de caracoles, de eso no hace falta que busques, y comeremos caracoles con cordero, que no todo has de ponerlo tú”.

Así habla Gargallo.


Recuerdo que un día Jose Luis cazo en el corral un par de aguiluchos despistados, gavilanes, que se habían caído del nido y como no sabia que hacer con ellos, enseguida pensó en Gargallo y este no tardo en cocinarlos con cebolla.

“Si que estaban buenos, si”.

Y recuerdo un año haciendo leña de los sargatillos del riachuelo acercose por allí medio perdido un cazador valenciano lamentándose de tan largo viaje, para tan poca caza.

Gargallo, cortesía de anfitrión obligaba, entablo conversación y le señalo unos chopos cercanos llenos de grajos, tordos, picazazos, cuervos, yo que sé, de todo imaginable que había entonces por aquellos lares.

Pero buen hombre, eso no se puede comer.
¿Cómo que no?, con cebolla, como todo que vuela.
Pero yo no me voy a comer eso, seria una lástima.
Pero yo si.
Entonces si pego cuatro tiros, va a recoger lo que caiga
Si “maño”, así pegues cuatro escopetazos como una docena, yo todo que caiga lo echare al saco, y si sale algún topo del susto también me lo llevare.
Pues voy para allá buen hombre.
Venga ve, así cuando te vuelvas al Reino no podrás decir que no has pegado ni un tiro, ni que no has cazado nada.

El cazador se alejo prudencialmente, se aposto, y descargo la escopeta. De modo que nos llevamos a casa un par de sacos llenos, había de todo, menos topos.

Receta: Pichones con Cebolla

Digamos que lo habitual era comer los pichones con cebolla y en ello estamos, aunque como hay gente para todo, haya a quien eso de comerse las palomas…

Demos por hecho que ya tenemos los pichones matados y pelados, esta vez nada de fotos, para que nadie se sienta herido.

Los partimos por la mitad

Ponemos la sopera en el fuego.

Ponemos aceite.
Adelante con los pichones.

Cortamos cebolla en trocitos pequeños y a la cazuela

Unos dientes de ajo

Una hoja de laurel

Unos granos de pimienta

Una chorreada de vinagre

Una tacita de agua

Y dejamos que se haga con calma, vigilando que no nos quedemos sin caldo.

Lo dicho vale para cualquier cosa que vuele, vuele de día o de noche.

En breve cocinaremos, “Arroz de Topo”.

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